[Entrevista] Mala Gestión, la banda que convirtió el absurdo en un reflejo generacional: «Solo queríamos hacer temas que molaran»

El grupo valenciano Mala Gestión, en la gira de su segundo disco ‘Hacemos lo que podemos’, pasa por el Monkey Weekend SON Estrella Galicia los próximos 26 y 27 de junio

El éxito, cuando aparece, puede ser repentino, inesperado… pero este no es el caso. Aquí hablamos de ese tipo de éxito que llega por acumulación, de forma progresiva y natural. Aun así, nadie se libra en estos tiempos de los ecos de la viralidad, esa bomba expansiva que te puede mover del sitio en un instante, por mucho que hayas estado huyendo de ella labrando en silencio tu propio camino. Hablamos de Mala Gestión y su directo en La Radio Encendida de Radio 3. El vídeo —viral— en cuestión capta un fragmento de la canción ‘Noches de Casino (This Gambling Man)’ en directo. Tras él, se ha desencadenado una bola de nieve que empujamos entre todos: los que lo aman, los que lo odian. Al final, la bola termina siendo enorme.

«Galgos, millones de galgos /
Galgos corriendo al lado de calvos, calvos peleándose con galgos /
¿Cuál es el calvo ganador? /
¿Qué galgo va a correr más rápido? /
¿Cuál es el calvo más aerodinámico? /
Calvos que vuelan, calvos corriendo /
Apuesta a tu calvo favorito»

Es la actitud del vocalista, Elías McCabe. Gafas de sol, pelo desgarbado, alto pero de hechuras enjutas. Con esa vibra de asesino del crooner: impávido, inexpresivo, dubitativo, aunque de paseo inquieto sobre las tablas. Es, también, la energía de Héctor Soriano a la batería, las poses de Guille Llop y Joan Adsuar a las guitarras, la performance vivaracha de Pablo Prats al bajo. Es por supuesto, la melodía pegadiza, la letra absurda y satírica de un personaje demasiado común en estos tiempos que vivimos; reflejo, en cierto sentido, de la decadencia humana y del propio sistema capitalista. Es, ante todo, una música que no deja a nadie indiferente. La fórmula perfecta de la viralidad, en estos tiempos donde la gente elige habitar los extremos las 24 horas del día.

Son veinteañeros disfrutando de su momento más dulce hasta la fecha. «La verdad es que ha sido todo muy de sopetón», confiesa el propio Prats al otro lado del teléfono. «Aunque lo digo siempre: no nos pilla tanto de sorpresa porque siempre nos ha ido guay, a distintos niveles, pero nos ha ido bien, ha sido progresivo: la gente de nuestro alrededor lo recibió bien; la gente de Valencia nos recibió bien; los de la Comunidad, también. Allá donde hemos llegado hemos tenido buen recibimiento».

Pero este disco es diferente: la bola de nieve se empieza a hacer más grande, sí, pero también más rápido. De hecho, toda esa exposición no solo ha traído una gran repercusión mediática y en redes, además de nuevos seguidores de la banda, sino también a muchos detractores. «Es lo que tiene la exposición. Hemos recibido muchísimo hate en redes por ese vídeo. Hay muchos metalpacos y fitofitipalders que nos han dicho cosas del tipo: ¿y esto se paga con mis impuestos [La Radio Encendida de Radio 3]? O algunos nos han dicho algo así como: ¿y esta mierda es música? ¡Esto es una basura!», afirma Prats, no desde la preocupación, sino desde la tranquilidad: «No es algo que me obsesione, lo hablaba el otro día con una amiga: creo que no hay nadie que pueda lanzarme hate y que me afecte. También nos dicen muchas cosas bonitas, estamos contentos con eso».

Mala Gestión acaba de anunciar gira de salas por (casi) toda España para presentar su segundo trabajo de estudio: ‘Hacemos lo que podemos’. Entre sus próximas fechas está el Monkey Weekend SON Estrella Galicia, una cita importantísima para bandas que comparten estatus y momento vital. «Siempre hay incertidumbre cuando te va guay, en la música todo es muy volátil. A lo mejor de repente siento que tengo que hacer unas oposiciones, ser administrativo, tener un curro para siempre. Esto al final es lo que nos mola. Nos sale solo, yo al menos no lo puedo evitar», explica, aunque admite que este proyecto musical siempre ha sido una excusa para disfrutar de la música junto a sus amigos: «Los grupos son al final como una relación, pero esto es un grupo de amigos y nunca lo hemos enfocado todo en plan business ni nada. Disfrutamos mucho, no hemos tenido ninguna discusión como los hermanos Gallagher ni nada de eso».

Las redes sociales son solo un reflejo del momento de Mala Gestión, la realidad luego es más compleja. No obstante, en este ecosistema donde la música se ve obligada a posicionarse como un contenido más, Mala Gestión se mueve como pez en el agua. Principalmente por su falta de interés por los números, las tendencias, ni siquiera por la periodicidad y ese tipo de palabros que tienen más que ver con el marketing que con la creación musical. «Es bastante natural todo. Hemos crecido consumiendo ese contenido y simplemente replicamos cosas que hemos visto. Pienso que un referente es Mr. Jagger, hemos crecido con sus vídeos. Y ahora si soy yo el que hace un vídeo, inevitablemente en él sale ese humor absurdo de este tipo de referentes, pero de forma orgánica». No hay una conversación al respecto en el grupo para gestionar las redes sociales: como con la música todo nace de la pulsión, del nervio, de la bisoñez incluso. «No tenemos un plan de redes como otras bandas, marcas o empresas. Es bastante al tuntún, a lo que se nos va ocurriendo».

Esto entronca de forma medular con sus composiciones, pues el humor es casi la columna vertebral que sostiene sus letras. Tanto, que incluso algunos confunden esta manera de enfocar las canciones con una falta de seriedad hacia las mismas: «No somos los Mojinos Escozíos», sentencia Prats. «No porque sea mejor ni peor, sino porque creemos que el humor es una manera más de comunicar y de reflejar las personas que somos. Es un ejercicio de honestidad, si se puede decir», aclara.

En Mala Gestión hay muchas capas debajo de lo absurdo. Hay un retrato de la sociedad, desde la perspectiva de la generación a la que le toca entrar en el mercado laboral, en el desesperanza de encontrar una vivienda y en el hastío hacia quienes pueden hacer algo por detener el cambio climático y no lo hacen: «Nuestras canciones hablan de cosas, en el fondo son serias, pero tienen esa capa de humor absurdo que es lo que hemos mamado desde chicos con las redes sociales e internet. Ese humor de colapso, de sociedad en declive, absurdo y sin sentido. Nuestro humor es surrealista, viene de esa cultura del meme de internet. Humor de lobotomía, diría yo».

Nada de esto ha sido premeditado. Es como un caldo al que han ido añadiendo ingredientes, poco a poco, mientras se iba haciendo a fuego lento en sus cabezas. De cara a este segundo trabajo, ‘Hacemos lo que podemos’, el grupo llegó al estudio con muy pocas canciones terminadas, algunas ideas esbozadas y un par de bases melódicas sin letra. «Aunque haya sido fruto de la improvisación», detalla Prats, «todo nace de un proceso de aprendizaje de los últimos años donde hemos canalizado todo lo que hemos ido absorbiendo. Es como tener un momento de lucidez donde todo tiene sentido de repente, no es cosa de un pedo mental», aclara. 

También hay una diferencia en el sonido respecto al primer disco, no solo de estilos y referentes, sino también de texturas y arreglos. Un proceso que ha dado lugar a temas como ‘Ex – Ex (Pareja)’, ‘Skol’, ‘Diésel’ o la viralizada ‘Noches de Casino (This Gambling Man)’. «En el primer disco yo no estaba en el proceso de producción, por ejemplo, han cambiado muchas cosas entre uno y otro. Eso se refleja en el sonido del disco. También hemos crecido como personas, nuestros intereses se han ampliado: de repente hemos metido techno en el disco. Hemos cogido todas esas cosas que nos emocionan de algún modo y las hemos metido en este trabajo».

Una balada, una techno, una con vientos y teclados, el punk, el garage…  ¿Cómo encaja todo esto en un disco? Para evitar la-pregunta-del-estilo, Mala Gestión ha recurrido al palabro mágico de Los Chivatos, el ñunk, pero ni por esas se han librado de tener que responderla. 

—¿Es posible que vuestra generación se sienta más apelada por el no-estilo?
—Puede ser, no lo sé. Las tribus urbanas han desaparecido. Hace 20 o 30 años había emos, punks, metaleros. Ahora no hay nada de eso, está todo muy homogeneizado, quizás por el acceso a Internet, que acabas cogiendo un poco de cada sitio, haciendo tu propia amalgama —reflexiona Prats—. Somos personas con intereses muy variados, nos juntamos con peña que cada uno es de su madre y de su padre, creo que eso se refleja en nuestro estilo. Puede ser que sí, pero bueno, aún hay bandas que se ciñen a un estilo concreto, no sabría decirte.

En el caso de Mala Gestión, y la grabación de ‘Hacemos lo que podemos’, el proceso creativo ha sido fruto de esa pulsión hacia lo fresco. La adrenalina de lo improvisado. Nada es conceptual, nada está sobrepensado: solo querían plasmar quienes son ahora, en este instante, con las inquietudes creativas que les llevan a componer estos temas. «Igual es una respuesta tonta, pero solo queríamos hacer un disco que estuviera guapo. No teníamos ningún planteamiento, solo queríamos hacer temas que molaran. Fuimos prácticamente con las manos vacías, no teníamos muchas expectativas».

—¿Y eso no da vértigo?
—Muchísimo, tío. Muchísimo. Recuerdo los primeros días de preproducción, cuando los temas no están ni grabados, que estás ahí viéndolo con ojo de productor para ver qué se puede cambiar y tal, y recuerdo llegar a casa y decir: me he equivocado en la vida, yo no tenía que ser músico —confiesa entre risas—. Luego el vértigo cambia por la gratificación de estar haciendo un disco, de ver que las canciones salen. Es como cuando le dices a alguien que te gusta y al principio da mal rollo, pero una vez que se lo dices te das cuenta que tampoco es para tanto.

En este sentido, aunque el proceso creativo ha encontrado su equilibrio en la caótica explosión magmática de la improvisación, han sido las pequeñas decisiones de producción las que han ido guiando los temas hacia lo que son: «Es complicado de definir. Supongo que las decisiones más importantes han sido los referentes que llevábamos en la cabeza. Por ejemplo, yo quería que ‘Noches de Casino’ tuviera un rollo a lo Viagra Boys: que el bajo esté distorsionado, que la batería haga un ritmo de semicorcheas con el hi-hat. Depende de lo que te pida el momento. Esas decisiones son fruto del momento creativo, que haya algo que te haga sentir que es lo correcto y eso es importante respetarlo como creador».

El éxito de este disco, y su repercusión, empieza a notarse en la gira que acaban de publicar, donde encontramos algunas de las principales salas, ciudades y festivales del país. De hecho, Prats admite que precisamente eso es lo que más está disfrutando de este momento tan dulce: «La última vez que estuvimos en Sevilla viajé solo, cogí un tren temprano y visité toda la ciudad, algo que normalmente no podemos hacer. Y me encantó, no me lo esperaba así para nada. Yo solo, con todo el calor de Sevilla. Fue genial, aunque hacía tanto calor que parecía que alguien se había dejado el horno abierto», bromea.

La bola de nieve sigue creciendo. Y en este crecimiento es esencial su próxima parada: el ‘Monkey chico’, un escaparate inigualable para un disco como ‘Hacemos lo que podemos’ y que puede llevar al grupo a otro estatus: el del reconocimiento de la crítica y del público, como algo genuino, fresco y difícil de empatar. Y que no todo se quede en la anécdota de ese vídeo de Internet donde salen unos chavalitos cantando una canción que habla de calvos, galgos, póker y farlopa.