La garra, el duende y los versos que nacen de los claveles

Pilu llena la Fun Club en la presentación de su EP ‘Oxígeno falso’, en una noche especial donde, además, luce un nuevo formato de directo junto a Nuria Capote (MASA) a la guitarra y Pablo Narea (arrecí0) a la batería

Es en lo inexplicable donde al duende le gusta aparecer. «Al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre», escribió Lorca en su ‘Teoría y Juego del Duende’. Si algo quedó claro el pasado 22 de mayo es que, sobre el escenario, hay algo en la impronta de Pilu que resulta inexplicable de una forma excepcional.

La Fun Club, a rebosar para la presentación de su EP ‘Oxígeno Falso’, era un popurrí social con una variopinta mezcla de estilos por un lado, y una homogénea estética tradicional por el otro. Ambos, compartiendo espacio-tiempo con esa armonía tan propia que tiene la Alameda y que Pilu ha conseguido congregar alrededor de su música a base de talento. «Sevilla, qué ganas tenía de esta noche, es probablemente el día más feliz de mi vida», anuncia la artista tras dejar caer esa lona de plástico que la acompaña en esta etapa, como parte de su performance metafórica. 

Animal Salvaje’, tema con el que abre el concierto, es el zarpazo que despierta al duende. La voz de Pilu sube rasgada y luminosa como la de Migue Benítez, y no será la única sombra del jerezano proyectada desde el escenario esta noche. Tras ‘Una luz’, Pilu presenta a los dos músicos que la acompañan en este nuevo formato de directo: Nuria Capote (MASA) a la guitarra y Pablo Narea (arrecí0) a la batería. Dos músicos de altura que imprimen una contundencia melódica necesaria. No porque hubiera carencia de ella, sino por cómo expanden el mapa de lugares a los que pueden llegar sus canciones. Algo que quedará latente en los nuevos temas que presentará a lo largo del show.

La primera de ellas, ‘A quién se lo debo’, resuena pegadiza entre las palmas del público, que la acompaña mientras Pilu se agarra a su bajo con garra. El show vuelve al EP con ‘Años Dorados’ y ‘Mi hogar’, antes de lanzarse hacia los nuevos temas una última vez. «Esta es la canción favorita de mi abuela, que ha venido con mi abuelo a verme. Así que esto es para ti, abuela», dice Pilu antes de tocar ‘Manos vacías’, sola sobre el escenario con su guitarra acústica. Este es otro de los temas que aún está por ver la luz y que dan la razón al respetable: hay todavía mucho —y muy bueno— por descubrir en Pilu.

Tras ‘Caída Libre’, la jerezana lleva al escenario una versión de ‘Poeta encadenado’. Un homenaje ejecutado con personalidad y maestría, llevándolo a su terreno musical a través del bajo y que alcanza una altura digna de la canción original gracias al trabajo de Nuria y Pablo como escuderos. Es en este tema donde se entrevé con mayor claridad otra sombra, la de Carmen Boza. No queda claro si es en la presencia, en las formas de hacerse una con el bajo o en los pliegues de la voz. Quizás sea de nuevo en lo inexplicable, en el duende, donde se encuentran ambas. Quién sabe, a veces la belleza habita donde no existen las respuestas.

Para el último tercio de la noche Pilu reserva tres temas nuevos, así como el que da título al EP: ‘10 veces’, ‘Me enredé’, ‘Oxígeno Falso’ y ‘Echando raíces’. Entre crescendos, estribillos coreables, ritmos acelerados e incluso un toque de distorsión, Pilu hace gala de una colección de canciones —de versos que nacen de los claveles— que van a dar mucho de qué hablar más pronto que tarde. Sin duda, la jerezana dejó claro a base de garra que al duende no se le busca: se le despierta. Y ella sabe perfectamente cómo hacerlo. 

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