O’Cristo presenta su primer disco, ‘Un cantautor debe morir’: «Vivimos una guerra total por la atención»

‘Un cantautor debe morir’ es el primer álbum del gaditano O’Cristo, un trabajo donde mezcla sus inquietudes y referencias que van del folk a la electrónica

‘Un cantautor debe morir’ es el primer álbum del gaditaano O’Cristo, un trabajo donde mezcla sus inquietudes y referencias que van del folk a la electrónica

Con dos EPs a sus espaldas, O’Cristo —alter ego de Cristóbal Colom (1986, Cádiz)— lanza por fin su disco debut ‘Un cantautor debe morir. Lleva una década en Madrid trabajando en marketing, pero habla con ese brillo en los ojos de quien mira al sur desde la sangre y la distancia. Todo esto tiene calado en su sonido y sus letras: íntimas, híbridas, con acento y, ante todo, con muchísima personalidad. Abanderado de la Bedroomba Pop —mezcla de raíz, R&B, folclore y electrónica—,  O’Cristo llega a estos días previos al lanzamiento con estrés por todo el trabajo que se precisa, más allá de lo artístico, para sacar un disco. Sabiendo, además, que «vivimos en una guerra total por la atención». No obstante, la suya es una apuesta por lo contrario: canciones que piden parar, escuchar y quedarse un rato dentro. 

Entradas 27/3 Sevilla (+ Canastéreo)
Entradas 11/4 Madrid (+ Canastéreo)

Ha sido casi medio año de ir sacando poco a poco canciones. ¿Cómo ha sido este proceso?

El primer single salió en septiembre. El EP anterior es de abril de 2024. Después de ese EP estuve un año sin sacar música, justo mientras hacía el disco. Lo terminé de grabar hace casi un año, pero todo se fue retrasando: diseños, vídeos, colaboraciones… Por eso tengo tantas ganas de sacarlo ya. Mi parte musical la terminé hace un año y quiero quitármelo de encima para poder pasar a lo siguiente. Ahora sale, la gente lo escucha, pero yo estoy deseando que salga para poder parar y ponerme a componer lo próximo. También estoy preparando los directos, que es la parte guay donde el disco cobra vida, pero tengo ganas de hacer canciones nuevas.

¿Ha habido un cambio interno en ti como artista que te ha llevado a ampliar tu sonido?

Cuando empecé con el proyecto de O’Cristo, que es mi primer proyecto en solitario, venía de bandas muy ligadas al indie pop-rock de guitarras. Así que al principio me propuse huir de la guitarra eléctrica o usarla muy poco; me interesaba componer más desde teclados, loops y elementos más electrónicos. Incluso las primeras canciones tenían un punto aflamencado con guitarra española. Surgió un poco como oposición a lo anterior, y eso se nota en los primeros singles y en los dos EP, con producciones más electrónicas y urbanas.

Pero cuando me puse con el disco, tuve una época de volver a componer con guitarra eléctrica y reenamorarme de ella. La mayoría de canciones del álbum nacieron así, sin miedo, y se arreglaron con guitarras eléctricas, aunque luego estén muy producidas y suenen etéreas. También hay un par de temas más electrónicos que nacieron como mis composiciones anteriores, desde sintes, samples y loops, y he recuperado un punto más folk que tenía en mi primer grupo hace años. Al final, este disco es fruto de todas mis influencias y de todos los proyectos que he tenido. Por eso me siento orgulloso: es un disco que solo podía hacer yo y solo ahora.

Aunque has tenido otros proyectos y EPs, este es tu debut en LP. ¿Lo planteaste como una forma de cimentar tu identidad artística?

Totalmente. Cuando empecé con este proyecto no tenía una idea clara de hacia dónde quería ir en sonido o estilo. He ido buscando con bastante libertad. Este primer disco es la primera conclusión de esa búsqueda de tres años sacando singles. No sé qué vendrá después. En un proyecto en solitario es más fácil cambiar de rumbo que en una banda, donde hay que consensuar todo. No creo que lo siguiente sea radicalmente distinto, pero podría serlo si me diera por ahí. No tengo prejuicios. Igual hago un disco más bailable, o al revés, algo más tranquilo y de cantautor. No lo sé.

¿Cómo combinaste todas esas capas —folk, electrónica, guitarras— y qué papel tuvo Turian Boy como productor en esa cohesión?

Creo que suena cohesionado sobre todo por la voz, mis melodías y mi forma de cantar. Aunque suene prepotente, mis canciones suenan a mí, las vistas como las vistas. Eso da personalidad al proyecto. Y, por supuesto, en un disco en solitario la figura del productor es clave. Con él comparto prácticamente al 50% la composición, los arreglos y todas las decisiones de sonido, referencias y estilo. Lo hemos hecho mano a mano. Él ha dado el toque final de producción y ha llevado las canciones a otro nivel.

¿Cuál dirías que ha sido el mayor reto al hacer este disco, ya sea técnico, artístico o personal?

Lo más difícil es todo lo que no es la música. Componer y grabar es la parte bonita, la que más disfruto. No diría que sea fácil, pero sí sencilla en el sentido de que es creativa y fluida. El disco salió bastante rodado: no hubo canciones atascadas ni momentos de no saber por dónde tirar. Con Álex, el productor, me entendí muy bien y todo fue muy natural.

La parte complicada viene después: conseguir un equipo que crea en el proyecto, gente que ayude con la comunicación, con la parte visual —portadas, fotos, vídeos—, todo dentro de un proyecto autogestionado y con poco presupuesto. Y lo más difícil de todo es conseguir que la gente lo escuche. Vivimos en una guerra total por la atención. El disco no compite solo con otros discos: compite con Netflix, con que alguien prefiera ver una serie o quedarse en una terraza tomando algo.

Además, cada semana se publica una cantidad abismal de música. Muchas veces descubro cosas en Spotify que me parecen increíbles y son artistas totalmente nuevos. La visibilidad es muy difícil. También hay un factor enorme de suerte: que tu proyecto llegue a la gente adecuada en medio de esta vorágine de lanzamientos y estímulos.

Desde tu experiencia con el marketing, ¿cómo vives todo lo que rodea a la industria: playlists, algoritmos y visibilidad digital, siendo el tuyo un proyecto independiente?

Sí, se le presta atención a todo eso porque es una forma de que proyectos pequeños empiecen a tener visibilidad. Mucha gente descubre música a través de playlists, aunque sea una escucha pasiva. Yo mismo las uso para encontrar cosas nuevas. Pero cada vez veo más diferencia entre el mundo digital y el mundo real: conciertos, venta de discos físicos, giras.

Hay artistas con números increíbles en plataformas, en playlists editoriales y algorítmicas, pero eso no se traduce en vender entradas. Lo difícil no es llenar Madrid o tu ciudad: lo difícil es vender cien entradas en Valladolid, o en cualquier capital de provincia que no sea Madrid o Barcelona.

Con lo que viene ahora con la IA, la saturación será aún mayor. Ya hay artistas creados completamente con IA, virtuales, que están entrando en charts y playlists. No sé cómo reaccionaremos los músicos de carne y hueso, pero creo que habrá que reivindicar cada vez más la experiencia real: tocar para gente, presentar canciones en directo. Veo que se va a separar mucho el mundo digital del mundo real, entre quienes funcionan en plataformas y quienes funcionan en conciertos.

¿Cómo has planteado el directo de este disco, teniendo tantas capas, efectos y elementos sonoros?

Hacemos un enfoque mixto. En directo voy con dos personas más: Miki, un batería que también dispara secuencias y toca pads, y Gonzalo, que toca bajo, alguna guitarra y algún teclado. Yo voy con guitarra y sampler. Esa parte es divertida porque consiste en ver cómo adaptar cada canción al directo. Algunas las tocamos muy parecidas a como están en el disco; otras no funcionan igual porque tienen muchas capas y producción difícil de replicar. En esos casos las llevamos a otro sitio y las adaptamos. Ahora estamos justo en ese proceso, que es muy creativo y muy guay.

O'Cristo: «Cuando me puse con el disco, tuve una época de volver a componer con guitarra eléctrica y reenamorarme de ella»

O'Cristo Un Cantautor Debe Morir Nuevo Disco Debut Conciertos Sevilla Madrid

¿Cómo se han fraguado las colaboraciones del disco, con Kike de Vera Fauna y La Torre?

La colaboración con Kike me hizo muchísima ilusión. Vera Fauna es una de mis bandas favoritas y me alegra todo lo que les está pasando con el último álbum. Llevan muchos años trabajando y ahora están recogiendo los frutos. Los vi en la gira del disco y ya tienen muchas canciones buenas; un concierto suyo es una sucesión de hits.

La colaboración salió muy natural. Les escribí, les mandé la canción y me dijeron que se apuntaban, que les encantaba. No compuse el tema pensando en ellos, pero sí que, grabando el disco, vi que podía encajarle. Tenemos muchos nexos: influencias, la tierra, haber vivido situaciones parecidas intentando sacar proyectos musicales desde Sevilla. Cuando vi que este tema podría funcionar para ellos, se lo mandé y se sumaron enseguida.

La colaboración con La Torre fue más casual. La conocí en España hace un par de años, cuando vino a hacer unos bolos. Estábamos en contacto. Cuando tenía el disco casi cerrado, pensé en una voz femenina para una canción. Le mandé el tema y le encantó; se apuntó rápido.

¿Qué es lo que más satisfacción o ilusión te produce de este disco, este proceso y de estas canciones?

Estoy satisfecho a nivel personal porque me gusta, y eso es fundamental. La primera persona que tiene que quedar contenta con un disco es quien lo hace. Para mí es importante seguir haciendo música para mí mismo, para satisfacer mis inquietudes artísticas, musicales y expresivas. Estoy muy contento con el resultado porque creo que es un disco que, con el tiempo, seguiré escuchando con orgullo. Está muy trabajado en letra, composición, arreglos y producción, y creo que ese trabajo se nota. Te puede gustar más o menos, porque el gusto es subjetivo, pero el curro está ahí.

También estoy orgulloso de que hayamos llegado a un punto en el que el proyecto tiene un rollo muy único e identificable. Es algo muy personal, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Además, ver que amigos y compañeros del mundo de la música me han dado buen feedback, o que gente como Kike o La Torre se hayan sumado al disco porque les mola, también te da mucha satisfacción.

Y luego está el reto de conseguir que alguien se pare a escuchar tres o cuatro canciones seguidas prestando atención, no de fondo mientras hace otra cosa. Cuando eso pasa, normalmente recibo buen feedback. Pero con tanta saturación y tantos estímulos, es difícil. A ver cuánta gente se para a escucharlo ahora cuando salga.

Scroll al inicio

Descubre más desde [Malpartida]

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo