La irrupción de Pilu con su EP ‘Oxígeno Falso’: «Lo peor para la creatividad es ponerle reglas».

El universo sonoro de Pilu se expande desde ‘Oxígeno falso’, EP que presentará en Sevilla el próximo 22 de mayo

Pilu Oxígeno Falso EP Concierto Sevilla Conciertos Jerez de la Frontera

El simbolismo no es vacuo, ni gratuitamente performativo. Forma parte de la narrativa. Es la forma de contar mucho con poco. Es su historia, la de Pilu (Pilar fernández Vargas-Machuca, Jerez de la Frontera, 2002) y su nuevo EP ‘Oxígeno Falso’. La imagen habla por sí misma: ahí está ella, atrapada en una caja, sin poder salir. Buscando la luz, tanteando casi a ciegas, para después romper las cuatro paredes y emerger, por fin, a la superficie. [Irrumpir sería más apropiado, de hecho].

La inercia nos lleva a buscar el significado [mirar el dedo y no a la luna], cuando lo importante, de nuevo, es la historia. «Recuerdo que estaba en primaria. Una tarde, sin saber muy bien por qué, cogí papel y un bolígrafo y empecé a tararear algo. Lo apunté y se quedó grabado en la cabeza. Al día siguiente pensé: creo que esto podría ser una canción. Ahí empezó todo, pero me moría de la verguenza, así que guardé aquel papel como un tesoro», rememora la artista jerezana.

Con 24 años —y estudiando Marketing—, Pilu ha seguido toda su vida sumando herramientas a aquel papel y boli. Primero fue una flauta travesera, que pronto cambió por una guitarra. Luego un bajo eléctrico y, después, una MPC (music production center, en inglés). «El problema es que inventaba melodías con la flauta y no podía cantar a la vez, claro, así que les pedí a mis padres una guitarra. Y ellos preguntaron: “¿Por qué quieres cantar?”. Así que les dije que no, que era por la guitarra nada más. Y me la compraron».

La caja levantaba su segunda pared. Pilu tenía unos once años por aquel entonces. Se obsesionó tanto con la guitarra que incluso le salió un quiste en la muñeca «de tanto tiempo que le dedicaba». «Fue un flechazo», confiesa. «La música es lo más reconfortante que existe. No de cara al público, sino a nivel personal». Al principio, tan solo se atrevía con versiones de otros artistas, pero la satisfacción de tocarlas y cantarlas avivaba un poder luminoso, incomprensible e inevitable.

«Lo vivía todo esto de forma muy íntima», reconoce la artista jerezana. «No soy tímida, pero sí reservada. Y con mi música también lo era». Al principio, recuerda, en su entorno se alegraban porque había avanzado mucho tocando la guitarra. No fue hasta el primer curso de la carrera, ya en Sevilla, que Pilu decidió hacerle algunas grietas a la caja. «Fue aquí cuando empecé a contarle a mis amigas que componía canciones. Un día, sin pensarlo demasiado, me grabé un vídeo cantando y lo subí a mis historias. Mi madre me llamó al momento: Niña, ¿esa eres tú cantando? Nunca lo había mostrado. Todo esto me ayudó a entender la música como la entiendo ahora».

Poco a poco, Pilu fue enseñando algunas de sus canciones a sus amigas. Una de ellas, Julia, le dijo que aquello no podía quedarse entre cuatro paredes. Así que ambas buscaron un estudio en Sevilla, aunque «ninguna sabía qué había que hacer ni cómo funcionaba el proceso». De una semana para otra, encontraron estudio y fueron a grabar. «Parece rápido, pero por dentro había sido una transición larguísima», apunta Pilu.

De aquella grabación salieron dos temas, pero solo publicó el primero: ‘Solo yo’, una versión en acústico. «Fue mi primera experiencia en un estudio profesional, mi primera publicación en plataformas. No era por las escuchas, sino por la sensación de haber podido dar el paso. Me di cuenta que llevaba toda mi vida queriendo dedicarme a esto».

Ese poder que crecía dentro pedía alimento para crecer: más instrumentos, más canciones, más sonidos. «Contacté con Sputnik para volver a grabar, hablé con Jordi Gil y gracias a él conocí a mi primer productor, . Fue mi primera vez en un estudio grande». La autofinanciación es limitada, sobre todo en los inicios, y tiene su repercusión en las horas de estudios. «Tenía limitaciones económicas, ese primer EP fue un aprendizaje acelerado: aprender lo que cuesta grabar, lo que implica producir, trabajar con un equipo…».

A raíz de su primer productor, Pilu llegó hasta Pepe Camacho (actualmente en Rocknrolla Producciones). «Entonces, trabajaba en un proyecto con David González Moreira, que me pasó el contacto de Pepe. Gracias a él conseguimos los primeros bolos en Sevilla», explica. «El día que salió aquel primer EP organizamos un concierto en la [extinta] sala Tarifa. Toqué con David a la batería, con Jaime Hortelano y con Paco Jácome (bajista y guitarra, respectivamente)», recuerda la artista jerezana, a la vez que admite que aquella etapa ahora parece algo separado a lo que está viviendo en este momento. «Ni peor, ni mejor: diferente. No sería la misma sin haber vivido esos conciertos con ellos, estoy muy agradecida».

La segunda etapa está marcada por la entrada de Infarto Producciones en esta historia. Y por un golpe de suerte. «Saqué el EP en octubre del 2022. Empecé a investigar sonidos nuevos, ya no íbamos a Sputnik sino a casa de David, donde tiene un home studio. Ahí hicimos dos canciones nuevas. Una de ellas se llama ‘Recogiendo Balas’». Al terminar este tema, Pilu sintió que llegaba a un punto de inflexión por las limitaciones económicas. «Pensé: voy a publicar el tema. Si alguien de alguna discográfica o productora lo escucha y me contacta, genial. Si no, grabaré cuando pueda, aunque sea un hobby».

Clic: enviar. Al principio no ocurrió nada, pero unos días más tarde contactó por TikTok Hugo Fernández de Infarto Producciones. «Me dijo: “Llevo unos meses siguiéndote, me gustan mucho tus temas. Trabajo en esta productora. Nos gustaría charlar contigo sin compromiso, para ver si podemos ayudarte en algo”. Justo lo que estaba esperando… y apareció», dice, con una sonrisa.

Pilu: «Pensé: voy a publicar el tema. Si alguien de alguna discográfica o productora lo escucha y me contacta, genial. Si no, grabaré cuando pueda, aunque sea un hobby»

Las primeras reuniones fueron a distancia. Un día, Jorge González (Vetusta Morla, Infarto Producciones) debía realizar un viaje a Cádiz, así que decidió pasar por Sevilla y quedar con Pilu. «Quedamos en Lagoh. Me hizo dos o tres preguntas muy concretas, mirándome a los ojos: “¿De verdad te quieres dedicar a esto? ¿Te ves dentro de unos años en una furgoneta?». Preguntas que te delatan si no eres sincero. Respondí con honestidad, nos dimos un apretón de manos y hasta hoy».

Al principio, Jorge se ofreció como productor, «pero después me puso en contacto con Carlos Canelada. Me dijo que teníamos la misma edad y que podíamos encajar bien». Según Pilu, Jorge tuvo visión, porque aunque los estilos de ambos no tenían nada que ver, hubo un flechazo musical. «Carlos me decía siempre que no sabíamos cómo iba a ir el EP, ni si volveríamos a trabajar juntos, pero que estaba contento porque habíamos abierto el uno la mente al otro». Él trajo a las canciones de Pilu nuevos sonidos, aunque ella al principio era reacia a sintetizadores, pedales, etc. «Pero pensé, ¿por qué no? Sin Carlos no habría llegado a experimentar en ese momento».

En aquel momento, Carlos todavía no había triunfado con sus Sanguijuelas y Pilu no había terminado de arrancar su carrera. Él producía, ella miraba para aprender. «En aquel momento los dos empezábamos de cero. Ha sido uno de los pilares fundamentales», admite Pilu que, desde entonces, reconoce ser «la mejor amiga de la distorsión», algo que tiene fuerte calado sobre todo en su directo y en las canciones que están por venir.

La trayectoria de Pilu con Infarto Producciones ha sido a fuego lento. Por el camino queda, además, uno de los hitos más importantes de la jerezana: telonear a Amaral en la pasada edición del Pop CAAC. Además de a los propios Sanguijuelas del Guadiana en su doble concierto en la Sala X. Desde ahí, hasta hoy, Pilu ha ido trabajando en sus canciones hasta que el pasado 23 de enero vieron la luz bajo el título de ‘Oxígeno falso’, probablemente la canción más identificativa —sonora y líricamente— de la presencia escénica y de la idiosincrasia artística de la jerezana.

Pilu: «Tenía canciones que me gustaban mucho y quería sacar ya, por impaciencia, pero Jorge me frenó: vamos a esperar. Gracias a Dios que lo hicimos»

«En ningún momento me dijeron firmamos en marzo y salimos en julio, o necesito canciones porque hay que publicar. Todo ha sido impecable por su parte. Primero hubo un proceso de investigación, para encontrar mi sonido. Escuchando temas antiguos, qué referencias tenía», explica Pilu. «Tenía canciones que me gustaban mucho y quería sacar ya, por impaciencia, pero Jorge me frenó: vamos a esperar. Gracias a Dios que lo hicimos, porque así es como salen las cosas bonitas: esperando, teniendo paciencia».

Pilu fue componiendo y poco a poco fue encontrando el concepto del EP. «Nos dimos cuenta de que el aprendizaje iba muy rápido, era la primera vez que me centraba al cien por cien en mi música. El sonido evolucionaba, las composiciones mejoraban. Así que decidimos cerrar el EP con ‘Oxígeno falso’. A partir de ahí, ya con un sonido y una dirección claras, empezamos a pensar en un disco. Sin prisa, sin fechas, con tranquilidad».

Sin duda, no suelen ser tiempos comunes en la industria, pero este ritmo ayudó a Pilu a salir de la caja con más confianza y, sobre todo, con una idea clara de quién era y cómo quería sonar. «Siempre digo que lo peor para la creatividad es ponerle reglas. Hay quien me pregunta si tengo horario para componer y yo digo que no, que todo lo que tenga que ver con la creatividad, cuanto menos reglas tenga, mejor».

La inspiración, en el caso de PIlu, suele trasnochar. «Las mejores canciones las escribo de noche. Me desvelo, me viene una melodía a la cabeza, o caminando por la calla. Casi nunca las hago sentándome a componer. A mí no me funciona, así que agradezco que no haya un plazo concreto. Me dan mucha libertad y yo lo agradezco».

Esa libertad ha alimentado la curiosidad musical de Pilu, cercana a la producción de su EP en manos de Carlos. «Siempre me ha llamado la atención, desde las primeras canciones: quién hacía los arreglos, a quién se le ocurren. Ese verano estuvimos mano a mano. Soy muy preguntona, él ponía un plugin y yo preguntaba para qué servía, por qué lo metía. La curiosidad no se ha calmado, al contrario: ha ido creciendo».

Esta visión de la producción ha expandido el universo sonoro de la artista, que ahora mira sus canciones con una mirada mucho más amplia: «Pero con matices, porque si una canción no es buena, puedes adornarla, pero seguirá sin ser buena. Hay que tener ciudado con mezclar composición y producción. Me da una visión más transversal desde el primer acorde. A veces, componiendo, me imagino que entra una batería saturada, eso me lleva a una letra más agresvia o percutiva, pero intento no pensarlo demasiado».

Distorsión, producción, mezcladas con música que no deja de sonar últimamente en su cabeza: Extremoduro, Los Delinquentes. Si lo que viniera ahora, de repente, fuera más eléctrico, ella no tiene dudas: «Me tiraría a la piscina. Es lo que me está saliendo. No es consciente, no es que ahora quiera sonar más rockera, ni nada. Es autodescubrimiento. Fue Mario Pintor, en su estudio, quien me dijo de probar con el bajo. Descubrí aquel sonido, empecé a pulsar pedales y dije: ostras, qué guay».

Además de esa querencia por la distorsión, Pilu sigue ahondando en sus raíces, donde ha encontrado una nueva forma de mirar al legado de sus paisanos Los Delinquentes: «Me apetece reencontrarme con las expresiones de mi tierra, con el acento. No por nada, sino porque noto que así me expreso mejor. Lo noto en los temas nuevos, cantándolos son los que más siento, porque utilizo palabras más mías».

Esto es significativo ya que tanto Extremoduro como Los Delinquentes comparten en su obra un punto común: un universo linguïstico propio. «Sí, por eso cuando utilizo palabras como ‘barullo’, que es algo que solemos decir por aquí, es igual de válido que decir «mucha gente», pero lo siento más mío. No es cuestión de hacerlo de manera forzada, sino porque quiero que mi expresión sea lo más mía posible. ¿Cuál es la herramienta? Mi propia lengua, mis expresiones».

Todos estos ingredientes dan como resultado un guiso musical en el directo que es intenso, con personalidad, con su poquito de tradición, pero también con su toque de autor. Con banda, o acompañada de una MPC —guitarra y bajo—, Pilu ha ido construyendo poco a poco un set sorprendente y con garra. «Lo más accesible es ir sola, pero la perspectiva es aumentar el número. Quiero ir con Nuria Capote (Masa) a la guitarra, quería contar con esa energía femenina en el proyecto. Aparte, cuento con Pablo Narea, el batería de Arrecí0, que también toca con Restinga y me flipó».

Ese cuidado del acento y de su tierra, de sus expresiones, también se encuentra en la atención y cariño que Pilu pone en la escena sevillana, empapándose de bandas y artistas coetáneos. «Todo ha venido muy marcado por la gente con la que me he juntado. Creo que es la única manera natural de evolucionar: juntarte con gente y empaparte de ellos. Sevilla tiene una escena muy rica, qué menos que aprovecharlo y que apoyarnos entre nosotros». Por eso no es tan solo algo performativo o simbólico: salir de la caja no era el objetivo, sino tan solo el comienzo.

Scroll al inicio