Entrevista con Teresa Iñesta (Repion) sobre la intensa gira de '201', su último disco, y cómo han trabajado tanto el sonido de este álbum como el directo de la banda
Fue en la [ya clásica] pista de coches de choque del Monkey Week. Hacía ya un rato que la medianoche había dejado atrás el viernes y, a pesar del frío, había una masa expectante de gente esperando. Ellas —Marina y Teresa Iñesta— acababan de estrenar disco ese mismo día. De ‘201’ apenas se conocían un para de singles. No se sabía nada, salvo quienes hubieran podido escuchar el disco esa misma mañana —algo complicado para quienes alargaron la jornada anterior en el festival—. Lo difícil de la expectación es empatarla y Repion, sobre el escenario, hizo lo improbable: superarla. Desde la primera canción ya volaron todos los peluquines, y eso que en El Puerto están más que acostumbrados a los vaivenes del levante, pero aquella ventolera era diferente porque te revoleaba desde dentro.
«Es nuestro fuerte, nuestro hábitat, el lugar donde creo que más brillo sacamos», afirma Teresa Iñesta, el 50% de Repion. El grupo, que al principio era un trío, con el tiempo terminó derivando en su pilar más estable y firme: la unión y la química de las dos hermanas. Aunque en directo se apoyan siempre del acompañamiento de una bajista (últimamente Iris Banega), la banda es prácticamente un power-dúo y así funcionan en lo creativo. Algo que han tenido en cuenta para este disco y que era esencial para luego trasladarlo al directo: «Si en nuestros bolos la sensación es de estar levantando peluquines, queríamos que eso pasara también en el disco. Este es el resultado más cercano a eso, sobre todo en temas más cañeros, aunque luego haya espacio para otros más delicados. Aún así, la gente dice que le mola más la energía del directo y lo entiendo», afirma Teresa.
Para conseguir este sonido, Repion recurrió a Santi García (Ultramarinos) para la producción y los arreglos de ‘201’. «El sonido ya se fue gestando con el EP anterior (‘Entre todas lo arreglamos’)», explica Iñesta. «Hay una distancia con el primer disco de Repion. Precisamente por querer dar un cambio contamos con Santi, que tiene mucho reconocimiento y recorrido y es un crack en dos o tres cosas que nos importaban muchísimo: el tratamiento de las voces —la principal, de mi hermana, y la mía con las armonías— y las baterías. Había que sacar a relucir el trabajo vocal de mi hermana y también hacer un trabajo fino con las baterías», detalla.
Un trabajo que viene de lejos, más de una década sobre los escenarios y que han estado puliendo a nivel estilístico y de interpretación. «Eso, unido a la sabiduría de Santi, ha dado como resultado un sonido muy nuestro, la gran dificultad de cualquier banda de rock: todas tenemos elementos parecidos, pero queremos sonar reconocibles y diferenciables».
Esa búsqueda, sumada a su larga experiencia, ha encontrado en ‘201’ la confirmación con el público, la crítica y la propia industria no solo del talento compositivo de estas hermanas, sino de la personalidad y la energía con la que encaran los directos. Si ‘Repion’ vino a ponerlas de nuevo sobre el tablero, ‘201’ ha abierto nuevas puertas y caminos para la banda. Algo que viene a confirmar la propia gira del grupo, con decenas de fechas en los principales festivales del país, además de los shows en las salas de renombre del país (además de una incursión al otro lado del charco). «Sí, está siendo la gira más intensa», confiesa Teresa. «Es muy bonito ver cómo se suma más y más gente a cada bolo. Es un crecimiento, no exponencial, pero sí constante».
De cara a ofrecer el mejor show posible con los elementos más esenciales de la banda —batería, bajo, guitarra, voz—, Repion ha trabajado para pulir cada detalle. No es fácil conseguir esa energía. Mucho menos, sonar como si hubiera 20 músicos sobre las tablas. «Hemos hecho un trabajo de producción del directo junto a Raúl de Lara, que ha currado con otras bandas muy top [Besmaya, Arde Bogotá, Kuve]. Nunca habíamos hecho algo así. Éramos incluso reticentes a que alguien opinara, pero nos ha ayudado muchísimo y hemos conseguido uno de nuestros objetivos: que el directo tenga muchísimo que ver con nosotros. Todas las luces, recursos, todo eso se nota en esta gira».
SOLTAR AMARRAS PARA VOLAR MÁS ALTO
Hasta hace muy poco, esto formaba parte de la idiosincrasia Repion: la autogestión como única forma de existencia y supervivencia. Con ‘201’, Repion suma a Artica al trabajo de oficina y booking, un equipo que complementa al de Mushroom Pillow (que ya venía del disco anterior). «Sí, a veces nos cuesta un poco delegar, siempre queremos estar pendientes de todo», admite Teresa. «Era un paso necesario para centrarnos en lo que realmente se nos da bien: hacer canciones y tocarlas en directo. Liberarnos de todo ese trabajo gigante que crece alrededor de la banda cada año».
Esta nueva etapa ha permitido a Repion soltar ciertas amarras para poder volar más alto, liberando un espacio mental que antes dedicaban a quehaceres de oficina. «El trabajo de producción es brutal para cada bolo. La logística, cerrar hoteles, los backliners, los técnicos de sonido y monitores, todo eso es una cadena de emails enorme. Somos una banda que no para de tocar y hay mucho trabajo detrás. Igual que con el sello, ya eso es algo que no depende de nosotras. Podemos centrarnos en lo que importa».
Esto, en boca de Teresa Iñesta, significa el doble de lo que se podría pensar. En paralelo, la artista santanderina también está involucrada en el proyecto de Aiko El Grupo. Banda que va a estrenar disco —y gira— en 2026 y que, por su lado, tiene su propio calendario de ensayo, grabación, promo, etc. «Precisamente Aiko ha esperado un poco más por este motivo. Tenemos que coordinar con mucha antelación. Para mí no es un problema: si físicamente puedo ir, voy a todo. Mientras pueda organizarme con tiempo, se puede llevar para adelante», explica. «Teníamos que distanciar los proyectos un poco, pero con tiempo es posible. Hay que hacer concesiones, porque no me puedo doblar, pero las dos bandas funcionan súper bien y nunca haría nada que perjudicara a ninguna».
Tras ‘201’, se podría definir el estado anímico actual de las hermanas Iñesta como inspiradas, ya que ambas están viviendo una de sus etapas más prolíficas como artistas. Incluso durante una gira tan exigente como esta a sus espaldas, las Iñesta siguen aprovechando los ratos de ensayo para componer. «¡Uf, claro, es que si no, te deprimes!», exclama con rotundidad la baterista. «No es que estemos pensando en un disco, pero procuramos no bajarnos nunca de la rueda de la creatividad. Siempre tenemos algo que nos motiva, un hilo del que tirar, o venimos a tocar por tocar. A veces sale un riff que guardamos y tiramos de él en el futuro. Estamos en un brainstorming, sin la presión de tener que sacar nada pronto».
A pesar de los cambios inevitables del paso del tiempo, el proceso creativo no ha mutado. Quizás, si acaso, se ha adaptado, pero sigue siendo el mismo en su esencia: «Somos recolectoras de momentos y de cosas que nos inspiran en nuestro día a día: cosas que nos emocionan y nos impactan y que apuntamos. Luego, en un día como el de hoy, de ensayo y composición, tiramos de ellas. Nunca desconectamos el interruptor creativo, sea el momento que sea. Las mejores canciones salen en los mejores momentos, pero estos también hay que crearlos».
No hay que confundir hiperactividad con prolificidad. Uno de los aprendizajes más importantes que ha traído la inercia de ‘201’ a la banda, precisamente: «He aprendido que soy un poco workaholic y que necesito estar haciendo un montón de cosas, así que intento descansar. Es verdad que he tenido muchas semanas sin disponer de una sola tarde o mañana de descanso, ni siquiera una. El momento en que paraba era un estrés para mí», admite Teresa. «Sentía que tenía que estar produciendo algo, que estaba perdiendo el tiempo, pero con el paso de los años he aprendido a disfrutar del descanso. No tengo mucho, así que debo cuidarlo y no martirizarme. Es un aprendizaje valioso. Ese, comer fruta y beber mucha agua. Hay que cuidarse en el proceso».
Sin embargo, ese escenario ha ido cambiando con el paso del tiempo. ‘Repion’, como disco, fue un golpe en la mesa. Con él llamaron la atención de quienes no la habían prestado hasta el momento. Así que es fácil entender que para ‘201’ había expectación por saber qué hacían con ella: «Sentíamos que se movía algo alrededor. Era un disco que se estaba esperando, sobre todo por ver qué hacíamos».
Así, este álbum viene a confirmar que para mover los cimientos ajenos primero tenían que asentar los propios: «Ya hemos pasado por muchas fases, como sacar canciones que nadie conocía, que nadie se enteraba que salían, que daban igual. Así que lo que más tranquilidad y paz me da es la confirmación de que el disco molaba tanto como pensábamos. Creo que nos damos por satisfechas: no solo nos gusta a nosotras, sino también al público». Y tanto que les gusta: muchos aún están buscando sus peluquines.