Desde su estudio Nada Nuevo Grabaciones, el ingeniero y músico Miguel Otero publica nuevo EP, ‘Faint Glow’, y dos trabajos colaborativos: ‘Through That Garden’ junto a Raquel Pavón y ‘Verano Oxidado’ con David Cordero
Cambridge, 2015. Por aquel entonces, en ciertos espacios alternativos del Reino Unido resonaban nombres como Space Afrika, Richard Skelton, Forest Swords, Demdike Stare e incluso Peter Cusack, entre otros. Aunque seguramente muchos de ellos reconozcan a Brian Eno como el padre de su música, en el underground inglés comenzaron a surgir una multitud de subgéneros, de la mano de estos y otros músicos: el ambient post-industrial, el hauntológico, el post-club o el minimalista, entre otros. Todos ellos formaban parte de un crisol de movimientos experimentales a los que urgía etiquetar para poder mapearlos en un género tan vaporoso como lineal.
Por aquel entonces, un joven Miguel Otero (San Fernando, 1988) acababa de mudarse a tierras inglesas junto a su pareja: «Ella es enfermera, especializada en neurociencia. Le ofrecieron unas condiciones laborales increíbles, era la oportunidad de su vida». Él decidió mudarse con ella y trabajar de lo que fuese encontrando. La diferencia con España es que allí, casi con cualquier trabajo, disponía de un buen sueldo: «Así fue como empecé a comprar equipo. Probaba, vendía. Comencé a comprar sintetizadores… Entré en el ambient gracias a la escena inglesa que se estaba dando en ese momento. Como no tenía banda, ni guitarra, empecé desde casa. Se podría decir que aquella fue mi etapa más Brian Eno. Sin olvidar de dónde venía, claro: el rock progresivo, etc.».
La música había sido hasta entonces una constante en la vida de Otero: entre los 8 y los 15 estudió guitarra clásica en el conservatorio. «Luego me pasé a la eléctrica, en la adolescencia. No me he desvinculado nunca de la música clásica, pero ya en ese momento empiezo a formar parte de algunas bandas de rock progresivo e instrumental de mi zona. Me parecía más divertido que el conservatorio, claro». El interés de Otero por los cacharros y los sintes despertó unos años atrás, a principios de los 2000, cuando todavía estaba en la facultad. «Decidí estudiar Magisterio Musical, sin pretensión ninguna, más bien como un trámite. Por aquel entonces yo ya había grabado algunas cosas de forma muy rudimentaria, pero es ahí donde descubro que me gusta muchísimo la grabación, todo lo relacionado con el sonido y las texturas que se pueden crear. Empiezo a escuchar la música de otra forma»
A principios de los 2000, un profesor de la UCA le propone ser alumno adjunto del departamento porque van a abrir un laboratorio de sonido, «un proyecto muy novedoso por aquel entonces», recuerda Otero, que acepta unirse al proyecto. «El laboratorio era para que los profesores tuvieran recursos tecnológicos con los que poder crear sus propios métodos en el aula. Él vio que yo tenía bastante curiosidad con el sonido, tenía mis inquietudes, así que gracias a esa oportunidad me metí de lleno en todo lo relacionado con el estudio y la grabación». Aquello fue la chispa que avivó el interés de Otero por la producción y la grabación: pasó de tener un estudio casero y precario a la última versión de ProTools, las mejores tarjetas de sonidos y micrófonos, etc. «Tenía unos 20 años entonces, me pilló en un momento de efervescencia. De hecho, íbamos algunos sábados con amigos para grabar. Esa experiencia me ayuda a entender el potencial que se puede alcanzar con las grabaciones, la importancia del sonido».
Antes de partir a Cambridge, Otero empieza a trabajar en paralelo en puestos que no tienen que ver con la música o la docencia, todo para poder ganar dinero e ir montando poco a poco su equipo. «Así es como, por aquel entonces, voy poco a poco grabando en locales de ensayo de bandas de amigos, haciendo mi propio camino y descubriendo todo un mundo de posibilidades». Su primer trabajo en solitario llega en 2017 (‘Pequeños círculos’), un EP de seis cortes donde el músico cañaílla deja entrever sus inquietudes sonoras y su trabajo de artesanía a la hora de generar atmósferas y texturas.
Con las posibilidades económicas que le ofrecía el Reino Unido, Otero no solo va montando su propio equipo —así como ganando experiencia y conocimiento sobre estas herramientas—, sino que, además, se va sumergiendo en esa escena ambient donde encuentra nuevas posibilidades como músico. «Con esa tranquilidad económica, comienzo a componer algunas bandas sonoras para documentales de animación, para videojuegos independientes, algunos cortos y películas asíaticas, ambas de animación también…. Tenía un buen sustento económico, pero llegó la pandemia y nos volvimos a casa».

Así fue como en 2020, ya de vuelta en Andalucía, Miguel decide usar sus ahorros y todo el equipo que había ido reuniendo en Cambridge para crear Nada Nuevo Grabaciones, un estudio de grabación, mezcla y producción que lanza en solitario. «Empecé desde el cero más absoluto. Tenía mucha experiencia y un buen equipo. Así que me lancé y le escribí a Mario Rodríguez Centeno (La Jvnta, Quentin Gas & Zíngaros) porque lo conocía de la facultad y vi que estaba haciendo cosas con La Jvnta. Eso fue a finales del 20: le contacté y le dije que me gustaba un montón lo que estaba haciendo, la primera maqueta, y quería grabarlo». Una conjunción que ha vuelto a darse para el disco que está por llegar de La Jvnta y del que ya hemos podido escuchar tres singles, el último de ellos: ‘Nunca pasó’ (con Quentin Gas).
Poco a poco, Otero fue metiendo en sus producciones algunos sintetizadores, haciendo texturas, ofreciendo espacios y colchones sonoros. «Ahí surge la faceta de tocar y grabar sintes a la hora de producir, labor que he estado haciendo hasta ahora»; un trabajo que el músico gaditano compagina con su labor en el estudio Happy Place a través de Producciones Cibeles: «Hacemos muchas cosas con Canal Sur, Televisión Española y ahora con Movistar. Trabajamos con Happy Place, donde además he tenido el placer y la fortuna de que cuenten conmigo para grabaciones y que aquello sea como mi casa, además del trabajo que me sale para Nada Nuevo, que ahora mismo es mezcla y mastering de grabación, sobre todo».
‘Faint Glow’, ‘Through That Garden’ y ‘Verano Oxidado’
De beber de la escena ambient inglesa a formar parte de la escena andaluza: desde su vuelta del exilio laboral, hasta ahora, Miguel Otero no ha dejado de crear. Además, de forma colaborativa, sobre todo con David Cordero, una de las figuras más importantes del ambient nacional y europeo; con quien acaba de estrenar asimismo un EP de dos canciones: ‘Verano Oxidado’. Este trabajo es el cuarto que realiza junto a Cordero, una muestra de la pulsión creativa de ambos artistas, pero también de esa simbiosis constante que se produce entre artistas de la escena.
«A David Cordero realmente lo conozco de toda la vida casi, de aquí de San Fernando», relata el productor y músico cañaílla. «Él ya estaba dentro de la escena de cuando saqué mi primer disco y ya estaba tanteando el segundo. Por aquel entonces él se interesó por mí gracias a ‘El Pequeño Círculo’ y para mi segundo disco pensé que sería una buena colaboración, ahora que teníamos un poco más de contacto». A partir de ahí, no solo entablan una relación artística, sino también una amistad, que les ha llevado a trabajar juntos en más de una ocasión: «EP’s y singles, colaboraciones. Yo aparte he mezclado y masterizado un montón de trabajos de él con otros artistas. Obviamente nos une la música, prácticamente de lo único que hablamos es de música y de cacharros».
Los dos temas de ‘Verano Oxidado’ surgen tras un encargo de Cordero para su estudio Noray Records: «Me dijo que le gustaría sacar mi próximo trabajo, que si estaba trabajando en algo quería encargarse él de publicarlo. Tras encargarme este EP, me dijo que tenía algunas ideas que no sabía cómo acabar: “¿Te apetece si hacemos algo también para el veranito?”, me preguntó y, al final, accedí. Él me pasó un par de ideas que tenía en mente y de lo que hablaban: San Fernando, el verano, el calor, pero además su paisaje, todo el hierro de las antiguas fábricas, los puentes, la maquinaria oxidada a la vista… estamos rodeados además de salinas y marismas», detalla. «Me animó a seguir trabajando esa idea para las texturas y sonidos, yo iba adaptándome a sus ideas y él a las mías. Una interpretación desde el respeto que esté a medio camino entre lo que ambos buscamos».
‘Verano Oxidado’ viene a ser, asimismo, el tercer trabajo en muy poco tiempo de Miguel Otero, junto a ‘Faint Flow’ (su último EP en solitario) y ‘Trough That Garden’; este último, de la mano de la violinista Raquel Pavón. «Con ella he estado casi un año realizando grabaciones de forma espaciada», explica Otero. «Parece que hemos tardado mucho, pero en realidad han sido pocas sesiones».
Para este trabajo, Otero y Pavón se dejaban llevar por la improvisación en cada sesión, dejando que las ideas y las emociones fluyeran y se mezclaran, dando lugar a paisajes llenos de color: «Grabábamos al estilo clásico: ella con un micrófono, yo a los sintetizadores y así toda la mañana. A lo mejor grabando cortes de 9 o 15 minutos. Al terminar la sesión, cogíamos los fragmentos que más nos interesaban de las improvisaciones. Este ha sido un proceso de composición súper cómodo, fresco y muy natural.».
La naturaleza es algo que está presente en estas tres composiciones, de una forma más o menos evidente. Algo que se filtra desde las preocupaciones e inquietudes de los artistas en su proceso creativo: «Es más bien la conclusión de nuestras charlas, de esa improvisación. Con Raquel hablaba de Gaza, Trump, el cambio climático… la conclusión era siempre la misma: volver a la naturaleza del ser humano. No solo a la naturaleza de las plantas o del medio ambiente, sino a esa naturaleza de organizarnos y ayudarnos», reflexiona. «Estamos en un mundo polarizado que nos desgasta, la naturaleza a la que apelamos es esa, la del apoyo mutuo». Eso sí, matiza Otero, «Solo teníamos en mente esas conversaciones que teníamos entre tema y tema. No hablábamos de tonalidad, ni tempo, si iba a ser alegre o triste».
Para ‘Faint Glow’, Otero se reafirma como músico desde la experimentación de alguien que, aunque con varias décadas ya a sus espaldas, aún sigue queriendo mantener viva la curiosidad por la creación. «Es un proceso muy natural. Buscar tu sonido es un concepto muy pop, lo mío es más música de autor. Sin pretensiones, simplemente porque es algo que necesito: investigar, probar», admite.
Manteniendo ese espíritu de laboratorio, Otero reivindica el proceso de creación desde la artesanía. Un hábito que se alimenta del pasado, pero que arde con la vigencia del presente: «Todos los días grabo como quien va a correr. Después de tanto tiempo aún estoy conociendo mi forma de hacerlo. Escucho música, incorporo texturas a mi lenguaje. Intento que mi música sea lo más pura posible, que salga algo bonito, pero que también emocione».
Para el músico de San Fernando, el ambient abre una infinidad de posibilidades, algo que le ha permitido establecerse no solo como músico y creador, sino también como productor, ampliando su visión de las composiciones a través del diseño del sonido: «En los músicos de ambient todo el trabajo consiste en probar, experimentar, comprar y vender sintetizadores hasta dar con el sonido que buscas. Un sintetizador te abre mil ventanas y es muy diferente si lo toco yo a que lo haga otro, ya cambia mucho la película».
Aunque hablemos de investigación, laboratorio y equipo, algo que suena más a ciencia que a música, Otero reivindica con fiereza en estos trabajos la cruzada más importante de los músicos: emocionar al oyente. «Me centro en lo que a mí me emociona. Soy bastante sensible a la música y cuando la canción está en ese punto en que vibra por dentro, se me hace un nudo en la garganta y sé que está lista para salir». En un género tan conceptualmente abstracto, tan complejo, pero a la vez tan discursivo y lleno de matices, luces y sombras, el ambient solo lo puede llevar a buen puerto un artesano. Uno con visión y experiencia, pero también alguien que no haya perdido la pasión por encontrar el camino más emocionante para el oyente.