Lord Malvo: «No vamos a volver a hacer un tema igual. Quizás cuando cumplamos los 30 nos apetece hacer algo más rápido, quién sabe»

El grupo malagueño Lord Malvo pasa por Sevilla en la gira de su nuevo disco ‘Cuánto cuesta’ (2025), un trabajo que ha contado con la producción del músico Álex Fernández (Vera Fauna)

Lord Malvo
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E. M. Malpartida

La buena acogida de su nuevo disco les ha pillado un poco por sorpresa. ‘Cuánto cuesta‘ (Lunar Discos, 2025), el segundo trabajo de la banda malagueña Lord Malvo, ha recibido buenos comentarios de crítica y público —«Nos han acogido genial en Radio 3 y Fernando Neira nos hizo una crítica súper buena», recuerda sorprendido Adrián Gámiz (voz y guitarra)—. Aunque es en los directos donde se nota de verdad si las canciones han llegado: el de Barcelona, su primer concierto de la gira de presentación, ha sido sold out. Y no solo eso: el público coreaba cada una de sus canciones. «Fue el feedback definitivo de que el disco ha funcionado», reconoce Julio García (batería y percusiones). «No esperábamos este inicio de gira», admite en esta entrevista donde falta la otra mitad del grupo: Adrián Nonak (guitarra y voces) y Mario Muñoz (voz y bajo).

Este sábado 21 de febrero Lord Malvo visita Sevilla (Fun Club) para presentar este nuevo álbum. Una ciudad que, según admiten, «ya es como la segunda casa» para el grupo. Sevilla podrá escuchar en directo unas canciones que son reflejo de la madurez musical y profesional del grupo. Así, ‘Cuánto cuesta’ ha servido como lienzo, no solo para que la banda pueda plasmar otras inquietudes artísticas —más taimadas, menos efervescentes—, sino para que puedan esbozar (con estilo y humor) una suerte de retrato  generacional: el de una quinta hastiada por el trabajo y la vivienda. Tras un proceso de grabación largo e intenso, Lord Malvo parece haber encontrado ese equilibrio entre ambición, intuición e inspiración.

14/02 Sevilla – Fun Club (+Fipipendulae)

28/02 Madrid – Cadavra

27/03 Málaga – La Cochera Cabaret

Ahora que estáis de gira con estas canciones, ¿ha habido un trabajo de adaptación de ese sonido, de esta nueva fórmula de la banda?

Adrián:  Sí. Es la primera vez que implementamos secuencias, por ejemplo. Hemos comprado todo un monitoraje por sistema, además. Este disco nos ha forzado a ser más profesionales: es mucho más ambicioso en sonido, en pistas, en todo. Eso ha hecho que el directo sea también más profesional. Los ensayos son más serios, más cuidados… Es lo que tiene dar ese salto.

Del disco habéis comentado que es un salto de madurez para el grupo. ¿Qué aprendizaje os ha dejado el proceso de composición y grabación?

Adrián: Trabajar con Álex Fernández y con La Mina te profesionaliza. Es uno de los principales aprendizajes. Y rodar en la carretera con gente como Vera Fauna, que ya son colegas y amigos, también nos ha alimentado a nivel musical y personal. 

Julio: Creo que también suma que seamos tan amigos, que nos conozcamos tan bien y que vayamos a una. Eso, junto al entorno del que hablaba Adri, hace que a nivel de grupo funcione muy bien.

¿Cuándo os disteis cuenta de que las canciones formaban un relato generacional? ¿Fue después, cuando ya teníais algunas terminadas, o había una pulsión por capturar el momento? 

Adrián: Has dado en el clavo. El proceso de composición fue al revés de lo que hace mucha gente. No partimos de un concepto: empezamos a escribir canciones y, cuando las pusimos en común, vimos que hablaban de lo mismo. Esa crisis generacional con el trabajo, los alquileres, el agobio, la pérdida de relaciones por las responsabilidades… Es algo que afecta a toda nuestra generación. Fue curioso ver que, más allá del amor o cosas más naïf del disco anterior, ahora teníamos las mismas preocupaciones. Una casualidad, pero muy reveladora.

¿Cómo equilibráis la narrativa generacional del disco con que cada canción funcione por separado?

Adrián: No podemos decir que es un disco conceptual porque toca varios temas cercanos entre sí, sería muy pretencioso llamarlo así. No es una obra que no funcione si la separas: funciona como single, funciona como canción independiente. De hecho, lo demuestran canciones como ‘Más feliz, menos productivo’, que será seguramente la que quede del disco cuando el resto pase al olvido. Es la prueba de que funciona por separado, más allá del tema o del sonido.

«La dinámica del grupo funciona desde la humildad, sabiendo cuál es el sitio de cada uno»

¿Cómo funciona la maquinaria compositiva dentro de Lord Malvo?

Adrián: Somos varios compositores. Sobre todo Adri (Nonak) y yo, los dos somos los compositores principales. Mario funciona como arreglista, aunque a veces trae ideas. Y Julio aporta en muchas canciones que lo necesitan las canciones. La dinámica funciona desde la humildad y desde saber cuál es el sitio de cada uno. Esto lo decía Leiva en una entrevista: una banda funciona cuando cada uno sabe cuál es su sitio. Aunque seamos varios compositores, cada uno sabe cuál es su parcela. Yo no me meto en el terreno de Adri, que es el compositor fundamental. Él es quien tiene el talento para componer. No se me ocurre meterme en su parcela porque sé cuál es su función. Y cada vez que hacemos más canciones lo entendemos mejor. Mientras se respeten esas parcelas, vamos bien.

Julio: Así es como funcionamos. Cada vez que hacemos más canciones sabemos mejor cuál es nuestro sitio y qué podemos aportar. A veces uno aporta más en una racha concreta, pero al final cada uno se ajusta a su rol y lo exprime. Eso es lo que hace que vayan saliendo mejores canciones.

Adrián: Y es súper sano hacerlo. En formaciones anteriores primigenias hubo integrantes que salieron porque había lucha de egos: «yo quiero cantar», «yo quiero componer», «yo quiero tal». Aquí cada uno suma su rol y ya está.

Julio: Exacto. Tú puedes aportar ideas, pero igual que en una oficina el contable es el contable y el diseñador es el diseñador. Tú puedes decirle: «el cartelito en amarillo podría estar guapo», pero no le dices lo que tiene que hacer. Es un poco eso.

Este disco tiene influencias más cercanas al groove o al funky, ¿había sintonía entre todos los del grupo para acercarse a esos sonidos setenteros? ¿O fue algo que llegó por el camino?

Adrián: En parte sí, en parte no. Al principio de la composición del disco pactamos el sonido. Cogimos tres o cuatro referentes: Chic, Kool & The Gang, Bandalos Chinos… Queríamos acercarnos a ese concepto: funky, soft argentino. Obviamente, de ahí a lo que hemos conseguido hay un trecho grande. Una cosa es lo que tienes en la cabeza y otra lo que eres capaz de conseguir. Ni Mario toca como el bajista de Chic, ni Julio como el batería de Bandalos, ni yo canto así. No lo digo ni para bien ni para mal: simplemente no somos eso. Pero nos criamos cerca de ese sonido, y cada uno tiene su personalidad al cantar, tocar batería o guitarra.

En las letras mezcláis decepción generacional con humor. A veces, a las canciones le viene bien no tomarse en serio para hablar de algo serio.

Adrián: Es una lucha que tenemos en Lord Malvo porque nos gusta mucho el meme, la risa. Somos gente que vive a través de eso, y nos cuesta alejarnos de esa parte cuando queremos ser una banda seria, que la gente se tome en serio. Adri (Nonak) lo dice mucho: le cuesta separar esa parte cuando compone. Se le ocurren letras graciosas, de meme y tal. Intentamos casar esas dos partes y creo que sienta bien: seriedad con un poco de humor. En este disco hay referencias y bromas, pero menos que en el anterior. El anterior estaba cargadísimo de memes y referencias absurdas. Este es un poco más serio.

Con esto de bajar revoluciones, ¿se podría decir que este disco es más café de especialidad que Red Bull?

Adrián: [ríe] Es muy buena metáfora. En el grupo tenemos las dos bandas: yo soy adicto a bebidas energéticas y Mario es de café de especialidad [risas]. Lo que hemos hecho es refinar el proceso, pero no de forma artificial. Han pasado tres años entre un disco y otro. Nos hemos hecho más mayores, tenemos otras referencias y prioridades vitales. Eso va con hacerse adulto y ser más maduro en algunos aspectos. Sí, nos hemos convertido en café de especialidad por la vida y por los temas que tratamos: trabajo, relaciones que duelen… Metáfora acertadísima.

¿Qué elementos del sonido de este disco creéis que se quedarán en el universo de Lord Malvo?

Adrián: Es una buena pregunta, y profunda. Pero creo que no sé si muchas cosas se han quedado. Te podría decir lo de los BPM, por ejemplo, el tema de las baterías… la secuencia. Pero a nivel sonoro meramente, no te podría decir que algo vaya a quedarse fijo. El otro día lo hablábamos en el ensayo: no vamos a volver a hacer un tema igual. Podría decirte: «sí, ya nos quedamos con los BPM lentos y las canciones más maduras», pero igual no. Porque Adri comentaba que le están saliendo canciones rápidas, que tiene ganas de distorsiones, que le apetece eso. Así que podría decirte que firmamos la paz y que vamos a hacer algo más sosegado, pero quizá no. Quizá cumplimos 30 y nos apetece redimirnos y hacer algo más rápido. Entramos en crisis de los 30 y volvemos un poco para atrás [risas]. Preferimos no firmártelo y sorprenderte con el siguiente disco.

«Lo que hemos hecho es refinar el proceso, pero no de forma artificial. Nos hemos hecho más mayores, tenemos otras referencias y prioridades vitales».

¿Cómo ha sido trabajar con Álex Fernández en la producción del disco? Él mismo ha definido este álbum como «salir a pegarse en traje».

Adrián: Sí, es buenísimo. Y mira, te digo algo que creo que no lo hemos dicho nunca: uno de los primeros nombres que se barajó para el disco era precisamente ‘Pegarse en traje’. No se lo hemos dicho a nadie. [risas]

Julio: Fuera de todo, reflexionándolo, nos ha aportado la visión profesional de todo.

Adrián: Es curioso porque, mientras hacíamos la preproducción con él, él también estaba en un momento de explosión en su carrera: Vera Fauna terminaba de explotar, los Lori Meyers lo llamaron para tocar… Nos hemos ido acompañando en ese proceso de profesionalización. Él siempre insistía: «chavales, esto es un trabajo». Nos metió en la cabeza que esto no es un juego de fines de semana, sino un trabajo al que dedicarle ocho horas al día.

Julio: Ha influido también en la forma de hacer las canciones. Cuando llevábamos maquetas y nos íbamos a Sevilla, teníamos tres semanas para hacer tres temas, llevarlos allí y terminarlos con Ale. A veces iba bien, otras no tanto. Lo guay es que él te pone los pies en el suelo. 

Las baterías son una obsesión tanto para Álex como para Raúl. ¿Cómo fue ese proceso?

Julio: Las canciones, de base, funcionaban bien. Y a Álex le molaba cómo tocábamos. La transición fue rara al principio, porque pasamos de tocar cosas antiguas a esto nuevo, pero te va dando muchos consejos. Muchos ya los habíamos mamado de escuchar a esta gente, pero él te da otra visión: ponerte en tu sitio. Ya no puedes ser un Joan de Cala Vento; ahora tienes que hacer lo que los demás necesitan. Cuando llegamos con Raúl, era igual o peor de friki con el tema. Teníamos clarísimo cómo queríamos las baterías. Nos metió en un cuarto a prueba de bombas. Para cada canción elegíamos un plato, una caja, un set distinto. Los micros se recolocaban… La experiencia fue guapísima. Aprendes mucho a nivel técnico, pero también ves la destreza que tienen para entender cada canción y lo que quieres hacer con ella.

Esos matices se notan, aunque alguien no entienda de música.

Julio: Totalmente. Los consejos de última hora también ayudan mucho. Íbamos con una canción cerrada y Raúl decía: «prueba esta línea con el ride», «prueba con puntillo», «prueba esto». Y la canción cambiaba entera. A lo mejor el estribillo no tenía que subir ahí, sino después. Son pequeñas cosas que, cuando estás tocando, te suenan bien, pero con esos dos detalles la canción sube muchísimo más.

¿Qué mensaje positivo os deja este proceso, pese al tono de decepción generacional del disco?

Adrián:  Mira, nuestro manager  nos dice mucho: «chavales, no podéis estar negativos». En el fondo, aunque el disco tenga un punto de vista negativo, nosotros no somos gente negativa ni emo ni nada de eso. Lo que hacemos en el disco es crear una obra que expone un problema, pero no vivimos martirizados por él. Hay cosas que sí nos afectan, claro, pero no es algo que nos coma la cabeza. Lo bonito es que de hablar de esa mierda, de esos fangos, salen canciones. Sale un disco tan bonito como este que nos permite ir a un montón de sitios a tocar, compartir las canciones con la gente, estar hablando hoy contigo de nuestro disco… Esa es la parte bonita de hablar de esos lodos.

¿Seguís con la inercia creativa? ¿Ha sido este disco un impulso para que lo siguiente llegue antes de lo esperado?

Adrián: Bueno, sí y no. Acabamos un poco hartos, te lo podemos decir sin miedo. Es la primera vez que nos metíamos en un disco tan ambicioso: ir a Sevilla dos fines de semana al mes durante meses, grabar en La Mina, ensayar muchísimo… Y ahora no vivimos todos en Málaga, sino en sitios distintos. Cuando terminamos el disco dijimos: «vamos a tomarnos un tiempo para que esto macere y ver qué queremos hacer». Si queremos hacer otro disco pronto o no. Pero también te digo que, en contra de eso, ya se están fraguando cosas. Adri ha empezado a hacer canciones, yo también. Pero tranquilos, sin pretensión de que eso acabe en un disco dentro de cinco meses.

Julio: Es la pulsión: tienes un grupo, te gusta tocar, te gusta componer, te gusta hacer música… y lo haces. Sigue saliendo por inercia. No sabemos en qué va a desembocar. Quizá en música nueva, pero por ahora no vamos a decir nada porque no lo sabemos.

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