La artista onubense Pirámida transforma una etapa de rupturas en un disco ('Sink or Swim') que combina voz, imagen y experimentación sonora
Como un movimiento de placas: el mapa con el que Rocío Fernández Acosta iba recorriendo su camino cambió de forma abrupta e inesperada. La tierra bajo sus pies se desmoronó. «Este disco nace de varias rupturas: sentimentales, laborales, etc.», explica cantante y productora onubense, conocida artísticamente como Pirámida. No fue un gesto calculado: sino una reacción natural. Para encontrar un nuevo camino —artístico, personal—, Pirámida fue tejiendo poco a poco un relato sonoro y visual de este proceso de cambio [un nuevo mapa].
Un camino que ha dibujado en su último disco, ‘Sink or Swim’ en el que ella, como un cisne, ha decidido aprender a nadar en vez de hundirse. La idiosincrasia de Huelva, una ciudad periférica e industrial y, a la vez, rodeada de naturaleza, tiene su reflejo en el proceso creativo de Pirámida y, a su vez, en este «refugio emocional» donde se crean esos nexos de convivencia para que la voz y la imagen tengan el mismo protagonismo que el resto de elementos sonoros.
¿Cómo está tras la salida del disco? Aparentemente, da la sensación de que ha sido un camino largo.
Ha sido como un parto. Ahora mismo estoy un poquito más tranquila. La reacción de la gente ha sido guay, la acogida está siendo buena. A ver, estoy tranquila: los artistas underground, la escena en general, suele ser más tranquila en ese sentido. Pero bien, ahora estoy centrada preparando el directo. Lo cual es otro proceso creativo distinto. También tengo también otros proyectos paralelos… Estoy un poco en el ahora, haciendo muchas otras cosas. Pero bien, bien. La verdad que estoy contenta.
En esos cinco años también he hecho un EP con Luca Volkov, me cogieron para el sound design de la marca Sevilla… He estado en proyectos musicales, pero quizás no eran tan personales. Tenía ya muchas ganas de centrarme en mi disco. También en hacer algo más personal.
En este disco la voz tiene mucha más presencia. ¿Ha sido premeditado?
Todo esto nace en un momento en que yo he tenido muchos cambios personales, todos ellos bastante intensos. La música aparece un poco para sostener todo eso que me estaba moviendo. Estuve trabajando durante 18 años en una empresa y de repente dejé de trabajar ahí. Así que he tenido mucho tiempo para viajar, para hacer otras cosas. Los viajes, y todo ese proceso, han sido parte fundamental de este disco.
Al estar viajando escribía mucho, grababa muchas notas de grabaciones, de sonidos, de ambientes, y muchos vídeos. Estas han canciones han surgido de la necesidad de expresarlo con la voz. Siempre he utilizado mi voz mucho para hacer atmósferas, coros, eso siempre ha sido un poco mi sello. Aquí me he lanzado un poco más porque he sentido que tenía esa necesidad de decir un poco más.
Pirámida: «Estas han canciones han surgido de la necesidad de expresarlo con la voz»
Qué diferencia artística hay entre tu primer LP y este, y cómo ha influido tu transformación personal en ese proceso.
‘Vapour’, mi primer trabajo, fue un poco atropellado, en el sentido de ir tirando para adelante con cualquier cosa que iba surgiendo. Surgía algo, decidía y para adelante. Aquí está todo un poquito más calculado. Creo que el proyecto está mucho más cerrado, todo tiene un sentido y está más calculado. Es verdad que el primer disco fueron nueve canciones. En este son catorce. He tenido tiempo para componer más. Quizás se me ha ido un poco de las manos [risas]. Pero creo que es también un poquito más maduro. En el primer disco yo trabajé mucho desde lo que me había pasado y en este he creado desde lo que me estaba pasando. La honestidad está ahí, más presente, más palpable.
Hay también una evolución sonora. ¿Qué referentes musicales o artísticos te acompañaron para construir ese relato?
No hay una influencia directa. Mis referencias son las que siempre me han acompañado, ese sonido UK, además de The Cure, Radiohead, Sigur Rós… Grupos que tienen en común esa melancolía y que son, quizás, un poco depresivos [risas]. A la hora de componer no suelo tirar de una referencia. De hecho, respecto a lo que escucho ahora, no me veo reflejada en ninguna de ellas. Pero sí que, pensándolo, quizás está el sentimiento. Ese poso. Ahora mismo quizás estoy con grupos como Salem, o de ese estilo, que no los identifico con mi música. Pero entiendo que nos une ese hilo melancólico, de oscuridad, pero con un puntito bonito.
Entonces, ¿el tuyo es un proceso creativo más instintivo?
Sí, porque además vino de un momento de ruptura. Había pasado 18 años trabajando en una oficina y, de repente, mi vida cambió. Tengo una hija, además, que también cumplía 18 años en ese momento y venía además de una ruptura sentimental. En ese punto, dije: hostia, se me ha roto todo lo que tenía montado. Para mí fue un punto de inflexión. De forma natural empecé a grabar cosas, a escribir… Todo empieza por ahí. Fragmentos, notas de voz, ideas sueltas. Con el tiempo, todo empieza a conectarse. El mío ha sido un proceso de acumulación, más que de construir algo desde cero. De repente, todo iba enlazándose y cogiendo forma, pero con un cauce muy natural.
¿Cómo es llevar adelante una carrera electrónica desde Huelva y trabajando en paralelo en otros proyectos?
Sí, a veces es difícil. Se podría decir que estoy creando desde la periferia [ríe]. En Huelva no hay escena, no hay una infraestructura. Pero bueno, siempre digo que el estar aquí en Huelva también me obliga a desarrollar un criterio propio. También eso se convierte en una herramienta. Esta es una vida un poquito más calmada, te acostumbras a estar rodeado de naturaleza. Aquí, en un rato, me empiezan a sobrevolar flamencos, ¿sabes? Yo vivo en el centro de Huelva y tengo aquí un patio, pero estoy rodeada de naturaleza y a la vez estamos rodeados de fábricas. Eso te da un contexto que termina reflejado en lo que creas. Quizás a nivel operativo es más difícil. Pienso que, aparte, no deja de ser una música que no es mainstream. Por lo tanto, ya no es solo desde donde realizo esa creación, sino que encima lo que hago también es más complicado de vender, digamos, sin toda esa infraestructura y escena.
¿Cómo ves el momento actual de la escena donde podría moverse tu música? El relevo generacional, los nuevos ciclos, festivales y formatos de la electrónica en Andalucía y España.
Hombre, pienso que esto es lo que tiene que pasar: que lleguen nuevos ciclos, festivales y espacios donde podamos estar. La electrónica es la música de ahora. La gente joven tiene que coger ese relevo, que es lo natural, y tienen que existir estos espacios para que suceda. Sin embargo, lo que me pasa también —y me vengo a la pregunta de atrás— es que a mí me cuesta ubicarme, porque mucha gente dice que mi música es electrónica, pero claro, yo no soy electrónica de club. Lo mío tiene un poco de pop.
Estoy un poco ahí entre los dos mundos, por lo que todavía cuesta aún más: ni se me ubica en el club, ni se me ubica a lo mejor en el pop. Es una música que en España todavía no tiene mucho espacio, pero que poco a poco lo está encontrando. La electrónica no puede ser blanco o negro. Está muy asociada al baile y, aunque en mis directos pueda tener ese espacio, también dejo algo de aire para el pop y otros ambientes.
¿Cómo ha cambiado la percepción del público hacia la electrónica? Actualmente hay muchos grupos que fusionan muchos elementos de la misma con géneros dispares, incluso tradicionales o folclóricos.
La electrónica ya está en todos lados. O sea, es realmente la música del hoy. Esto es como cuando entraron las guitarras eléctricas. Había gente que decía: uy, qué locura, qué ruido, Pero evidentemente, al final, eso viene para quedarse. Pienso que la electrónica está ya en todos los géneros, no hay ni un género prácticamente que no utilice la electrónica. Aparte, es muy accesible para la gente joven, pueden hacerlo en casa, desde el ordenador e incluso el móvil. Es el hoy de la música.
En ese ecosistema entra tu disco, ‘Sink or Swim’. ¿Qué esperas que te traiga este disco? ¿Qué etapa abre en tu carrera?
De entrada tengo muchas ganas de presentarlo. Hice una pequeña preview en Sevilla, pero estoy trabajando con Víctor Candela el tema de las visuales y todo lo que rodea a la performance del directo. Entonces, ahora mismo realmente tengo mucha emoción y muchas ganas de llevarlo al directo. A ver si podemos moverlo un poquito. Mis expectativas son humildes. Quiero decirte: me apetece llevarlo al directo, poder tener ese feedback del público. Así es como se entiende todo el proyecto al completo, en el directo. Porque, además, las visuales van muy unidas a la música, son todo grabaciones personales. De repente se completa el proyecto al ver todas esas imágenes en el escenario. Tengo muchas ganas de poder presentarlo ya.
Entonces, ¿esas grabaciones de tus viajes completan el relato del disco?
Sí. De los viajes, pero también de aquí en casa… son todo grabaciones durante ese proceso. O sea, realmente, en esos años que he estado haciendo el disco. Todo lo que va ahí en las visuales ha sido parte de ese camino. Eso es lo que quiero enseñar. No solo el resultado, sino todo el camino que he recorrido hasta llegar al disco.