El grupo Frente Abierto ofreció un concierto el pasado 24 de enero en Sevilla (Sala Custom) para presentar ‘Guerra a todo eso’, junto a Lela Soto y Sebastián Cruz
Frente Abierto despejó la incógnita en la Custom de a qué se refieren con ese título: ‘Guerra a todo eso‘. No es una actitud bélica, sino una declaración de principios: contra los convencionalismos, los caminos fáciles, los estereotipos, los proyectos sin alma y las producciones simplonas y comerciales.
[La música, en todo caso, no como arma para derribar, sino como herramienta para abrir caminos.]
La banda sevillana se planta ante «todo eso» —el pasado, el estereotipo, las fórmulas— con una receta que toma de lo añejo la esencia, el flamenco como ingrediente principal, pero sin intención de deconstruirlo, sino ampliar su universo, es decir, acompañarlo de una gran variedad de elementos sonoros que combinen con él, sin tener que diluir el sabor.
Free jazz, doom, rock. El trabajo que ha realizado Frente Abierto se centra exactamente en eso: reorientar el paso hacia donde no hay ninguna referencia anterior. Si hay un camino que ya se ha andado, se salen del carril para empedrar una vereda nueva. Mapear todo ese campo inexplorado de matices mas oscuros, ásperos y dolientes.
[Afilar el flamenco como un cuchillo, abrillantarlo, sacarle punta, no para usarlo, sino para ver nuestro reflejo en él: saber lo que es capaz de hacer.]
En el directo, Frente Abierto —Raúl Cantizano (guitarras), Marco Serrato (bajo y contrabajo), Borja Díaz (batería), Carlos ‘Choco’ Lozano (guitarra), David Cordero (mesa y sintes)— contó al cante con Sebastián Cruz y Lela Soto, dos de las mejores voces del flamenco actual, en un repertorio donde presentaron todos los temas de su disco (que verá la luz en su edición de vinilo el próximo 13 de febrero), además de tres cortes nuevos: unos fandangos, unos tangos y un interludio instrumental.
La noche, que pasó por distintos palos, de la seguiriya a la bambera, las alegrías, la caña, la serrana y unos tientos, anunció su fin con una soleá a cargo de ambos cantaores, cerrando por bulerías con todos los miembros sobre el escenario, entre coros y palmas. Sevilla ya tiene experiencia llevando el flamenco a lugares más incómodos e interesantes, sin emborronar las fronteras ni arrancar las raíces por sacarlo directamente del tiesto.
Porque de eso se trataba: de no arrastrar el flamenco para encajonarlo en otro estilo, sino de disfrutar de la esencia de una noche flamenca, pero desde otra arista emocional. Nada mejor para ello que las voces de Lela y Sebas, que navegan entre las dos orillas con soltura, disfrutones, pero ofreciendo esa impronta y solemnidad mas puras y señeras.
[También está en el cante, en su cintura, el acostumbrarse a una vestimenta más pesada, menos flexible, una que permite menos piruetas. Y, aún así, tener el talento de hacerlas.]
Puede que no colgaran el cartel de todo vendido: hay platos que se deben cocinar poco a poco. Puede que su origen fuera el de llegar a los festivales, pero su forma de ser y de hacer —después— ha demostrado estar lejos de lo esperable, lo algorítmicamente viral, lo presuntamente comercial. No nos equivoquemos: queda mucho aún por ver de esta formación, pero si algo queda claro es que Frente Abierto es la prueba de que en el flamenco hacía falta (y sigue siendo así) hacerse otro tipo de preguntas y, lo más importante, encontrar las respuestas.
[Sevilla anoche escogió trinchera: vale la pena declararle la guerra a «todo eso», si eso supone conquistar nuevos caminos como este].
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