Wave Sevilla, la escena que emerge desde la periferia

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E. M. Malpartida

Estaba Amaia en el Cartuja Center. Morgan en la Custom. Iseo & Dodosound en la Pandora. Def con Dos en la Malandar. Y un homenaje a Triana en el FIBES. Un viernes normal en Sevilla. A las afueras de la ciudad, en la Sala Holländer, la escena periférica al centralismo musical pedía su momento.

La Holländer es uno de esos rincones con piel de polígono que lleva tatuada en sus paredes —carteles, pegatinas, pintadas— toda esa otra vida que late desde los márgenes. Gracias a espacios como este, y al trabajo de colectivos como Wave Sevilla, todas esas propuestas más experimentales, alternativas o recién llegadas a los escenarios pueden gozar de espacio —y oportunidades— para llevar su música al directo y, así, ampliar su público.

[Para la cita de este viernes, Wave Sevilla preparó un cartel de alto voltaje: The Humedo, Eva Outeiro, La Jvnta y Kave Kanem. Una alineación de propuestas que, aunque dispares entre ellas, tienen en común la pertenencia a esa ola de grupos que empuja con ahínco y que hace fuerza entre ellos, colaborando, para ganarse un hueco en la agenda de la capital hispalense].

Sin paños calientes: The Humedo toma el escenario. Sube el volumen de la sala, la música se escucha desde afuera. «Menos mal que esto está donde Cristo perdió el mechero», comenta alguien en la puerta. Entre los asistentes son cada vez más frecuentes los tapones en los oídos: son muchas horas expuestos a un volumen tan alto, en un espacio pequeño. El propio colectivo lo avisaba horas antes en sus redes: «Llevaos algo de cena y unos tapones, la noche va a ser larga».

El pulso se acelera con el eco de la música de The Humedo. En formato dúo, el grupo sevillano compuesto por Alberto López Ballesteros (caja de ritmos) y Sergio Santos Duran (theremín y sintetizador) hacen que el público se olvide (un poco) de la lluvia y de la nefasta semana. Primero con timidez, luego desinhibidos, los asistentes cabecean y se contonean con los ritmos continuados de la dupla. No hay pausa, no hay meseta: todo es escalada, escalada, escalada.

[¡Beat, beat, beat!¡ Beat, beat, beat! ¡Beat, beat, beat! ¡Beat, beat, beat!]

La mezcla de electrónica con el theremin genera miradas curiosas. «Pensaba que el grupo de electrónica sería al final, suele ser lo común», comentan entre el público. Pero la noche no va de lo normal, lo lógico, lo esperado. Al contrario: hay una sensación placentera como consecuencia de lo caótico —pero intencionado—. A las 22.01h, clavados en la puntualidad, The Humedo cierra un show de altura y deja el escenario para los que están por llegar.

—¿Qué viene ahora?
—Una pandereteira. Electro-pandereteira, de hecho.
—¿Electroqué?

Primero llega el sonido de los pájaros entre la oscuridad. Luego suena un motor, como de una moto o una segadora. Entre ellos se cuela la voz de Eva Outeiro. La artista galega siembra la calma y la expectación tras el impulso de The Humedo. En ese crescendo, Outeiro —sentada al frente junto a una caja de ritmos y sonidos, acompañada de su pandereta— va hilando tema tras tema. Partiendo de la música tradicional galega, pero envuelta en encajes de experimentación y electrónica, las canciones de Outeiro hipnotizan como quien escucha un canto ancestral. Algo incomprensible para el oído (de la mayoría), pero no para el alma.

Outeiro aprieta la caja de ritmos y luego la pandereta, sube de marcha e intenta sacar al público del hechizo: «¡¡Tenéis que bailar más, eh!!», increpa bromeando desde el escenario. «Bueno, no tenéis que bailar si no queréis, pero estaría genial», dice, tras tocar una jota enraizada entre ecos y beats. «En Galicia después de una jota siempre va una muiñeira», añade, antes de lanzarse al siguiente tema. Outeiro canta a veces a capella, otras acompañada de sonidos de agua, y en el segundo tramo casi siempre acompañada de su pandereta.

—¿Hay un tío ahí con una pandereta? —dice alguien señalando a un tipo que ha sacado una pequeña pandereta entre el público, mientras a su alrededor se forma un círculo.

La gente hace piña para arropar a Outeiro entre bailes y congas culturalmente cuestionables [exentas de culpa por la buena voluntad del público de acompañar a la artista sobre el escenario]. «No podéis pedir otra más, lo siento, es que tiene que tocar más gente», dice la gallega en respuesta a los otra-otra del respetable. «¡¡¡Solo sí es sí, ¿vale? Y he dicho que no!!!», bromea entre risas la artista. «He visto a raveros bailar aguantar mucho menos que a señoras de ochenta años en Galicia, desde por la mañana hasta por la tarde, bailando muiñeiras. ¡Y sin drogarse!», exclama, antes de lanzarse a por el último tema de la noche.

La propuesta de Outeiro deja ganas de más, quizás por ese crescendo animoso y divertido que impregnó el aire de un aroma festivo para el público, que a su vez no sabía muy bien qué se iba a encontrar y se llevó a casa lo que vino buscando: una grata sorpresa. «¡Gracias, Sevilla! Tenemos mucho en común, los polos opuestos se atraen, pero no somos tan distintos. La periferia hay que habitarla», esgrime la gallega antes de dejar el escenario.

El último tramo de la noche queda reservado para dos grupos unidos por el punk: La Jvnta y Kave Kanem, respectivamente. Esta es una noche especial para La Jvnta, cuyo setlist está compuesto en su mayoría por temas de lo que será su próximo disco tras el cambio de formación (con Álvaro Morato y Adriana Puentes como incorporaciones, manteniendo a Mario Mugre y a Ismael Prieto como núcleo de la banda).

La banda sevillana de punk neomudéjar mantiene tan solo un par de temas antiguos en su directo. Ya en escena, con Mugre al bajo y a las voces, Adriana al violín y coros, Álvaro a la guitarra y Prieto a la batería, el grupo no necesita más que un par de acordes para tener al público en el bolsillo. Temas como ‘Guadalquivir rojo’, ‘Nuba’ o ‘Nomeolvides’ conforman la parte central de un repertorio que rebosa versos revolucionarios y líneas rítmicas poderosas. El encaje de la banda irá tomando rodadura en los conciertos que se esperan para este 2026, pero [con los mimbres de esta nueva formación] el futuro de La Jvnta se abre hacia horizontes melódicamente muy prometedores.

—No quiero dar la turra, pero sí que quiero explicar…
—¡Danos la turra, por favor! —le increpan a Mugre desde el público, bromeando.
—¡Pues ahora la voy a dar! —responde entre risas.

La solidez musical de Morato y los aportes musicales de Puentes embellecen las costuras de las nuevas composiciones con una paleta de formas y colores que le sienta genial a esta nueva Jvnta. La noche de la banda sevillana cierra con los vientos revolucionarios de ‘La Hoz’. «No pidáis otra porque no hay, es que no hay más», incide Mugre como lo hizo Outeiro anteriormente. El público de Wave Sevilla puede no ser el más multitudinario de este 6 de febrero, pero es el más fiel a la escena, al abrazo tan necesario de este tipo de propuestas.

Como suele ocurrir en las ferias de los pueblos, llegan los fuegos finales. [La feria como acto comunitario donde se estrechan lazos y se celebra la vida, la cultura y la tierra]. Irrumpe en escena el aplaudido estruendo sonoro —dicho en positivo, por supuesto— de Kave Kanem y su potente propuesta de punk rock. Los más jóvenes del cartel, los Kave Kanem: Dani González la guitarra y voces, Hugo López a la batería y Javi Gallardo al bajo [esta es toda la información que se puede obtener en internet de la banda, que solo tiene un tema publicado en streaming] son la punzada final que necesitaba la noche.

[Dentro sudor, fuera lluvia. Dentro la gente cabecea bajo un alto amperaje, fuera algunos disfrutan de copas, cigarros y cervezas entre risas y bailes. Es innegable: Sevilla necesita más ciclos como Wave Sevilla].

El power trío (proveniente de distintos lugares: Los Rosales, Minas —Villanueva del Río y Minas— y Écija) ofrece un recital absoluto de versos incontestables y estribillos pegadizos. Una performance llena de personalidad, con Javi tocando el bajo entre las primeras filas y Dani azuzando al respetable para que aumente revoluciones. Una actuación que deja patente no solo el sello de calidad que tiene la banda a pesar de su juventud, sino el futuro tan sólido a nivel compositivo que se puede esperar de ellos en su próximo trabajo —que, esperemos, llegue pronto—.

La capital hispalenese, a pesar de sus carencias aún por resolver, sigue siendo una ciudad con músculo a nivel nacional. Poco puede envidiarle en ese sentido a ciudades como Madrid o Barcelona. Desde Andalucía, Sevilla ofrece espacio para todo tipo de artistas, bandas y propuestas musicales. Solo hay que echar un ojo a la nueva iniciativa de LaSUITE en Artillería o a la agenda de rincones como la Sra. Pop, la Fun Club o el bar Mutante.

Esta ciudad aún puede sacar pecho por muchas razones, pero hay una especialmente importante y tiene que ver con la música que empieza a asomar la cabeza, a salir a la superficie, a tomar su momento de forma rotunda. La escena emergente está más fuerte que nunca y es, sin duda, gracias al trabajo de colectivos como Wave Sevilla.

Wave Sevilla
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