«Tras una vida aprendiendo cantes de otros, me apetece cantar algo de mi creación»
La artista cordobesa encara su primera aparición en la XIX Bienal de Sevilla, acompañando a Carmen Linares, y la grabación de su primer disco, junto a la presentación de un nuevo espectáculo, ‘La Memoria por la Boca’
Tenía tan solo siete años la primera vez que cantó en un escenario, pero en el momento en que se bajó de las tablas lo tuvo claro: quería volver a subirse a uno cuanto antes. Rocío Crespillo Luna (Cañada del Rabadán, Fuente Palmera, Córdoba, 1998) admite que creció en un entorno donde había afición por el flamenco y la músic, «pero nadie que se dedicara a ello», admite la propia cantaora. Eso sí, para que Rocío Luna terminase subida a un escenario fue imprescindible el empujón de una de sus tías, que sí entendió la fuerza con la que brotó en su sobrina la pasión por el cante: «Yo era muy, muy tímida. La más tímida del mundo», confiesa la cantaora cordobesa. «Fue ella quien prácticamente me obligó a hacerlo porque sabía que yo en el fondo me moría por cantar».
En Cañada del Rabadán no había mucho que hacer al respecto, no había muchas oportunidades de subirse a un escenario, «y Córdoba está a unos 40-50 minutos», apunta Luna. «Cuando me di cuenta de cuánto me apasionaba le pedí a mis padres volver a subirme a un escenario». Entre sus amigas, Rocío era la rara —en un sentido cariñoso y no negativo—, pues aunque ella también escuchaba la música del momento, era la única que sentía esa conexión especial con el flamenco: «Ya en la adolescencia yo veía que mis amigas escuchaban otra música. Ellas insistían y yo les decía: vale, sí, también me gusta, pero yo con lo que estoy obsesionada es con el flamenco» (ríe).
Así empezó la carrera de Rocío Luna: acudiendo a todos los concursos de flamenco que podía, porque esa era la única forma de subirse a un escenario. «Así es como comencé a coger tablas y soltura, para mí eran oportunidades», explica la cantaora. Con el paso del tiempo Luna no solo ganó experiencia y confianza, también empezó a alzarse con muchos de los premios a los que se presentaba. «Es verdad que tuve la suerte de ganar muchos concursos. Eso ayudó a que mi nombre sonara en el boca a boca, que es muy importante en el flamenco. Así, poco a poco, me fueron llamando para cantar».
Desde entonces, Luna no ha parado. De ganar concursos, pero también de cantar. Uno de los galardones más importantes llegó en 2023, cuando obtuvo la Lámpara Minera del Festival Internacional del Cante de las Minas (La Unión, Murcia), uno de los reconocimientos más prestigiosos del flamenco en España. Además del premio principal, Rocío Luna también recibió cuatro galardones adicionales por los estilos interpretados: Mineras, Granaínas, Seguiriyas y Cartageneras.
Para llegar hasta aquí, la cordobesa no se conformó tan solo con cantar, con mejorar su cante y afinar su personalidad: quería aprender todo sobre el flamenco. De hecho, Rocío Luna posee una sólida formación académica: es graduada en Cante Flamenco por el Conservatorio Superior de Música de Córdoba además de contar con el Máster Interuniversitario en Análisis e Investigación del Flamenco por la Universidad de Córdoba. Esta combinación de estudio y experiencia escénica definen su perfil como cantaora, perteneciente a una quinta en la que brillan nombres como Ángeles Toledano, Lela Soto, Israel Fernández o María Terremoto, entre otros. «Son compañeros que admiro mucho. Me gusta mucho lo que están haciendo, cómo lo están haciendo», apunta Luna.
Precisamente, con Terremoto compartirá escenario en la XIX Bienal de Sevilla, en el espectáculo que protagoniza Carmen Linares (‘Perlas Millares – 30º aniversario de la Antología de la Mujer en el Cante’) y donde también participarán Marina Heredia y Rafaela Carrasco. «Mira, la verdad es que sí: estoy nerviosa», reconoce la cantaora. «Aunque mi sueño es tener mi propio espectáculo en la Bienal, poder hacerlo con Carmen Linares, que fue una de las primeras artistas que escuché cuando era chica, eso ya es un sueño. Estuve el otro día ensayando con ella y se lo dije: no me puedo creer que vaya a cantar. Es una responsabilidad muy grande».
—¿Cómo te llegó la propuesta para participar en la Bienal?
—Me llegó directamente de Luis Ybarra —afirma—. Me preguntó si me apetecía. ¡Pues mira, claro que me apetece! Le dije que sí del tirón. No me lo pensé.
—¿Y puedes contar algo de lo que podremos ver?
—No lo sé. Me gustaría saber si puedo contar algo (ríe). Lo que sí es verdad es que cada artista invitada va a hacer un número con Carmen. Yo haré una serie de cantes y al final tendremos una sorpresilla todas juntas.
La Bienal llega en un momento importante para Rocío Luna: en plena grabación de su primer disco y antes de estrenar el espectáculo ‘La Memoria Por la Boca’, un show para el que ha estado investigando tanto a escritoras de la Generación del 27, como a cantaoras invisibilizadas en aquella época, para rescatar versos y letras y que, gracias al cante, no se pierdan ni se olviden.
Así, ‘La Memoria por la Boca’ es una propuesta liminal que se sitúa en el umbral de ciertas voces femeninas de la historia del flamenco y las autoras de la Generación del 27. El proyecto articula un diálogo entre cantaoras apenas nombradas —«como Isabelita de Jerez, entre otras»— y poetas del 27 como Concha Méndez o María Luisa Muñoz Buendía. «Estamos haciendo un trabajo bastante profundo de investigación que también es algo que me gusta y me motiva. Creo que es interesante a la vez que necesario investigar un poquito más sobre las mujeres en el flamenco», argumenta Luna.
En cuanto al primer disco de Rocío Luna, qué duda cabe, será flamenco. «Siempre he tenido muy claro que es lo que yo quiero hacer. Es verdad, hay algún planteamiento sobre meter alguna pincelada de algo más. Sí que tendrá un tratamiento armónico y melódico más actual, pero siempre teniendo en cuenta la raíz. Quiero aportar mi propia personalidad y ahí estoy, en ese camino, construyéndome».
La cordobesa admite que ha estado mucho tiempo dándole vueltas a la cabeza, porque un primer disco es algo que le apetecía hacer, pero también un paso importante, ya que sienta las bases de lo que el público va a ver de ella como cantaora. «Me apetecía mostrar algo mío, algo propio. Tener algo que contar y construir. He pensado mucho cómo construir ese camino y ya, por fin, estamos grabando. Después de la Bienal saldrá la primera pincelada del disco», admite, conteniendo la alegría. «Estamos todavía con muchas ideas que van y vienen, pero estoy muy ilusionada», apunta Luna.
Todo ello supone un enorme paso para la cantaora, que afronta la llegada del 2027 con doble ilusión: «Por un lado, me motiva mucho que salga el espectáculo, que es fruto de una enorme investigación y que pone sobre el escenario a tantas mujeres que han vivido siempre al margen. Luego, el disco es un paso que me apetece dar, para construirme como cantaora. Después de toda una vida cantando cantes de otros, me apetece cantar algo que sea de mi propia creación».
Aunque este sea un momento emocionante y trascendental para la cantaora, también tiene sus obstáculos, muchos de ellos internos: «Es difícil escapar del síndrome de la impostora, algo que nos persigue a muchas artistas», revela Luna. «Es complicado, no tengo ningún miedo en absoluto, intento ser positiva y pensar que todos hemos pasado por ahí. Los miedos siguen, y seguirán, pero no quiero que me encierren. He tenido etapas y etapas en mi vida, muchas veces me he visto cohibida a hacer cosas, pero hay que arriesgar y tirar para adelante con lo que venga».
Aunque Luna admite que su primer disco tendrá cantes y letras de otros artistas, la cantaora cordobesa reconoce que quiere incluir letras de su propia creación, algo que aviva esas inseguridades sobre la composición: «Cuando uno escucha algo ajeno es fácil decir: esto está bien, esto está mal. Cuando es algo propio es más complicado. Ese trabajo creo que nunca tiene un fin, siempre estás dándole vueltas. Hay un momento en que tienes que parar y dejarlo como está».
Rocío Luna afirma que nunca se ha sentado a escribir con la intención de hacerlo, sino que las letras han llegado a ella de una forma más natural. «De repente he tenido un pensamiento y lo he escrito, sin métrica ni nada. Iba por la calle, a lo mejor, escuchando música, y se me ha ocurrido algo y he pensado que podría valer». La cantaora no se ve como escritora, «siento mucho respeto por los profesionales que se dedican a esto. Tampoco voy a hacer un disco entero con mis letras. Estoy aprendiendo, investigando, probando a ver qué pasa».
Aunque le cuesta enumerar referentes o inspiraciones, Luna recurre a nombres que han construido una carrera desde el riesgo y la vanguardia, prueba de que comparte espíritu con otros cantaores y cantaoras de su generación: «Te diría que me inspiran artistas como Morente, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez o incluso Silvia Pérez Cruz». Todos ellos, artistas que coinciden en la forma de posicionarse frente al arte: construir una personalidad desde el respeto a (y el conocimiento de) la raíz.
«Ahora mismo mi sueño es ese, poder llevar al directo esto en lo que he estado trabajando, el disco y el espectáculo. Me gustaría pasarme el año que viene en los escenarios, cantando todo lo posible, después de tanto tiempo trabajando». Sin duda, la Bienal será una noche especial para Luna, no solo por ser su primera vez, sino porque supone de forma simbólica el principio de algo grande: la llegada de Rocío Luna ya no solo como cantaora e intérprete, sino como un alma creativa con ganas de aportar al flamenco desde la sensibilidad y la mirada de su generación.