La sala X —como cualquier sala importante de la ciudad— es una plaza complicada para los grupos. En realidad, Sevilla es una plaza complicada para los grupos de aquí, confirma un músico sevillano. Las razones son variadas, pero la principal es la cultura de conciertos. O la falta de ella, claro. La curiosidad perdida por descubrir algo nuevo en el ecosistema musical; por formar parte de las primeras veces de un grupo o artista local, de la experiencia que supone acompañarle hasta el reconocimiento (en mayor o menor medida).
Por eso, lo de este sábado 23 de mayo ya no es una cuestión de aforo —aunque siempre lo sea—, sino de resistencia. De creer en lo que se tiene entre manos, de empujar para encontrar el sitio. De decirle a Sevilla que se puede poner todo lo complicada que quiera: hay fe suficiente para seguir tirando los dados.
Este sábado Pando y Ktavinos, dos grupos emergentes de la capital hispalense, unían fuerzas en un cartel conjunto para presentar sendas propuestas musicales a la ciudad. Presentar no es el término más adecuado porque no era la primera ocasión para ninguno de ellos: ambos han estado en el último año en otras salas de la ciudad, en otros carteles conjuntos. Pero esta ocasión suponía, de hecho, eso: insistir. Despertar de su letargo al público hispalense e invitarle a que forme parte de algo que emerge y que está a un par de pasos de llegar a las plataformas; de cumplimentar todo lo que se les exige a las bandas de hoy para alcanzar el siguiente nivel.
Y ambos tienen casi todos los checks marcados. Ktavinos abrió la noche y presentó ante la X casi una veintena de canciones. ¡Una veintena! Un grupo que tiene la friolera de ¡cuatro canciones! en streaming. [La definición más certera de emergente, sin duda]. Sobre las tablas Ktavinos derrocha humor, diversión y personalidad. Canciones aceleradas que se disfrazan a veces de pop, a veces de rock y que navegan en ese no-estilo que caracteriza a una generación que se aleja por instinto de la anterior, sin renegar de sus raíces, pero manteniendo las distancias con los estilos más tradicionales y, por supuesto, con el flamenco o el rock andaluz.
Propuestas como las de Pando o Ktavinos se nutren de sus predecesores para hacer algo totalmente diferente: sencillo, rápido, ligero. Que no implica fácil o simple, por supuesto: no hace falta ser estilista para saber coser un botón y hacerlo de forma que no se vuelva a caer en mucho tiempo. Y los Ktavinos (Enrique Lacave a la guitarra y voz; Alberto Coronel al bajo y voz; Nicolás Almagro a la batería; y Miguel Fernández también a la guitarra y voz) se han propuesto exactamente eso: coser un botón, pero hacerlo por derecho. Y, sobre todo, con personalidad.
Es difícil esquivar la avalancha de letras que sueltan sobre el escenario, con esa declamación punkarra que lo llena todo de rimas locas y riffs. Canciones como ‘La Besé’, ‘Glow up’, ‘Nuevo drama’, ‘Cayetanitos’ o la coreada ‘Patinetes Eléctricos’ siembran el interés en un show que atraviesa tramos muy variados y decisiones a veces arriesgadas. Una de ellas, no tener un ‘frontman’ fijo: hasta el bajista canta una canción a mitad de concierto.
En la búsqueda por encontrar su identidad, Ktavinos intenta no tomarse en serio demasiado y divertir al público con sus discursos entre canciones, sus decisiones creativas (como incluir el punteo de Sweet Child O’ Mine en uno de sus temas), bailes e incluso algo de performance con unas gafas de sol horteras, entre otros ejemplos. El resultado es fresco, es diferente, es entretenido. Tienen algo entre manos que deben pulir y siguen insistiendo en ello a base de perfilar un directo que no deje indiferente a nadie. Si mantienen ese espíritu y esa actitud, desde luego lo van a conseguir, se ponga Sevilla como se ponga.
La segunda mitad de la noche es para Pando. El proyecto solitario de Fernando Peralta (guitarrista de arrecí0) está viviendo una fase de reinicio. El propio artista lo confiesa sobre las tablas: ha pasado por un mal momento, pero ahora está totalmente libre para volar a más altura. Para el show, el artista ha revisitado junto a su banda las canciones que hasta ahora tenía compuestas (y en streaming) para llevarla a otros lugares más cercanos al brit pop. Tanto es así que su presencia en escena para los primeros temas recuerda a una mezcla entre Liam Gallagher y Grian Chatten.
El primer acierto de Pando es rodearse de una banda de buenos músicos: Juan Jose Peralta (guitarra) Juan Campaña (batería), Antonio Gonzalez (bajo) e Inés Garzón (teclados). Aunque el suyo sea un proyecto solista, Pando ha encontrado en ellos no ya una base sólida, que también, sino un terreno fértil donde pueden arraigar con más fuerza sus canciones y crecer más alto con las nuevas.
Canciones emocionantes y aceleradas llenan el repertorio de Pando, tanto el antiguo como el más novedoso. Incluso deja lugar para la sorpresa, con una balada a medio tiempo que el músico dedica a su pareja, la teclista del grupo. ‘No sé cuándo me curaré de ti’, ‘Un día +’ o ‘No recuerdo’ —que canta acompañado del jovencísimo productor y músico Rizza— son tan solo una parte de todo lo que brilla en su propuesta: y es mucho.
En la escena sevillana, siempre efervescente y bulliciosa, hay una nueva generación que quiere hacer las cosas de otra manera. Vajilla Cartujana, Helicóptero Boom, mateo, Andra Venus, Kariátides, Velx, Kave Kanem, julia de arco, entre muchos otros, que tienen en común algo más que compartir quinta. Hay una actitud creativa transversal a este movimiento musical, cuyo máximo representante podría ser perfectamente arrecí0 —quienes, por cierto, presentan disco esta semana—. La cuenta atrás para que estos grupos empiecen a brotar con fuerza está a punto de terminar y Sevilla tiene el deber de despertarse rápido si no quiere ser la última en enterarse.