La sala X programa 'Sevilla Emerge' por el Día de Andalucía, un cartel con grupos autóctonos como: mateo, Lk6, Frisbi, Magnetismo Sonoro Excéntrico y Vajilla Cartujana
Se llama John. No dice de dónde viene, pero sí que es un turista. «Antes tenía una banda de punk, así que cuando viajo me gusta entrar en las salas, descubrir cosas nuevas», afirma con el móvil en la mano. La luz de la pantalla ilumina con el buscador de Spotify abierto. «Este mateo… no es Abraham Mateo, ¿verdad?», pregunta, haciendo scroll ante los dieciocho millones de Mateos que arroja el buscador.
Quizás no sea de las entradas más abultadas de los últimos meses, pero desde las 19.30h alrededor de cien personas se irán arracimando poco a poco sobre el escenario de la Sala X. Es un día difícil para la música: no solo porque el clima primaveral le pide al cuerpo una triple C [calle, cerveza, cancaneo], después de una cuarentena casi monzónica —inusual para la capital hispalense—, sino que además es sábado y 28 de febrero. Una ocasión que la ciudad aprovecha para agendar todo tipo de planes: de conciertos a recreaciones histórico-nupciales [una filia muy peculiar de éste nuestro alcalde] e incluso salidas cofrades [«que la vida son dos días / en uno siempre hay Carnaval / y en los dos hay cofradías»].
John está en la barra, ajeno a todo esto. Centrado en la música, en adivinar quién es ese tal mateo. Pronto lo sabrá. De momento, la tarde empieza a calentar motores con Vajilla Cartujana. El grupo —Julio Nogales (bajo), Marina García (guitarra), Irene Cabello (guitarra) y Adriano Hernán (batería)— comienza con uno de sus temas más conocidos: ‘Perro verde’. Hay una distancia de timidez preventiva entre el público y la banda. A algunos de los presentes les tiembla el cuello de aguantarse las ganas de cabecear con los riffs nerviosos y acelerados de los hispalenses.
«Es para nosotras un orgullo estar aquí celebrando el día más importante del año», afirma Irene desde el centro del proscenio. Así, Vajilla Cartujana presenta uno a uno los temas que formarán parte de su primer EP (aún en sala de cocción): ‘Mono a medias’, ‘Dos veces’, ‘SuperSuperficial’, ‘La inocente’, ‘La balada de Julio’ —tema compuesto por el bajista—, ‘No me pasa’, ‘Me la pela’, ‘La puerta’ y, para terminar, ‘J de Judas’, «una canción sobre unos cuernos horribles», apunta Irene, haciendo un doble fuck you al aire.
La guitarrista tiene una cuerda rota, pero sigue adelante: «Total, solo queda una canción». La formación derrocha carisma en cada tema. Una presencia escénica con la que consiguen romper la timidez del público, además de dejar un muy buen sabor de boca. «Vamos a tener más conciertos este año, el próximo finde en la Holländer y otro más adelante, así que, si os gusta, tendréis muchas oportunidades de volver a vernos», apostilla Irene antes de cerrar el concierto.
Mientras recogen los instrumentos, una chica se acerca y les grita: «¡Lo habéis hecho de puta madre, guapas!». Desde la barra, John parece estar disfrutando. Va con su mochila y su gorra de aquí para allá. Se acerca a las primera filas, toma vídeos y fotos. «Ahora viene mateo», recuerda. «Me gusta, suena pop y flamenco, a ver el directo». El artista sevillano llega a la X con un set en acústico de sus temas, acompañado de dos músicos: Jorge a la guitarra y Aurora a la flauta travesera. Entre las canciones elegidas para este acústico, suenan temas como ‘Miel y miedo’, ‘nunca es tarde’ o ‘Bulerîa (x tu pelo)’.
Sin duda, mateo es puro magnetismo. Bajo la calidez de unas luces rojas, mateo consigue que el público se acerque al escenario con la curiosidad de quien se pega al cristal de un acuario, sabiendo lo extraordinario de estar del otro lado de la barrera. Entre palmas y coros, el artista sevillano pone el punto exacto de raíz en un día donde es tan necesaria su reivindicación y celebración. Aunque sus temas de estudio se mueven en un espacio cercanos al bedroom, la electrónica e incluso el rock, mateo brinda un concierto perfecto y cercano con la guitarra como eje, como si toda la X estuviera en su salón, disfrutando de una cerveza y de una actuación íntima con el artista.
Para el último tema se sube un amigo de mateo, SanD, que antes de cerrar el concierto grita al público: «¡Viva México y Andalucía», mientras los presentes entonan el himno de Andalucía —cambiando por supuesto «pueblos» por «España»—. Para bajar del escenario y despedirse, mateo pide ‘Campanera’ de Joselito, mientras recoge bajo el aplauso de los presentes. Al fondo de la sala, John se apoya en la pared mientras sostiene los pulgares en alto, en señal de aprobación. Este mateo le gusta.

La oscuridad llega dentro y fuera de la sala con Magnetismo Sonoro Excéntrico. Mario García se sienta a los teclados, mientras Joseph Mondrake se arrodilla sobre su pedalera y el resto de la formación —Álvaro a la batería, Ricardo al bajo— toma posiciones. Suben los vatios, la atmósfera se enreda entre ruidos y distorsiones. Los oídos se contraen, pidiendo unos tapones para no acabar con los clásicos pitidos posconcierto. Y no porque lo que suena sea malo, todo lo contrario: los MSE ofrecen un tremendo recital de rock pesado e intenso. Una suerte de caldo compuesto de muchos otros ingredientes: riffs hilados con maestría, solos afilados, ritmos pegadizos de batería y bajo y, por supuesto, una performance constante de García —sumido en su papel de frontman con aires de lunático e imprevisible—.
El grupo repasa algunos temas conocidos y otros más recientes: ‘No profanar El Sueño de Syd Barrett’, ‘Dime Que Soy Tu Puta’, ‘Exiliado en Tijuana’, etc. La cima del concierto llega con ‘Enjambre’ y ‘Pelos largos’, con la sala entregada al pogo huracanado (ese en el que las carteras, los móviles, las llaves y todo tipo de pertenencias acaban por el suelo). Entre los presentes hay precavidos, de esos que pueblan el suelo bajo el escenario de mochilas y chalecos. Todo sobra cuando se trata de darse un buen empujón. Tras ‘2024’, el grupo cierra con ‘Abstracto’ y ‘Capricho de Dios’, dejando entre los presentes la sensación de haber vivido algo único e irrepetible.
Pasado el ecuador del evento, John se siente como uno más de la fiesta. Se le nota en la cara que este grupo era eso que venía buscando. Su sonrisa es la muestra de que aunque haya venido de viaje, en realidad el viaje se lo ha llevado él durante la actuación de MSE. No tardan en tomar el escenario los Frisbi. Para la ocasión, el grupo sale a escena con un fondo a lo Windows 98 con banderas de Andalucía a ambos lados. Aunque claramente Jesús A. Andrés (guitarra y voces) es gallego, el artista pone toda la carne en el asador para darle al público no solo el mejor concierto, sino también el mejor 28F posible.
El grupo hispalense —dicho así por el lugar donde nace como formación— comienza con ‘Frizzante’, ‘Día Genial’. ‘Estanquera’ y ‘No creo que pueda :c’, todos ellos temas de su primer EP ‘vaya plan’. «Ahora vamos a cantar un tema nuevo», avisa Jesús. Al fondo, Manuel sonríe, portando una camiseta de la marca ‘El tío de las papas’ [el setlist, por cierto, lo llevaban escrito en una bolsa de picos]. Así presentan ante la X el tema ‘coqueto piso’, una canción contra esos «hijos de puta que especulan con la vivienda». Al grito de «¡putos caseros!» los Frisbi cantan a un barrio «donde ya no hay familias ni vecinos».
El concierto sigue con ‘corteingles’, ‘cleptomanía’, ‘esto no es’ y ‘mood’. «Estimados borrachos locales», dice Jesús, ante la risa de los presentes. «Estamos en la mitad ya, vamos a presentar otro tema, se llama ‘halloween’», dice el frontman de la banda que, durante la noche, llegará a presentar dos temas más en su tramo final. Uno de ellos, ‘tortuga ninja’, inspirado en cómo sería tener un «maestro mitad humano mitad rata que me ayude a ser mejor».
El público corea, se aprende rápido la letra: «Estar con mis colegas / comer un montón / hacer artes marciales / tener caparazón». El buen humor de la banda se contagia y se expande como el humo de la risa entre los presentes. Para cerrar, los Frisbi lanzan ‘Alfonso Sexo el Sabio’ y un tema nuevo (‘fumar time’) para animar a la gente a que «salga a la puta calle a fumar, que ya no hay más canciones». Brazos en alto, los Frisbi bajan del escenario al grito de «¡piii-ti, piiii-ti, piii-ti!».
La noche llega a su fin. La gente sale a fumar, pero tristemente muchos de ellos —sobre todo los más jóvenes— no regresan para la última actuación. Esta es la realidad de cualquier programación o festival: la electrónica siempre tiene que luchar contra ese hándicap, a pesar de que goza de espacios propios en salas y festivales. No obstante, su convivencia con otros estilos siempre es peliaguda. No tanto por los artistas, sino por los propios asistentes. Ellos se lo pierden, porque el directo de LK6 es una experiencia única.
Temas cargados de personalidad que vuelan bajo una atmósfera repleta de referencias a todo tipo de estilos. Todo ello, cocinado con un toque de nostalgia que atraviesa y engancha. Sin olvidar la presencia escénica brutal de Inés Parish. La artista, además, sale a escena acompañada de unos visuales que llenan de luces y colores la X. Poco a poco la sala va remontando algo del aforo que ha disfrutado durante toda la tarde, pero la mella se hace evidente en el espacio (que no en el júbilo ni el ánimo de los que aún resisten).
La artista sevillana firma una actuación de altura con una narrativa sonora calculada: tras una intro envolvente, LK6 lanza temas conocidos (y algunas novedades): ‘Tormenta de arena’, ‘Ansioledad’ dan paso al recién llegado ‘Si quieres venir’. El ritmo no deja de subir con ‘En un Delorean’, ‘Toda la noche’, ‘He venido’ y su emblemática ‘2089’, que da título a su último trabajo. La noche (y la actuación) terminan con dos joyas: ‘Misión suicida’ y un tema nuevo, ‘Quema’.
A estas alturas, John ya no está. Puede que haya salido a fumar. O quizás no: puede que en realidad fuera un viajero del tiempo y haya vuelto a su línea temporal, ya sabiendo por fin quién es mateo. Quién sabe: quizás John no exista en realidad. A estas horas cualquier cosa es posible: de noche todos los John son pardos. ‘Sevilla Emerge’ termina, pero la fiesta sigue, tanto en la X como en sus aledaños.
Bajo ese no-estilo imperante de este cartel —y esta escena—, donde ya no hay creyentes (y mucho menos practicantes) de las etiquetas, la X celebra una jornada única que, por supuesto, merece ser repetida. Al final, todos somos como John: solo importan las ganas de escuchar música nueva y de apoyar lo que se cuece en las salas.