Curso avanzado en pogo con Arrecí0, Aiko el grupo, Juventude, Mala Gestión y El Diablo de Shanghai

La última edición del Hype Me Fest!, que colgó el cartel de todo vendido a finales de diciembre, reunió a la escena más joven de Sevilla con bandas autóctonas y nacionales

[31 de enero. 09.10h.]

—Ve a la publicación y mira los comentarios.

[«Busco entrada». «Quiero irrrr». «Alguien vendeee?». «Buscooo». «Busco entradaaaaaaa». «Entradas por favorrrrrr». «Hola, alguien con entrada? busco entradaaaa». «Busco entrada». «Busco entrada». «Busco entrada». «Busco entrada». «Busco entrada». «Busco entrada». «Busco entrada». «Busco entrada». «Busco entrada». «Busco entrada». «Busco entrada».]

—No vamos a ir ni de coña. Es imposible.

—Yo confío en que vamos a encontrar.

—Crucemos los dedos.

[31 de enero. 17.24h.]

—¡¡TENGO ENTRADAS!!

La cola llegaba a la calle paralela, media hora antes de que abrieran puertas. Era fácil —muuuuuuy fácil— sentirse viejo al lado de cualquiera de los presentes. Universitarios, en su mayoría, pero también gente de la escena (julia de arco, los de La Capital), apoyándose unos a otros en los bolos. Entre los looks dosmileros salpicaban a la vista las camisetas de Arrecí0, de Mala Gestión e incluso de Juventude. «Me mola tu camiseta», le dice uno a otro en los baños. «Y a mí la tuya».

[Llamarlos grupos emergentes es caer en el error de ser injustos.]

Algunas de las bandas del cartel de esta nueva edición del Hype Me Fest! puede que no llenen grandes aforos, que no tengan miles de escuchas en plataformas, pero sí tienen repertorio y tablas. Arrecí0, sin ir más lejos, tiene casi dos decenas de temas y aún no han publicado EP ni disco (su primer álbum se espera para la primera mitad de 2026) y aún así ya forman parte del ecosistema de salas y festivales. Con Mala Gestión ocurre algo parecido.

Los más esperados, El Diablo de Shanghai y Aiko El Grupo (ubicados en las horas centrales del festival), tienen algún trabajo a sus espaldas y cierto recorrido entre festivales de renombre como el Monkey Week. Juventude recién acaba de arrancar con tan solo unos meses de vida desde la publicación de su primer álbum y ya saben lo que es ser profeta en su tierra —con lleno en la Malandar en su primerísimo concierto—.

Arrecí0, instrucciones para liar un pogo

Empezaron y cerraron los sevillanos. Simbólico, quizás, por aquello de que la Malandar para muchos de los presentes es casa. ‘Pa reflexionar’, ‘1 wasap’, ‘relío’, ‘onvres’, ‘ROMANTICÓMANA’ o ‘Mala suerte’ son ya clásicos de la lista de reproducción actual-fresca-recién horneada de Sevilla. La sala está llena, hace calor dentro y empiezan a sobrar capas de ropa. Afuera el frío aguarda con los que se han quedado sin entrada.

«Gracias por estar aquí y apoyar a los grupos pequeñitos como nosotros», dice Marta, vocalista del grupo. Riffs de pop rápido a lo Pignoise o Avril Lavigne, letras como estados de Tuenti —pasionales, irónicas, pegadizas, personales— y cierta sintonía melódica con grupos como Ginebras e incluso un poco de sus paisanos Vera Fauna. La calma llega con ‘Frío’, el nuevo tema presentado en directo esa noche, quizás la única canción que más se sale de los esquemas de Arrecí0.

Para retomar impulso, el grupo se encarga de formar el primer pogo de la noche con Guille (guitarra y voz) en medio de la pista haciendo movimientos con las manos pidiendo espacio. Rodeado por un círculo de gente, el músico empieza a girar y girar, avisando, coordinando el pogo. El director de orquesta de una avalancha de gente. Mueve sus manos como una batuta: piano, piano, avanti, ¡aaaaho-raaAA!

[Por supuesto, no sería el único pogo de la noche. El cartel de esta edición parecía haberse pensado como el de un retiro en el que hay distintas actividades para reconciliarte con tu yo interior, encontrar la paz, etc. Solo que este retiro no era para encontrar la paz, sino el caos, el sudor y el desfogue. Es decir, la verdadera felicidad].

El grupo sevillano deja un buen sabor de boca, tanto en su presencia escénica como en el desarrollo de un repertorio donde hay momentos para todo: el guitarreo, el tranquileo, el baile de culos y codos. Talento, personalidad y ese nosequé que se precisa en la receta de todo el que pretenda cocinar canciones sorprendentes y memorables.

La actitud ‘anganga’ de Mala Gestión y El Diablo de Shanghai

El ritmo de la noche se fragua entre pausas de diez o quince minutos para cambiar de banda. Pim, pam, pim, pam. La música de Mala Gestión entra en escena. El grupo valenciano viene con todo un repertorio de temas ‘angangos’: canciones a la farlopa, al cigarrito, a la yonkilata, a liarse con una cayetana. Ironía juvenil, macarreo espiritual y una presencia enjuta y despreocupada.

Elías, vocalista del grupo, hace una performance perfecta de un aparcacoches con una yonkilata que de repente es fichado por un grupo punk. Bailes lacios, gritos al micrófono en los estribillos, ingredientes perfectos para que el pogo no pare en la sala. El directo es un crescendo sin fin —como el de una noche de desenfreno con 20 años— con temas como ‘Noche de casino’, ‘Dios me tiró un Ducados rubio’, ‘Diésel’, ‘Cayetana’ o ‘Todos mis amigos tienen sarna’.

«Rita Barbará / Jamás te olvidaré  / Quiero ser como Carvajal  / Jugar al fútbol / y no saber hablar». La banda levantina termina el concierto y deja la sensación de haber vivido algo único, como quienes iban a los conciertos ilegales de Extremoduro en casas abandonadas y descampados. «Hoy es martes / es noche de casino / ayer fue lunes / y es noche de casino».

Toma el relevo escénico EDDS. «Yo he venido aquí por ellos, lo vas a flipar», le dice un chaval a otro en la pista. El grupo, que sacó un álbum en 2023 (‘113 Pasos Adelante en el Ensanche’), es uno de los platos fuertes. Los catalanes tienen esa impronta heredada de los grupos de la Movida Madrileña, como Carolina Durante. Ese medio recitar, medio gritar al micrófono, unido a guitarras y ritmos acelerados. Canciones como ‘Magia Roja’ o ‘Patti Smith’ brillan con especial intensidad ante una masa entregada al crowdsurfing y al salto-continuo-y-perpetuo.

No digas punk, di Aiko el grupo

[Se alumbra la pantalla del móvil: ‘Hay dos entradas disponibles para tu evento en Sevilla’].

—¡Hay gente que está vendiendo ahora la entrada!

Llega el momento de Aiko el grupo y queda patente el sold out del festival: los fans acuden a la llamada como si fueran a la guerra. Y, en parte, lo es. Aiko el grupo es la bandera de los márgenes, la vereda del andén. Es cierto que la música de esta banda no es estrictamente punk. Ni en el compás ni en el ritmo, pero hay algo contracultural en sus letras, en su actitud, en su presencia, que es punk. Muy, muy, muy punk.

En algunas tiendas de música se pueden comprar unas camisetas con un eslogan que pone algo así: «El punk lo inventaron las mujeres, no Inglaterra». No hay que fiarse de cualquier cosa que diga una camiseta, pero tampoco hay que desdeñarlas si la frase no solo es buena, sino cierta.  Aiko el grupo es puro punk. En sus letras, en su actitud, en su energía, en su presencia. Se usa mal el término punk con demasiada frecuencia: hoy en día mola decir que cualquier cosa es punk. No nos equivoquemos como con Inglaterra: al punk lo que es del punk. Es decir: a Aiko El Grupo, lo que es del punk.

Temas como ‘k pesao’, ‘A mí ya me iba mal de antes’, ‘Soy una fracasada estúpida’ o ‘Me parece muy fuerte’ parecen haber sido compuestas como reclamo del sector de los fisioterapeutas: cuellos que se tuercen arriba y abajo, espaldas que reciben codazos sin parar, vértebras derrapando de un lado a otro. La primera en dar ejemplo la vocalista del grupo, Teresa Iñesta —guitarra en Aiko, batería en Repion, grupo del que también forma parte junto a su hermana Marisa—, que si llegó peinada al concierto es difícil saberlo por el movimiento constante del cabeceo. Aunque pudiera parecer que Teresa está sola al frente la acompañan como frontwomen en línea de tres Lara Miera (a la guitarra y coros) y Bárbara Lopez (a la mesa de efectos, teclados y voces).

El pogo hiperrealista de la peña de la pista

Hay un único problema con que la noche cierre con Juventude y es que sus conciertos siempre saben a poco. No porque no sacien, no porque les falte algo, al revés: es como ese capricho que te das a media tarde para quitarte el hambre. Te dices: me lo merezco, por un día no pasa nada. Hoy me voy a dar el gusto. Lo abres, empiezas y cuando menos te lo esperas ya se ha terminado. ¿Te ha saciado? Sí. ¿Seguirías? Por supuesto.

Eso es Juventude.

No es gula, es vicio. No seamos remilgados: hay vicios deliciosos, exquisitos y, por cierto, muy sanos. La música lo puede ser y Juventude ha encontrado cómo y la primera, algo que no todas las bandas pueden decir. Esta vez —Nico, Ángel, Charlie, Juan y los trompetistas Manu y Javier— saltan al escenario sin máscaras ni performance: directos al pogo. ‘Dicen de ti’, ‘Mis pecados’, ‘Los potrillos’, ‘Los Reyes Magos’, ‘La Motillo’: a pesar de que el setlist es un poco más recortado, la Juve tiene temas de sobra para ofrecer un show de altura.

Nico demuestra una vez más ser un vocalista excelso y un frontman con personalidad. Entregadísimo a cada contoneo melódico, el músico mide los movimientos de su bajo de izquierda a derecha antes de empezar el concierto para comprobar que con el vaivén del directo no va a chocar contra ninguno de sus compañeros. Entre saltos y bailes el músico ofrece a las primeras filas un show único: «Venga, que empezamos, decidles a los que están fumando que entren… o bueno, mejor, que nos escuchen formando jaleo y aprieten el culo, coño», avisa desde el escenario.

[Ángel y Nico han creado una formación de músicos de altura con Juan a la batería, Charlie a la guitarra y Manu y Javier a los coros y vientos. Músicos jóvenes, pero con tablas. Y mucho, mucho age y talento. Porque aunque Juventude no haga música con raíz, las suyas son creaciones con aire sevillano y con acento andaluz, tienen ese punto picaresco, esa gracia natural, ese sabor a mezcla de músicas variadas que van del folclore y la verbena al breakbeat o el stoner. Y para llevar todo eso al directo con coherencia se precisa de músicos tan talentosos como estos].

Se produce entonces uno de los momentos más especiales de la noche: la versión de ‘Menamoro’ de Extremoduro en homenaje a Robe Iniesta. El grupo sonríe entre ellos, sabedores de que están bordando la ejecución del tema que no solo suena al Extremoduro más noventero, sino que además tiene ese punto Juventude a las voces y vientos. Mucha gente critica que las bandas hagan covers o temas de otros artistas en sus directos: hemos pagado para verte a ti no para escuchar estoskngldfngdfl. No merece la pena entrar siquiera a comentar, porque el que sabe de verdad hacer música y dar un directo, no necesita explicar nada, tan solo hacer lo que le pide el cuerpo. Y menos mal que a Juventude les pedía el cuerpo hacer esta versión que, tanto para los seguidores de los extremo como los de la Juve, fue todo un regalo.

[La noche termina con algunos mirando los próximos conciertos de Juventude a ver si pueden encontrar alguna entrada. Ese es el nivel de hambre que dejan sus directos].

El Hype Me Fest! cumple un año más. A pesar de ser en un espacio cerrado, la noche no se hace larga, ni cortos los conciertos. Cabe destacar la buena elección del cartel, más allá de los estilos, quizás destaque el no-estilo de las bandas, es decir, su mente abierta ante la composición sin querer ser complacientes a los algoritmos. No quieren seguir recetas ni fórmulas, no persiguen la viralidad a pesar de ser la generación que convive con las redes y el streaming como única forma de subsistencia de sus proyectos. Y, aún así, esta noche queda clara una cosa: no hay nada sobre lo que emerger, ellos y ellas ya están arriba, solo hay que ir a verles en directo, comprarles el merchan, compartir sus canciones, para seguir ahí. Solo eso.

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