El grupo sevillano Pony Pool Club firma un debut espontáneo, visceral y grabado con la urgencia de quien por fin sabe lo que quiere pero, sobre todo, cómo lo quiere
Vaya por delante algo importante: en este encuentro falta Herminia Loh (Tetuán, 1993). Aunque todo nace de la inquietud creativa de Álvaro ‘Pony’ Moreno (Sevilla, 1996), sin ella no existiría Pony Pool Club. «Conozco a Herminia de 2015 o 2016. Tenía un grupo, Chucrut, muy guapo. La conocí en un evento que organizó con sus amigas donde toqué la batería y la guitarra», rememora Pony. «Un día le dije a Herminia de quedar para tocar y ahí hubo conexión instantánea». Álvaro llevaba ya algunos años rumiando la idea de una banda: componer y grabar, pero no encontraba un grupo comprometido con el objetivo. «Había pasado muchos años tocando, pero no sabía cómo. Era muy torpe. Me compré una tarjeta de sonido y descubrí que podía grabar desde casa. Ahí me decidí a grabar mis cosas, porque no soporto que la gente vaya al ensayo a beber cerveza y ya está. Quería hacer música de verdad».
Así estuvo Álvaro unos años hasta que encontró a Herminia y, después, a Pedro Sánchez, otro componente con quien dieron su primer concierto en 2019. Pero no sería hasta que entraran al grupo David Varo (Sevilla, 1996) y Daniel Jiménez ‘Bifu’ (Sevilla, 1999) que la formación terminaría de cerrarse de cara a grabar su disco debut. Algo que sucedió hace tan solo unos meses, cuando tras cinco años sin parar de crear, componer y tocar en salas, el grupo decidió encerrarse para grabar su carta de presentación (homónima y autoeditada).
«Al principio de quedar con Pony yo tenía otro grupo con el que hacíamos un funky guarro, rápido, acelerado. A Pony lo conozco de toda la vida del skatepark», recuerda Bifu. «Un día me escribió por Instagram y me dijo: ¿Puedo ir a veros ensayar? Vino de ojeador total». Dos meses después de aquello, Pony por fin se decide a dar el paso y lo invita a tocar: «Me dijo de ir a su casa, a ver si podía tocar la batería en unos temas… Y acabamos jugando al Skate 3 [risas]. Así empezó nuestra aventura musical».
La primera formación sólida de Pony Pool Club fue con Valle (José Manuel Valle Román). «Fuimos al Pelícano a ensayar los cuatro y ahí empezó todo», atestigua Bifu. «Entre medias de Valle y Varo hubo otro guitarrista, Mateo, que aportó un aire nuevo al grupo, un estilo distinto al de Valle. Estuvo con nosotros un año. Cuando se fue, llamé a David Varo del tirón: lo conozco desde que tengo tres años, empezamos a tocar la guitarra juntos. Su entrada aportó justo lo que faltaba en el sonido», confirma Pony.
Este proyecto vive de la independencia y la autogestión, una forma de entender la música que influye no solo en la composición, sino en cómo se relacionan, promocionan y organizan. «En paralelo intento gestionar bolos y ayudar a otros grupos cuando puedo. No gano un duro con eso, pero me gusta. Si alguien quiere tocar en Sevilla, les busco sala o les organizo algo», admite Pony. «Es de los mejores relaciones públicas de España, te lo juro», responde su compañero Bifu. «La gira prácticamente la ha montado él, el 90% ha sido cosa de Pony», confirma Varo.
A pesar del continuo cambio de formación, este disco debut de Pony Pool Club presenta un estilo y una personalidad muy definidos, además de un sonido cohesionado que viene hilvanado por una narrativa lírica canción a canción. «El proceso de composición realmente no ha cambiado. Siempre empiezo igual: sentado en el sofá con la guitarra, grabando ideas a lo loco. Luego mando tres o cuatro al grupo; si les gustan, las llevamos al local y les damos forma», explica Pony. «A veces cambiamos la estructura entera cuando la tocamos en banda, porque el tema se transforma».
A la hora de grabar un primer disco hay que tener en cuenta, más aún en los tiempos que vivimos de algoritmos y playlists —con unas reglas del juego muy poco flexibles—, qué temas entran y cuáles no. Tras cambios en la alineación y distintas etapas sonoras, Pony Pool Club encontró la inspiración en el momento de decidirse a grabar el disco. «Queríamos sacar un EP hace un año, cuatro canciones, pero se nos estancó», comenta Bifu. «Sacamos ‘Fumar’, las otras estaban grabadas, pero no nos convencían cómo habían quedado».
En el disco se reparten producción y composición entre los miembros del grupo —Herminia, por ejemplo, tiene su propio proyecto en solitario (Restinga), además de ser productora, DJ y bajista de otros grupos como Salvar Doñana—. «Al final, un poco por presión, un poco por orgullo, decidimos sacar el disco entero», afirma Varo. Muchas canciones nacieron de todo esa nueva paleta de colores que estaban recién comenzando a explorar. «Pony trajo temas nuevos y dijimos: este es el sonido que queremos», admite Bifu. «Del directo antiguo hay un montón de canciones que no hemos grabado, pero muchas: veintipico. Pero vimos que este sonido más cañero, de puentes largos y otras estructuras distintas, era lo que nos representaba. Lo demás lo dejamos aparcado».
—Grabamos ‘Amigos de Todo’ con el bajo de Kike (de Vapores) y ahí vimos claro que ese era el camino —afirma Pony—. Empezamos a tirar de ese hilo, a ordenar ideas, a dar forma a canciones que ya teníamos…
—También ‘20 horas’ reforzó ese sonido —responde Bifu—, y todo fue saliendo solo.
El grupo grabó voces y guitarras en la casa de Pony y la batería en el local donde ensayaban antes con unos micrófonos de batería prestados. «Descubrimos que podíamos grabarla con un sonido bastante bueno y tiramos para adelante. No pagamos ningún estudio ni nada, fue un método casi casero, pero funcional», explica Pony. «Lo único que pagamos fueron las mezclas y el máster que se lo encargamos a un chaval de Madrid que nos escribió por X después de ver un vídeo nuestro. Me dijo que quería encargarse él, se lo confiamos y salió de maravilla, decidimos hacer el disco entero con él».
El disco, que se titula igual que el grupo, es como esa fotografía producto de la suerte y la inspiración, tomada justo en el momento y desde el sitio adecuado. No hay nadie posando, no hay nada calculado, es todo instinto y frescura. «Salió natural, sin pensarlo», dice Bifu. «La palabra que nos define es espontaneidad. Muchas canciones nacen de improvisaciones», corrobora Varo. «Hay temas que no vienen de ninguna idea previa, sino de improvisar en el local y decir: oye, esto está guapo». Sobre el sonido del disco, Pony afirma que la clave está en que no hubo intención de que sucediera así. «Lo grabábamos con el móvil y al día siguiente estábamos montando la batería. Salió así».
Las canciones —introspectivas, viscerales y reflexivas sobre emociones y vivencias personales— no giran en torno a ningún concepto, pero sí que hay una narrativa subterránea que emergió a la superficie una vez grabado el disco: «Lo descubrimos una semana antes de mandarlo a publicar. Estaba rayado, pensando que eran temazos, pero parecía un disco de canciones sueltas. De repente entendí de qué iba todo, había una historia oculta que no habíamos visto», confiesa Pony. «Estaba en el orden, en el significado de cada tema, en cómo empieza y cómo termina. Lo vimos justo antes de entregarlo».
—También decidimos quitar una canción que no encajaba. Era la número doce —admite Bifu.
—Era de 2021, de las antiguas, y no pegaba —responde Bifu.
—La grabé porque me gustan los números pares. Los impares no me hacen gracia, un poco TOC. Me jodió dejarlo en once, pero bueno —concluye Pony.
Este disco viene a enterrar también esa anterior etapa de inestabilidad tanto compositiva como de formación. «La decisión era clara, mandar todo lo anterior a tomar por culo. Empezar de cero», señala Bifu. «Por ejemplo, ‘Bailar’, la primera canción que grabamos, ya no la tocamos ni de coña». Según Pony, todas esas canciones antiguas han dejado de representarlos. «Habían pasado ya tres años, nuestras vidas habían cambiado y, aunque les teníamos cariño, ya no nos definían, no tenía sentido seguir tocándolas».
Tenía sentido, pues, que este disco debut se llamara como el propio grupo. Una forma de reivindicar que esto es precisamente lo que venían buscando: ese sonido. Canciones que no solo les ilusione tocar, sino que de algún modo les representen. «Para este disco barajamos varios nombres. Uno era ‘Crisis 6’. Pensamos también en un nombre muy largo, no recuerdo cuál. Al final nos pareció que, siendo el primer disco, tenía sentido que se llamara Pony Pool Club. Nos gusta que cada persona lo interprete a su manera. Me encanta eso. No quiero poner textos explicativos ni conceptos cerrados. Prefiero que la gente proyecte lo suyo. Por eso también lo del nombre: un lienzo en blanco para quien lo escuche».
Aunque para la mayoría del grupo es el primer disco, no es el caso de Varo: «Había sacado uno antes, con un grupo que tenía en Granada. Era un disco más pequeño, más de temas sueltos. Aquí mi papel ha sido distinto: la mayoría de temas ya estaban hechos cuando entré, excepto dos que llegaron casi por los pelos, justo a tiempo para que yo participara y encajaran en el disco», rememora Varo que llegó a principios de 2025.
Para los directos que la banda tiene por delante en 2025, Pony Pool Club tiene una línea más cerrada de setlist. «Antes las canciones eran muy diferentes entre sí y podíamos empezar de mil maneras, pero estas nuevas pertenecen al mismo universo y tienen un sentido conjunto, así que solemos mantener un orden parecido», comenta Pony. «Aun así, nos dejamos llevar por la improvisación y por la energía del público. Hay momentos en los que alargamos partes, cambiamos dinámicas… Nos permitimos jugar».
Algo que corroboran sus compañeros: «Sí, es un poco caótico porque no vamos con claqueta ni nada. Los directos son muy emocionales. A veces, después de un puente, subimos la velocidad o la bajamos; improvisamos; a Pony se le rompe una cuerda y me quedo yo solo en un solo…Todo puede pasar».
—También cambia la melodía de la voz en directo. Esos pequeños detalles hacen que cada concierto sea distinto —apunta Bifu.
—Y el sonido del directo cambia respecto al disco. No queremos que sea una copia exacta. Depende mucho de la energía del público. Muchísimo —concluye Pony.
La recepción del disco ha sido positiva, «más de lo que imaginaba», confiesa Pony. «No esperaba nada y la gente lo ha acogido con muchísimo cariño. Me dicen que han escuchado el disco entero, que es muy escuchable de principio a fin». En tiempos en los que cuesta cada vez más que el público se tome el tiempo y la atención para escuchar un disco entero y no en aleatorio, Pony Pool Club presenta todo un ejercicio de resistencia.
«Hay muchos discos que no te los pones del tirón ni de broma; los escuchas en aleatorio porque son solo temas sueltos. Pero este, por cómo está ordenado y cómo fluye, invita a escucharlo entero y prestarle atención», comenta Varo. «Totalmente. El disco te lleva de la mano. La energía está muy bien dosificada: ahora caña, ahora algo más dulce, ahora un parón, ahora volvemos a subir… Está muy bien equilibrado», dice Pony.
Ahora toca echar a rodar, dejarse llevar por la inercia de la inspiración y, sobre todo, llevar el disco al directo. Sin duda, uno de los mayores obstáculos para un proyecto «emergente» y autogestionado. «Somos totalmente independientes. Tenemos apoyo de Aarón Segador, que nos echa una mano como mánager, es un máquina. Estamos pendientes de hablar con un sello para que nos eche un cable, pero queremos demostrar que la autogestión es posible y que no significa tocar en un bar lleno de mierda. Si te lo tomas en serio, funciona», declara Pony. «Además, ahora es más fácil que hace diez años: hay más medios, más gente haciendo cosas, y también hay cierto cansancio con la industria tradicional».
—Lo que menos me gusta es el marketing. Y mira que me dedico a eso. No solo redes, sino el marketing de producto: «Vamos a sacar tres singles, luego la identidad del disco, estos colores, este logo… Después dos singles más para que tengan muchas reproducciones antes del lanzamiento…» —admite Bifu.
—Una vez tuvimos una reunión con alguien que nos podía ayudar y era todo así: «Vamos a hacer tres packs, este pack lleva dos singles, este otro tal…». Está guay, pero se ve demasiado la costura —responde Pony.
— Pero bueno, al final hay que comer. Y tampoco tenemos ni idea de cómo funciona todo eso. A mí me gusta sacar canciones y cantarlas.
—Si alguien quiere ayudarnos con la promoción, encantados. Pero si lo tenemos que hacer nosotros solos… vamos finos.
—La autogestión tiene un límite, porque es muchísimo curro. Es asignarte trabajo a ti mismo constantemente.
La gira de este disco (‘Canastour Cream’) termina el 18 de abril en Sevilla en la Sala X junto a Ku!, aunque antes estarán en Oviedo (13 de marzo), Valencia (20 de marzo) y Castellón (27 de marzo). Aunque todo el proceso ha sido intenso (y de desgaste para algunos miembros como Pony, que también toca en Vapores o Herminia, que acaba de estrenarse como actriz en la película ‘Iván & Hadoum’, premiada en la Berlinale de este año), el grupo sigue ilusionado con la marea creativa, dejándose llevar por la resaca del oleaje: «No paramos, en cuanto terminamos un proyecto, entramos en bucle y seguimos componiendo sin darnos cuenta».
Conciertos Pony Pool Club 2026 ‘Canastour Cream’
13/03 Oviedo(@chigreculturallatadezinc con @monitodinero)
20/03 Valencia (@ca_revolta)
27/03 Castellón (@terraconcerts con @ku.vlc)
18/04 Sevilla (@salaxsvq con @ku.vlc)