Di hola al ‘candelismo’ con ‘Ni Hao’, el debut de Candela Bernardo: «Quería un disco cohesionado, pero que no fuera repetitivo»

La artista portuense Candela Bernardo publicó el pasado 6 de febrero su primer disco, ‘Ni Hao’ (Raso Estudio, 2026), una carta de presentación que sirve, además, como puerta de entrada a un universo sonoro propio

Candela Bernardo - Ni Hao
Foto: Pablo Bernardo Caveda (Cedida)

Han sido diez, pero podrían haber sido treinta. O más. Las canciones estaban ahí, había que hacer algo con ellas. Era el momento. Y eso que aún no ha terminado la carrera de psicología, pero a sus 21 años Candela Bernardo López (El Puerto de Santa María, 2004) ya ha publicado su primer disco: ‘Ni Hao’ (Raso Estudio). Un álbum que, tal y como se ha acuñado en la presentación en su ciudad natal, sirve como portal de entrada al ‘candelismo’: un universo sonoro propio cargado de personalidad, simbolismo y significado. Juventud no siempre va de la mano de bisoñez o inocencia: en este disco hay experiencia, sentimiento y muchísima música. De los Pixies a The Beatles o Billie Eilish, en ‘Ni Hao’ la artista portuense demuestra sabiduría y tablas, gracias sobre todo The Mindundees, el grupo de versiones con el que no ha parado de dar conciertos en los últimos años y cuyos integrantes son también, desde ahora, sus compañeros de viaje.

¿Cómo han ido estos días después de la presentación del disco? 

Fue genial. La verdad, no me esperaba tan buen recibimiento. Vino mucha gente y aquello es un espacio chiquitito; me dio pena porque se quedó gente fuera. Pero me lo pasé genial. Estuve allí hablando un poco sobre la creación del disco, cómo fue, las inspiraciones… Y después tocamos junto a Santi Raña, mi guitarrista, dos o tres temas del disco en acústico, piano, guitarra y voz. Muy contenta, muy contenta.

¿Cómo ha sido el feedback del público? ¿Cómo han sido esos primeros comentarios y reseñas?

Estoy súper contenta porque han sido muy positivas. Parece que a la gente le han llegado los mensajes de mis canciones. Salieron preguntas interesantes y conecté mucho con ellos, y creo que ellos también conmigo. Rafa Mel, encargado de llevar la presentación, acuñó un concepto nuevo, dijo algo así como «quienes estáis aquí, a partir de hoy habéis entrado en el candelismo». Me quedé un poco sorprendida, pero tiene parte de verdad porque, en realidad, la música que hago es como entrar —entre comillas— en una secta [ríe], en el sentido de que hay mucho significado y se conecta rápido. Puedes sentirte muy identificado con ciertas canciones. Así que súper contenta de poder conectar así con la gente.

¿Con sensación de alivio? Tras dos años con las canciones compuestas, muchas de ellas grabadas, ¿cuándo empezó el proceso de grabar el disco y cómo ha sido verlo, por fin, terminado?

Lo de hacer el disco vino hace dos años. La idea de meternos en el estudio, en realidad, porque las canciones ya estaban grabadas desde hace más tiempo. La decisión de ir al estudio de Paco Loco fue porque vi la oportunidad: tenía grupo, teníamos ganas… Escogí diez canciones que ya tenía compuestas y nos metimos en el estudio. Las tenía compuestas en el iPad, metiendo instrumentos que no sabía tocar. La idea era hacerlo con The Mindundees, la banda con la que toco versiones: entrar con ellos en el estudio para interpretar lo que yo había compuesto. No ha salido hasta ahora porque estábamos esperando las mejores condiciones. Al final encontramos un sello, Raso Estudio, y a partir todo empezó a rodar.

¿Cómo entra Raso Estudio en la ecuación?

Fuimos tanteando opciones. Fue gracias a la ayuda de Tali Carreto, a quien conozco desde pequeña, como salió lo de Raso. Él se puso en contacto con ellos, pensó que podía interesarles, les mandó el proyecto y les gustó. A partir de ahí surgió todo. Hemos tardado dos años en sacarlo, pero estoy contenta porque al final han sido las mejores condiciones posibles.

¿Cómo es la conversación para que el grupo a forme parte del proyecto? Las canciones pueden abrirse a otros horizontes, una vez que salen del iPad y llegan a manos de ellos, ¿no?

El momento en el que les dije «¿os animáis a tocar mis canciones?» fue un poco vergonzoso para mí, porque ellos son más mayores que yo. Nos conocimos en el Stardust, formamos muy buena piña y fue así como nació la banda de versiones. Pero hubo un momento en el grupo en que no sabíamos hacia dónde tirar: si hacer versiones, si no… Confiaron en mí y me dejaron esa decisión. Les propuse tocar mis canciones y grabar un disco. Dijeron que sí. Todo fue muy poco a poco, porque tampoco sabían dónde se estaban metiendo. A partir de ahí les fui introduciendo hacia ese mundo que estaba en el iPad. Los matices más notables, de sus aportaciones, quizás vienen del toque de las guitarras. Yo sé tocar la guitarra, pero cuatro acordes nada más. A Santi, que es un guitarrista increíble, a veces le decía: «Venga, a ver si se te ocurre algo aquí».

En el estudio de Paco Loco es donde más se notó esa aportación: no hay grandes cambios, pero sí detalles que aportan tensión o sensaciones distintas. Paco Loco consigue eso muy bien con su producción. En una de las canciones Paco metió una batería hecha con una escalera, literalmente: golpeando una escalera y una plancha de metal. Nos lo pasamos genial. Con toda la cacharrería que tiene Paco Loco, allí todo es bienvenido.

¿Qué es lo que más te ha impresionado de la producción de Paco Loco? El disco suena cohesionado: cada canción tiene su propia personalidad, pero hay un hilo melódico, un estilo, que lo conecta todo con personalidad.

Lo de la cohesión te lo agradezco un montón. Cuando estaba eligiendo los temas, uno de mis objetivos era que sonara cohesionado pero no repetitivo: que cada canción tuviera su personalidad, pero que todo estuviera bien hilado. Una de las últimas canciones que compuse para reforzar esa cohesión fue ‘No la apagues’, donde mezclo coros de ‘En el campo’ y doy pie a ‘Luna carmesí’. Fue un proceso muy medido. Paco Loco lo vio igual que yo. Sus recomendaciones coincidían con lo que yo pensaba. Su producción y la mía combinaban muy bien. Fue un proceso en el que estábamos muy de acuerdo.

Además de esa cohesión, hay mezcla de estilos: texturas electrónicas, progresivo, psicodelia, un poco de grunge en ‘Cierra la ventana’, algo alternativo, algo americano, balada… ¿Tenías referencias claras o fue algo más instintivo?  

Para mí las referencias son muchas y muy variadas. No soy muy consciente de “esto suena a tal”, salvo que toque algo que digo: ostras, esto es de The Beatles total. A veces me pide el oído irme más hacia Pixies, algo más grunge, o algo más melódico o pop tipo Billie Eilish. Depende de lo que quiera transmitir y de mi estado mental al componer. Si estoy enfadada, me pongo guitarrera y uso distorsión; si quiero transmitir tranquilidad, me voy a otro sitio.

Creo que la base fundamental de todo son The Beatles, que es mi grupo favorito. Todo lo que hago, melodías y acordes, tiene esa base. Por ejemplo, en ‘Ni Hao’ la parte de «seré la respuesta incorrecta» [apunta, cantando al otro lado del teléfono] me suena a algo del disco Revolver. Esos coros los intento llevar siempre a mis canciones porque me encantan. Paco Loco también aportó en el órgano de Luna Carmesí, que sonaba muy The Beatles del Magical Mystery Tour. Esa referencia siempre está ahí.

Llevar todos esos coros al directo es un marrón, ¿no?

Uf, un marrón. Tengo a Santi y Rafa, que cantan muy bien y van a intentar hacer los coros, pero es imposible hacerlos todos. Estamos viendo cómo llevar lo máximo posible al directo sin volvernos locos. Ellos también son hombres, así que no va a sonar igual, pero intentamos mantener la presencia de los coros fundamentales.

Con el trabajo del directo tenéis una agenda prevista para presentar el disco en algunas ciudades. De momento no he visto nada publicado, no sé si me he perdido algo.

No, todavía no hay nada publicado porque estamos puliendo. Pero pronto queremos anunciar fechas. Nos gustaría ir a Sevilla, tocar en salas del Puerto, y también sería ideal tocar en Madrid. Estamos preparando los temas porque todo ha ido muy rápido, pero vamos a tocar seguro este año. Estamos en proceso de búsqueda y en plena actividad.

Ahora llega la segunda parte: la profesionalización. Buscar booking, management, encarrilar el proyecto… No es solo grabar el disco, sino llevarlo al directo de forma profesional.

Esa es la parte que yo no sabía cuando me decidí a grabar el disco [risas]. Todo esto me coge de nuevas. Tengo que ponerme en contacto con una sala en Sevilla, pero, ¿cómo se hace eso? [ríe]. Estamos en equipo viendo todo lo mejor que podemos, buscando la máxima profesionalidad. Queremos sonar bien y tocar en sitios que peguen. Lo fácil es irse a un bar, pero ahí nadie escucha. Creemos que este proyecto merece ser escuchado, y aunque lleva más tiempo, es normal cuando algo está hecho a mano, con esfuerzo y con el corazón. Intentamos que merezca la pena representarlo en directo en las mejores condiciones.

¿Esto supone una pausa para The Mindundees?

Tenemos un concierto el 28 de febrero. Con mis canciones, la cosa está un poco parada porque estamos ensayando el disco y viendo cómo llevarlo al directo. Pero no queremos dejar las versiones atrás. Una idea es que en el próximo concierto toquemos dos canciones mías dentro del repertorio de versiones, para ir introduciendo a la gente al disco y coger tablas con mis temas. Intentamos compaginar ambas cosas. Nuestro objetivo es seguir tocando, quizá no tanto como el año pasado, pero seguir rodando con las versiones, que nos gustan y nos divierten.

¿Y en lo personal, cómo compaginas los estudios?

Estoy estudiando Psicología, estoy en cuarto, el último año. Es una experiencia curiosa porque soy muy responsable e intento dar lo máximo en todos los ámbitos. El lanzamiento del disco coincidió con un último examen de la universidad, que al final saqué muy bien, pero ha sido una locura. Intento estudiar súper enfocada, pero de repente me viene a la cabeza la presentación, qué voy a decir… Estoy aprendiendo a organizarme: este tiempo para estudiar, este tiempo para el disco.

Ya acabé los exámenes y estoy más relajada, pero ahora viene el TFG y las prácticas. Creo que la marea gorda del lanzamiento ya la he pasado y ahora, con los conciertos, lo tenemos todo más organizado. No estoy demasiado preocupada por compaginarlo porque creo que nos estamos organizando bastante bien.

Sobre el proceso compositivo, ¿cómo fue la selección de las diez canciones? Imagino que la inspiración ha seguido ofreciéndote más canciones desde entonces.

Cuando escogí esas diez ya tenía más de treinta. Fue una selección grande. Una de las cosas que más me guiaron fueron las letras: lo que quería expresar. Intento que las letras hablen de experiencias que me han llenado, enseñado algo, inquietudes que tengo y necesito expresar para quedarme tranquila. A veces veo las canciones como una forma de cerrar ciclos: tienes un pensamiento que no te deja, haces la canción, buscas una respuesta y la reflejas ahí. Si vuelves a rayarte, escuchas la canción y recuerdas la respuesta que te diste. Hay experiencias de cuando era pequeña (‘En el campo’), otras que representan cuando empecé a ver la vida con ojos más adultos (‘Ni Hao’), cuando cumplí 18, empecé a salir en el Stardust, conocí gente, descubrí que no todo era estudiar.

Eso abrió muchas experiencias y sensaciones que están en el disco: reflexiones que te dejan huella hablando con gente interesante (‘Inocente soy de la sangre de este justo’); sentimientos nuevos que te chirrían y salen cuando empiezas a vivir cosas que antes no habías experimentado (‘No la apagues’)

El Stardust es un local mítico del Puerto de Santa María y tiene un peso importante en el nombre del disco.

Sí, el nombre del disco viene de una época en la que estuve trabajando allí. Fue un verano, el verano en el que empecé a conocer a más gente y a vivir nuevas experiencias ligadas al Stardust. Allí está Jorge, el camarero mítico del bar, con el que me inventé un saludo que acabó siendo nihao: nos inclinábamos y decíamos nihao [ríe]. Él tiene siempre la broma de decirle eso a todos los clientes que entran. Quería que una de las canciones saliera de aquello. Viendo todas las canciones del disco, ese era un nombre perfecto porque era como un ‘hola’ musical. Me llamo Candela, hago música y esta es mi presentación. El Stardust tenía que salir y fíjate cómo ha salido: primera canción, nombre del disco y comienzo de todas las experiencias que me han hecho componer estas canciones.

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