Entrevista con Soleá Morente sobre su nuevo disco que, aunque verá la luz este otoño, podrá escucharse en directo por primera vez este 3 de julio en el Café de la Palma (Madrid)
Hace menos de una semana Soleá Morente (Madrid, 1985) lo anunciaba en sus redes: «Queridas, he escrito un nuevo disco». Además, el anuncio venía acompañado de una fecha de presentación de estas canciones inéditas: el 3 de julio en el Café de la Palma de Madrid, podrán escucharse en primicia estos temas, en una actuación que tiene lugar dentro del cartel de Madrid En Vivo. Asimismo, en la publicación, Morente compartía un texto sobre sus inspiraciones —Virginia Woolf, Clarice Lispector, Gloria Fuertes, La Marelu, Lole Montoya, entre otros nombres—, además de confirmar la producción del mismo, a cargo [una vez más] de Manuel Cabezalí, junto a Víctor Cabezuelo y Nieves Lázaro.
«Escribí todo esto estando inmersa en un montón de lecturas», confirma Morente al otro lado del teléfono, en una conversación previa a este evento. En ellas, explica la artista, «hay guiños más o menos evidentes a estas autoras, a sus textos y sus ideologías, a su forma de ver el mundo, algo que me parece muy interesante». El álbum, del que aún se desconoce cuándo verá la luz o qué nombre llevará, está compuesto de diez temas: ‘Iluminación’, ‘De negro y plata’, ‘Corona de Diamantes’, ‘Bájame la luna’, ‘Clavel de mayo’, ‘Vientos contrarios’, ‘Madrid Río’, ‘Duermevela’, ‘Algoritmo’ y ‘Amor mío’.
Soléa Morente, como artista y filóloga, admite que, aunque siempre ha sido muy amante de la literatura —«afición que me inculcó mi padre»—, con el paso del tiempo ha reafirmado su faceta como lectora. Algo que se infiltra directamente en las letras de este nuevo álbum, donde Morente desata sus composiciones para que cabalguen hacia horizontes más narrativos: «Esa es una lectura súper bonita. Me encanta que se vea así porque a mí lo que me gustaría es escribir una novela, siento que esta parte más literaria me llama», confiesa.
El álbum no solo es la fotografía de un momento vital concreto de Soleá Morente, sino también de sus inquietudes con la literatura. «Quería adentrarme en la descripción de escenas suceden en los sueños, profundizar en ese universo onírico de contemplación de la belleza». Bajo esta premisa, Morente habla de su mundo conocido, de sus experiencias, pero desde la mirada de una mujer que se encuentra con todo ello en sus sueños: «Con sus seres queridos, con el amor, con el desamor. Hay esa niebla típica de lo onírico, quería acercarme a ese tipo de historias narrativas que están más cerca de las novelas que de las canciones».
De hecho, afirma Morente, «probablemente [el álbum] vaya acompañado de un diario que he ido escribiendo durante el proceso de creación». En él, la compositora mostrará no solo las referencias a las lecturas que le han acompañado en este camino, sino también algunas de esas experiencias que sirven de base para las historias de estos temas. «El diario cuenta las cosas que me pasan porque, al fin y al cabo, la vida es como un oficio, como decía Pavese: “El oficio de vivir”. Ambas cosas están unidas para mí».
En ese oficio de vivir y escribir, Morente firma el que probablemente sea su álbum más autoconsciente como escritora y más contundente en sus intenciones como compositora [de no seguir el camino esperado]. Así, estas diez canciones son el pasillo que conecta dos habitáculos distintos: el pasado y el futuro. «Este trabajo abre un ciclo tanto vital como musical, aunque realmente no se cierra nada tras él, porque todo lo que he aprendido formará parte de lo que me va a pasar», explica Morente. «Musicalmente sí que está en un estado diferente, no tiene que ver con los anteriores».
De esa introspección brota con fuerza esa auto-reivindicación de Soleá Morente y su visión como compositora: «Parece que últimamente hay que sacar singles continuamente, componer rápido guiados por los patrones del sistema capitalista en el que vivimos», expone. «Nunca he compuesto condicionada por esos patrones, pero este disco necesita tiempo para escucharlo. No es tan bailable. Al igual que para leer se necesita silencio, sentarte y digerir lo que estás leyendo, para este trabajo también, para que al escucharlo tenga cierto efecto en el alma».
Algo que no está implícito en sus letras, pero sí en sus formas. «Es un acto de rebeldía contra estos tiempos tan histéricos que vivimos. Estos tiempos tan estresantes donde hay tantísimas preocupaciones», admite Morente. «Por mucho que nos preocupemos o intentemos seguir el ritmo de la rueda en la que estamos metido siempre ganan los mismos, mientras tú pierdes el tiempo y te vas erosionando. La sociedad está diseñada para tenernos aletargados y cansados. Ya no hay tiempo para leer, para soñar, para sentir», profundiza la artista.
De una forma inconsciente, esa necesidad vital de abrazar la vida lenta, la que sucede en los sueños, la que late por dentro, cala como una gotera por los techos de estas canciones. «De hecho, el disco abre con ‘Iluminación’, inspirada en un poema de Lispector sobre la reivindicación del amor puro, del amor verdadero, el que perdura por y para siempre. Ese que parte del amor propio y del respeto a uno mismo en primer lugar, del deseo de ser un mejor ser humano. De no ir a la contra de quien eres en este momento, de escucharte, a ti, a tu cuerpo y tu alma, a tus necesidades».
Esa mirada está presente en todo el álbum, no como el eje de un relato con principio y fin, sino como una historia que encuentra su sentido desde el conjunto y lo colectivo, «como los capítulos de ‘Rayuela’», apunta Morente. Lo que lo vertebra es, precisamente, ese espíritu que la empuja [como compositora] a pisar terrenos hasta ahora inexplorados: «En ‘Vientos Contrarios’ está presente ‘La señora Dalloway’ de Virginia Woolf, pero también de forma más directa el poema ‘Pienso mesa y digo silla’ de Gloria Fuertes [‘Pienso una cosa y digo la otra / cierro los ojos y veo los tuyos. / Leo el horóscopo y no explica nada / lo que me pasa es que te quiero’, canta Morente en este tema]». Entre sintetizadores, ecos y guitarras hipnóticas, el disco cierra con ‘Amor Mío’, «un tema muy potente que habla de manifestar lo que quieres que algún día te llegue a pasar en tu vida».
Ya lo avisa desde la primera canción (‘Iluminación’): «Soy siempre la misma / pero nunca la misma Soleá». De esa contemplación hacia el interior sale un álbum existencialista que es, asimismo, un acto de honestidad y sinceridad, algo que queda latente en algunos versos de este álbum, como en ‘Algoritmo’: «Yo no cantaba pa’ que nadie me escuchara / ni porque mi voz fuera buena ni gitana / yo na’ mas que canto pa’ que se me vayan / las fatiguillas y las penas de mi alma». Una canción que, partiendo de esa metáfora, sirve como contrapunto ideológico a las dinámicas que se dan en la industria musical y que han llevado a artistas como Morente a tomar caminos tangenciales, menos asfaltados, pero más gratificantes: «Da un poco de vértigo, pero yo viniendo de donde vengo y teniendo el padre que he tenido, que ha sido una persona siempre a favor de ir a la contra, no puedo hacer otra cosa que no sea ser sincera conmigo misma y con lo que siento».
La carrera de Soleá Morente no siempre ha latido con el mismo brío, algo que la artista ahora manifiesta como una forma de entender el camino, así como lo hizo su padre. «Fue un ejemplo absoluto de un artista cuya carrera ha ido avanzando al margen siempre del ruido exterior. Es un camino complejo y complicado», admite. «Hay que aceptarlo, pero no resignarse ni conformarse. Hay que buscar tu propio camino, porque hay infinitas posibilidades. Es más duro, se tarda más, se sufre más también, se siente uno más rechazado y da rabia que las cosas funcionen así. Pero, a la larga, todas las emociones se van colocando en su sitio, si realmente te interesa el arte y hacer buenas canciones, merece la pena».
Tras ‘Sirio B’, Morente sintió la necesidad de reconectar con las emociones que suscitó su anterior trabajo, ‘Aurora y Enrique’, donde trabajó mano a mano con Manuel Cabezalí en una búsqueda melódica distinta, una que sintonizase mejor con aquellos temas que significaban su debut como compositora. «Es un disco que encajó muy, muy bien conmigo, me hizo sentir acorde y coherente conmigo misma. Fue el primero como compositora y quería hacerlo con Manuel porque tiene una sensibilidad con la que me identifico. Es por eso que necesitaba trabajar de nuevo con él. Cuando empecé a componer estas canciones tuve claro que quería buscarle a él para producirlas».
Así, para esta ocasión, Cabezalí le propuso trabajar además con Nieves Lázaro y Víctor Cabezuelo, con quien forma El Mono de Dos Cabezas: «Me preguntó si me parecía bien este equipo y por supuesto que sí, los admiro a ambos, Nieves es mi amiga y a Víctor y su proyecto con Rufus T. Firefly les admiro por lo que hacen. En un primer momento yo quería, de hecho, hacer un ‘Aurora y Enrique’ 2, pero fueron ellos quienes me dijeron que eso ya lo habíamos hecho. Me propusieron explorar otros lugares y me pareció bien, porque les admiro a ciegas».
Esa atmósfera que han creado Lázaro, Cabezalí y Cabezuelo supone un contraste de estilo con la mirada de Morente en lo lírico: «Esa forma en la que escribo, en la que a veces recurro a la dulzura o a un tono más naif para contar algo, contrasta con la garra de las guitarras eléctricas y la baterías, con esa producción más industrial, más oscura. Con mi voz sin apenas reverb, que suena muy cerca, y con arreglos que acompañan esa intención de acudir hacia la belleza. Es un contraste que me gusta y creo que ha dado un buen resultado».
El concierto del 3 de julio (en el Café de la Palma de Madrid) será una cita muy especial para Morente, a quien le cuesta disimular la emoción que le producen estas nuevas canciones y lo que significan en esta etapa de su carrera: «Vamos en formato reducido, con Lázaro y Cabezalí. Es muy interesante de ver porque las canciones sonarán desnudas, algo que se asemeja a como eran en un principio. Esto ha estado muy presente en la manera de trabajarlas, respetando la emoción primitiva de la canción desde su nacimiento sin cambiarla mucho o hiper producirla».
Tras la niebla de lo onírico Morente esconde el título del disco, aún por confirmar: «He soñado con él. No lo puedo decir aún, no sé si será el definitivo. Estaba dudando cómo llamarlo, pero soñé que lo llamaba de una manera y creo que se va a quedar así», confiesa todavía dubitativa. Aunque, a estas alturas, se podría decir que esa es la única duda que la artista tiene —y ha tenido— sobre este álbum; en lo que compete a las canciones, al proceso y a esta nueva etapa, Morente se reafirma: «Es un trabajo más maduro, de reflexión, de introspección y de reivindicación de la dedicación que requieren la música y la literatura para mí». Decía Virginia Woolf que «la vida es sueño, despertar es lo que nos mata», así que, quizás por eso, Morente nos lanza esta balsa: para que sigamos navegando bajo esa neblina.