Cotidianeidad, nocturnidad y mucho reverb: así es el primer EP de Vinuetto

Pablo Vinuesa (Cedida: fotografía de Javier Rosa)

El guitarrista Pablo Vinuesa (Sevilla, 1976), conocido en la industria musical por su papel de crítico y comunicador, publica 'lgs', su primer EP, bajo el nombre artístico de Vinuetto. Un trabajo instrumental donde las guitarras transmiten cotidianeidad, nocturnidad y una inquietud creativa que huye de los convencionalismos

Pablo Vinuesa (Sevilla, 1976) lleva años orbitando distintos proyectos, acumulando ideas que nunca terminan de cuajar. Hasta que un día coge su guitarra, la enfucha y le da a grabar  sin pensarlo dos veces. Tiene sentido que ese impulso llegue de alguien que ha pasado media vida entre escenarios, festivales y redacciones: además de crítico en Mondosonoro, Ruta 66 o elDiario.es y currante de la comunicación musical, Vinuesa es un músico de largo recorrido en proyectos como el de Sr. Chinarro o bandas como TENTUDÍA, entre otros. Ahora, bajo el pseudónimo de Vinuetto, publica su primer EP, ‘lgs’ en una efeméride muy especial: su 50 cumpleaños.

Un EP protagonizado por dos guitarras, una reverb orbitando sobre los acordes, un micro al aire y un estado anímico que pedía salir ya. Sin banda, sin dobleces, sin ninguna otra red u acompañamiento más que el de las motillos que pasan bajo un sexto piso del Puerto, el ronroneo de los gatos, el levante y los ecos de un mundo que arde al otro lado de la ventana. Así,  ‘lgs‘ (producido y mezclado por Miguel Otero en Nada Nuevo Grabaciones) se presenta como una suite íntima que recoge esa belleza del atardecer, pero que también habla de la intranquilidad del presente.

¿Cómo estás tras la salida de este primer EP?

Para empezar me están negando la mayor: la gente me dice que no es un EP [ríe]. Desde La Cúpula Música me dijeron que no es un EP, que lo tenían que cambiar a álbum. Para mí es un EP. Miguel Otero también me dice que no es un EP, que es un disco. Pero estoy muy bien. Bastante sorprendido de que a la gente le esté gustando. Las cosas de ser crítico: yo llevo toda la vida siendo crítico, tengo una opinión súper sólida para todas las cosas del mundo, menos para lo que yo hago. No tenía muy claro que a la gente le fuera a gustar o que tuviera sentido. Pero me están diciendo cosas bastante bonitas, la verdad. Estoy muy sorprendido.

¿Cómo nace este proyecto y en qué momento lo planteas para que tenga este formato?

La historia de este proyecto viene de un cierto hartazgo —no enfado, sino hartazgo— de no terminar o de culminar ciertos proyectos. Toco con mucha gente, como Alberto García Trigueros (Tentudía), y siempre ando un poco alrededor de la idea de montar una banda. Siempre hay un proyecto en ciernes que no termina de cristalizar. Entonces, hace como un mes o por ahí, hablando precisamente con David Cordero y con Miguel Otero, que me dicen: «Y tú, ¿cuándo vas a sacar las guitarras esas, tío? Que llevas con las guitarras como un año». Entonces, miro la fecha de la primera maqueta que había grabado con alguno de estos temas y resulta que no era un año, sino dos años y pico desde que las compuse. Ahí fue cuando decidí tirarme a la piscina.

Y decides montarlo en solitario, sin esperar a que salga un proyecto.

Estos temas, en principio, eran para hacerlos con gente. Lo que pasa es que  después de dos años de tocarlos en mi casa y de ir progresivamente metiéndole más reverb, que son colchones que me van acompañando, empiezo a verlos de otra forma. Y ahí, sin más, a mí ya me funcionan. Entonces, si a mí me funcionan, tiro para adelante. Eso lo decidí un sábado y el viernes siguiente los grabé. Todo básicamente en hora y media. A la semana después lo mezcló y lo masterizó Miguel Otero. Y a la siguiente estaba subido a plataformas. El proceso al final son tres semanas redondas, desde que decido sacarlo hasta que lo publico.

Cuando tomo la decisión de grabarlo, ahí sí que me planteé un reto. Porque, entonces, yo tenía un arreglo de saxo que me mandó un colega y que le pasé a Loreto Barcia, que es una chica del Puerto que toca la flauta. Ella me lo mandó de vuelta y quedaba súper bonito. Había otros arreglos de teclados y varias cosas más que al final no han entrado. De hecho, tengo proyectos en mi disco duro en que algunos de estos temas tienen baterías y cosas así. Pero, de pronto, me fui al lado opuesto. Me lo planteé como un reto: voy a grabar solo guitarra. Y si quiero meterle algún arreglo, va a ser de guitarra. Y si puede ser que la canción tenga una sola guitarra, mejor todavía. ¿Tiene sentido que esto funcione como una sola guitarra? Ojalá.

¿Se podría decir que está a medio camino entre el ambient y la canción instrumental? Hay intención de crear una atmósfera, pero la canción tampoco tiene una estructura al uso, se muestra flexible. ¿Todo es intencional?

Pues sí, sí a todo.  A ver, yo no voy a decir que mi EP es ambient porque Cordero me mata [risas]. No es ambient porque yo no me enfoco en los procesos. Los colchones que hay ahí detrás van derivados de lo que toco yo con la guitarra. Par ser justos, toco una guitarra y a la guitarra le meto una reverb demencial y eso va creando unos colchones que se quedan ahí flotando, pero es una cosa un poco random. Yo no me meto en el proceso de tunear esa reverb, de aplicarle efectos. De hecho, es la reverb básica que trae el plugin de guitarra, que es uno de Neural DSP.  Lo que ocurre se que la producción hace que la guitarra se vaya a un terreno más ambiental en el que yo me muevo muy cómodo porque me acompaña. Cuando toco con la reverb en realidad es como si estuviera tocando con una banda, es mi sensación: es como si fueran unos teclados o como si fueran unas cuerdas. Para mí hace ese efecto. 

De todas formas, esto también son cosas de musiquito y de crítico. Yo escucho muchísima música que está en el terreno del ambient, pero que en realidad no es ambient, que es neoclásica. Hay un mogollón de gente que realmente viene de otro rollo. No son ambient en el sentido en el que lo es David Cordero, porque él trabaja con modulares y piensa más en el efecto y en el proceso que en la composición. Lo mío son guitarras que vienen influidas por los noventas y por el rock. Es verdad que suena ambiental y suena muy a banda sonora y tal. Esa sí es un poco una indefinición en la que yo me muevo bastante cómodo, la verdad.

¿Tenías algún referente  a la hora de plantearte el reto? ¿Algún sonido de guitarra en mente o simplemente dejaste fluir el proceso?

Te voy a decir que no, pero no te voy a decir que no como si fuera un arrebato de artistilla que dice «lo mío es único».  De hecho, los títulos de las canciones son chistes y notas en las que tú puedes adivinar las influencias de cada tema: yo no escondo para nada mis influencias. Al contrario. Pero sí es verdad que yo no me he planteado buscar un rollo como el de otro artista, o alguna referencia mía. Por eso es curioso cuando me dicen cosas a las que se parece mi guitarra: hay varias personas que me dicen que recuerda mucho a los Hermanos Gutiérrez. Y no es que lo escuche todos los días, pero, joder, vaya piropo. Me han dicho que, sobre todo ‘4K’ , les recuerda muchísimo a la banda sonora de Last of Us. Ojalá, mi videojuego favorito. Es una banda sonora que he escuchado doscientos millones de veces. Son cosas más casuales a las que no he llegado pensándolo. Me parece divertidísimo. El otro día un colega me dijo que le recuerda a la música del videojuego Outer Wilds, que es probablemente uno de mis videojuegos favoritos. No se me hubiera ocurrido, pero seguro que hay acordes o similitudes, sin darme cuenta.

De hecho, hay un tema de Tentudía, del disco que cumple 13 años ahora, que es de mis favoritos: ‘Antes de que estalle’. Es más blandito, me gusta, hacía años que no lo tocaba. Como siete u ocho años, vamos. Hace unos meses me puse a ver si lo sacaba, porque es muy bonito, y, joder, es que uso los mismos acordes que en uno de los temas que toco en el disco. ¡Me estoy autoplagiando sin darme cuenta! [ríe]

Como músico, como guitarrista, esto supone también abrir un camino estilístico nuevo. Es un ejercicio de minimalismo.

Sí, total. Sí, es verdad. Uno de mis mejores amigos de toda la vida, que me conoce desde siempre, dice que en realidad estos temas se parecen mucho a unas maquetas que yo tenía por ahí en los 2000. Hay un rollo común con esas maquetas porque también las he grabado solo. A mí me flipa el hip hop, me gusta el reggaetón, escucho un mogollón de jazz, mucho. Escucho más música que no se parece a lo que yo hago, que música que se parece. Es verdad que La cabra tira para el monte, a mí lo que más me ha influido son los cores: el hard core y el slow core de principio y mitad de los 90. Y después de ahí el post-rock. Esto significa que cuando toco con gente, sobre todo si hay alguien a la batería, tiendo a embrutecerme. De hecho, si yo montase estos temas en directo con gente, al final terminaría metiéndole el ampli y la lio parla. La cosa es que estas canciones me gustan así.

Tuve una conversación con Cordero y con Otero porque me preguntaron si iba a intentar tocarlo alguna vez en directo. Y claro, tengo la duda: porque por una parte estaría guay llevarlos a algo con banda. Pero claro, eso sería convertirlos en otra cosa que no son. Hay un par de temas más rockeros que se podrían trasladar a un rollo de banda como de manera muy sencilla, pero en otros no tiene tanto sentido.

Es la identidad del proyecto, al fin y al cabo.

No sé, por una parte me siento como limitado a tocar solo, pero también me gusta la idea sabiendo que tiene sentido para el oyente, no solo para mí. De hecho tengo muchos más temas y va a continuar así, voy a seguir grabando cosas solo. Probablemente intente dar algún concierto nada más que con la guitarra. 

¿Cuál es el eje emocional o narrativo que vertebra esta suite, esta selección de canciones? 

Suena un poquito poético, pero es verdad, más que un concepto, detrás de estas canciones hay una emoción. Me decidí a grabarlo en un momento concreto de mi vida donde estaba un poco removido por dentro. Quise aprovechar esa emoción porque sabía que era el momento perfecto para grabarlo. No hay un concepto narrativo como tal, porque no tienen letras y no tengo adónde llevarlas, pero estas guitarras cuentan cosas. En ellas se filtra ese estado anímico y la vida que lo rodea, es decir, este mundo que es muy bonito, pero que también es un auténtico desastre.

A mí el día a día me parece espantoso, estamos viviendo un genocidio en directo, el ascenso de la ultraderecha, la gente está loca con las redes sociales, los jóvenes están completamente jodidos… A mí eso me parece un panorama desolador, pero después veo el atardecer de mi casa y me parece que es precioso, Eso es lo que yo creo que transpiran mis canciones.

El disco transmite cotidianeidad y nocturnidad: se escucha al gato, una moto, el viento, un suspiro. 

Sí, es exactamente lo que dices. Miguel Otero ha subido los volúmenes y le ha dado cuerpo y tal, pero realmente su intención fue fiel a la maqueta que yo grabé. La idea del sonido es la misma: la guitarra conectada al ordenador y lo que suena alrededor. Vivo en el Puerto, en un sexto con vistas preciosas: suena el levante, las motillos, suena el autobús, la ventana hace clon, clon, clon, clon, los gatos trasteando por aquí… Eso forma parte del ambiente. Se me ocurrió la idea de poner un micro al aire donde se cuela todo eso. Me pareció divertido y cuando le mandé las pistas a Miguel le dije que lo podía quitar si no le gustaba, pero qué va, lo ha dejado. De hecho, incluso lo ha potenciado en algunos momentos.

¿Qué tipo de decisiones técnicas has tomado en cuanto al preset de las guitarras, el reverb, etc.?

Mi proceso es sencillísimo. Tengo dos guitarras, tengo una Fender Telecaster americana, una de las series Highway One, de mitad de los 2000, una Telecaster muy bonita, muy clásica. Esa guitarra la tengo enchufada a una tarjeta de sonido y la toco con un plugin Neural DSP. Luego, hace un par de años me compré un plugin que emula el sonido de un amplificador vintage clásico, que es el Tom King Imperial II, es como un sonido parecido al de un Fender Deluxe Reverb, como un ampli de válvulas cristalinos. Entonces tengo la línea de la Telecaster, lo que pasa es que esa línea la grabo dos veces: a una línea le aplico un preset que tiene un sonido clásico de Fender con un poco de reverb y un poco de delay, pero un sonido muy limpio. Y después otro que, partiendo de ese sonido limpio, lleva una reverb que viene en el plugin. La gente que curra en el ambient tiene 18 reverbs digitales: analógicas, por modular y tal y cual. Yo nada. Lo que pasa es que el decay se lo pongo a toda castaña y entoncesse producen estos colchones así súper bestias.

¿Tienes ya nuevas canciones para seguir con el proyecto o una nueva dirección en mente?

No lo tengo del todo claro. Tengo varias ideas, una de ellas sería recuperar algunas canciones que tenía grabadas de la época de Tentudía. Canciones que llevo tocando toda la vida, hay unos acordes que tengo ahí guardados y me gustaría convertiros en algún tema. Y después hay otro tema, que yo compuse en el 98, que se llama Huracán Canastero, que además me pegó emocionalmente y es una cosa que me toca y me gustaría sacar, además de otros dos temas que los tenía en la maqueta pero que no han entrado en el disco. Aunque tengo temas nuevos, que están en la onda, no descarto sacar un EP, o un single con estas dos canciones antiguas, pero con una perspectiva nueva. Son temas a los que les tengo un cariño especial y creo que están muy guays con esta versión de Vinuetto y no desde la visión de una banda. Yo nunca dejo de tocar. 

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