Entrevista a Musgö: «Me sentí muy malentendida al principio. Poco a poco he ido encontrando mi lugar»

No ha tenido una trayectoria fácil y, sin embargo, no ha estado exenta de hitos. Hace unos años, de hecho, Mar Gabarre (1993, Chiclana de la Frontera) cogió el petate y se marchó al Reino Unido buscando alejarse de una tierra que no la entendía, que pensaba que lo que hacía era raro y que dudaba de que una cantautora y arpista como ella pudiera encajar en la escena nacional. Fuera de España, Gabarre —licenciada en Bellas Artes— empezó a trabajar de lo que pudo, mientras realizaba algunos trabajos como pintora e investigaba sobre su música, hilvanando capa a capa la identidad de su alter ego sobre los escenarios: Musgö.

Esta etapa le permitió soñar con la posibilidad de grabar un disco, algo que llegó antes de lo esperado y de una forma poco convencional: a través de un trueque con el famoso productor Chris Webb, quien le ayudó a grabar y producir ‘Open the Gate’ a cambio de que ella realizara unas pinturas en su estudio. Con la pandemia, Gabarre volvió a España: aquí tuvo la oportunidad de grabar la banda sonora de la serie ‘Grasa’, cuya inercia creativa la llevó hasta su segundo disco ‘Un sendero’, un disco con el que empezó a tener hueco en algunas salas y festivales relevantes del país. El año pasado, la artista gaditana publicó el que probablemente sea su trabajo más importante hasta el momento: ‘La Grieta’, un álbum conceptual coproducido junto a Ramiro Gómez con el que, por fin, la arpista y cantautora siente que su música empieza a comprenderse y valorarse, especialmente en su tierra. Ahora, de vuelta en su Chiclana natal, Gabarre abraza la singularidad de Musgö para llevar su música a lugares más luminosos, corpóreos y cercanos a la raíz.

Has vuelto hace poco a Chiclana, ¿sientes que, de alguna manera, estás estrenando una nueva vida?

Sí, sin duda. Llevo fuera desde los 17 años y me he vuelto para acá en diciembre. Así que estoy como volviendo a enamorarme de esto totalmente, vamos. La verdad es que sí que tengo esa sensación. Hombre, está afectando a la hora de inspirarme. Que sí que siento que al estar aquí me apetece más hacer música, arte, inspirado en Andalucía, en Cádiz. Noto cómo, poco a poco, me voy enraizando cada vez más aquí. Voy tomando conciencia de toda la profundidad cultural que hay aquí, la riqueza que tenemos de tantos miles de años de historia que muchas veces se nos olvida. Al habitar en este lugar empiezo a ser consciente de todo esto mucho más a menudo. Siento que también está afectando a mi arte, claro. Ha sido un cambio bastante grande desde este último disco. Estoy empezando a hacer música desde otros lugares desde donde no lo había hecho antes.

¿En qué momento estás? ¿Cómo lo definirías?

He estado reflexionando antes de esta entrevista sobre en qué momento estoy, qué música estoy haciendo. Y he llegado a la conclusión de que no siento mis conciertos como tal, como simplemente un directo, sino como una ceremonia, un ritual. Hay una conexión con el instrumento que al final hace que el concierto esté conectado a algo más energético, más espiritual. Creo que este pensamiento que se me ha cruzado está muy conectado con cómo empecé a componer.

Como artista vienes de las Bellas Artes pero, ¿cómo fueron tus inicios como compositora? ¿Cuándo te das cuenta de que estás componiendo canciones y que quieres darlas a conocer?

Al principio, yo cantaba las canciones que componía, pero no las pensaba como canciones que había hecho, sino que de alguna manera era como crear diferentes rituales que conectaban con distintas cosas. Al final, la música es magia. Es como un rito, una ceremonia, y siempre lo he visto así. Hasta que saqué mi primer disco, yo no me veía como compositora. Me sigo viendo un poco así a día de hoy. Fuera de la música me veo como una creadora de espacios en los que se mueve esa energía. Es la sensación que tenía, porque yo no venía de estudiar Música, sino de Bellas Artes. Empecé a tocar de oído, iba escuchando los sonidos del arpa y así, poco a poco, iba generando algo que conseguía entrelazar con palabras, con ritmos y acordes menores y mayores, pero siempre pensando en generar esos espacios.

¿Cómo recuerdas aquellas primeras veces en que te expusiste como compositora?

Al principio fue muy guay, porque las primeras veces que toqué lo hice en sitios a los que tenía acceso a través de mis padres: centros de yoga, sitios donde hacían ceremonias, meditaciones. Iba allí y tocaba mis canciones y era como… ¡guau! Y la gente me decía: “Tienes una conexión súper guay”, algo que me hacía sentir muy bien. En el momento en que empecé a tocar esta música en lugares que no tenían nada que ver con eso, yo sentía que la gente no me entendía. Como que no comprendía lo que estaba pasando. O que igual esperaban una música más fácil de entender o con menos rincones. Me sentí muy malentendida al principio. Poco a poco he ido encontrando mi lugar. Intenté quitarme esas etiquetas en las que tenía que encajar y me rendí a ser malentendida. Y en cuanto me rendí ya empezó todo a ir bastante bien.

¿Qué cambió? ¿Algo hizo ‘clic’ dentro de ti?

Pues no sé. Yo creo que sí. Recuerdo este punto de pensar si lo que hago lo hago así porque me sale así y siento que tiene coherencia, ¿qué más da si la gente no lo entiende? ¿Qué más da si a la gente no le gusta? Si hay cuatrocientos que no lo entienden pero hay tres a quienes les cambia la vida, ¿qué más me da a mí los cuatrocientos esos? Recuerdo haber tenido incluso situaciones incómodas con cierta gente, igual que en mi pueblo, cuando estaba empezando, de gente que me hacía comentarios en plan: eres muy rara.

¡Claro! Igual yo cantaba detrás de alguien que estaba cantando flamenco, otra persona que cantaba rock. Y luego yo, que era una cosa como muy… Björk, muy Massive Attack, que era lo que escuchaba entonces. Imagínate. Un bullying que te cagas. Había quien me decía “por qué no te cantas algo más fácil, más cantable”. Acabé harta, pero pensé: si para mí tiene sentido, ya conectará con quien tenga que conectar. Ya llegará. Cuando me fui y empecé a dar conciertos en otros lugares, poco a poco se fue creando esa comunidad que de verdad conectaba con lo que yo hago.

 

 

Has tocado en muchas grandes ciudades de otros países, has estado en festivales, en museos, has hecho la banda sonora de ‘Grasa’ (serie)… Para ser tan rara, en realidad se te han abierto muchas puertas interesantes.

Sí. Al final eso es el resultado de la coherencia y la persistencia. Es que no hay otra. Aunque al principio parezca una locura lo que estás haciendo, pero si tú de verdad piensas que tiene sentido y que a ti te vibra por dentro, pues para mí, desde entonces, esa es la señal de que el camino es para adelante. Aunque desde fuera parezca que es algo que no ha funcionado, que no hay nadie que haga lo mismo. Pero es un camino que tú sola vas labrando porque no existe un ejemplo de lo mismo. Yo creo que eso ha sido lo más complicado para mí también.

En ese camino, ¿es ‘La Grieta’ un punto de inflexión sobre cómo entender tu forma de hacer música? Para llevarla a otros terrenos o a sitios más oscuros.

Ha sido un antes y un después, pero en todos los sentidos. A la hora de componer, a la hora de presentar la música en directo, a la hora de mover ciertas energías que antes no había movido, como esto que dices que es más oscuro… Es un paso más, para atreverme a meterme en fregados de cosas que nunca había hecho y que me apetecían. Como la danza, que era una de mis asignaturas pendientes. Con ‘La Grieta’ me metí a estudiar danza tribal y flamenco. De repente, me veo integrándolo en el show. Es todo muy nuevo para mí. Sin olvidar esa inmersión en la electrónica, claro. Así que sí: ha sido un antes y un después. Ahora no sé hacia dónde iremos, pero sí, seguiremos esta estela.

¿Sientes que has encontrado una forma distinta de conectar con la gente? Comparándolo con lo que comentabas de tus inicios.

Sí. Es lo bueno que tiene decir las cosas como las piensas y cantarlas como las piensas. Si alguien tiene la misma opinión o vive la vida de una manera parecida, inevitablemente la música les va a ayudar a ponerle palabras a todas esas emociones, a todo eso que os pasa por dentro. Si hay una canción que habla de eso, te sientes un poco más acompañada, ¿no?

Has dicho en redes que estás haciendo nueva música, ¿cómo te ves como artista con lo nuevo que estás escribiendo? ¿Y qué comparativa haces respecto a ti misma con la artista que eras escribiendo ‘La Grieta’?

Estoy en un momento muy diferente. Yo escribí ese disco estando en una depresión bastante gorda porque falleció mi mejor amiga de cáncer. A mí la vida se me paró. Se me pararon las creencias, se me paró la fe en Dios, todo lo que me gusta está conectado con lo espiritual y de repente me volví una atea radical porque cómo va a existir Dios si pasan cosas así. ¿Cómo va a existir Dios si está ocurriendo lo que está ocurriendo en Gaza? ¿Cómo va a existir Dios si una no puede ser una misma porque la juzgan?

Entonces, así escribí ‘La Grieta’ y fue un proceso muy heavy, muy doloroso, de mucha oscuridad, mucho duelo, mucha liberación también, como una catarsis súper grande. Ahora que estoy aquí en Chiclana con esta paz, con mi familia, con mis amigas, no sé, siento que este disco lo estoy haciendo desde un lugar de mucho disfrute y de celebración de la vida, del amor y de la naturaleza.

De repente, siento que no busco encontrar el sentido de la música desde este lugar místico de devoción, sino de una devoción más hacia lo cotidiano, hacia la felicidad y la magia de las pequeñas cosas. Que no es que el disco vaya de esto, no me quiero meter en eso. Pero es el lugar desde el que estoy componiendo, un sitio más luminoso. Me apetecía hacer otro tipo de proceso y la verdad es que me lo estoy pasando muy bien.

 

 

Este disco lo has coproducido con Ramiro Gómez. ¿Cuál crees que fue el mayor reto al que te enfrentaste?

Para ‘La Grieta’ lo tenía bastante claro a nivel musical, porque era algo que me apetecía hacer y no había encontrado la persona o el repertorio con el que hacerlo: explorar a fondo esos espacios donde mezclar el sonido del arpa, que es súper sutil, súper etéreo y súper finito, con una electrónica de subs graves y gordos. Hacer una atmósfera muy oscura, densa, con la electrónica, con el arpa en su esencia.

En los otros discos sí es verdad que se utilizan muchos pedales de efectos para el arpa y muchas veces estás escuchando las canciones y no sabes que lo que estás escuchando es el arpa porque está super filtrado. Para este disco me apetecía esta combinación, aunque no sabía si iba a funcionar en realidad, porque yo estoy con el arpa en el escenario y es muy fácil hipnotizar o relajar a la gente, pero mover todo este bajo astral de sombras electrónicas con el arpa es muy difícil. El objetivo fue encontrar ese lugar.

¿Dónde está ahora ese horizonte o reto creativo? Sin enseñar demasiado de lo que está por venir.

Estamos ya en esos procesos. Igual de repente esto pega un volantazo y luego lo que cuento ahora no tiene sentido, pero he estado explorando con la danza, que era una de mis asignaturas pendientes. Yo soy pintora y me gusta mezclar disciplinas. Siempre he pensado que el día que baile la voy a liar, porque ya puedo hacer un poco de todo. Me interesa mezclar todos estos recursos para crear algo más potente todavía. Me apetece darle un lugar más presente al cuerpo en el escenario y en lo musical, porque mueve muchísima energía en la parte escénica.

Hay proyectos, como Cervatana, que ya lo están haciendo. No es nada nuevo, pero no hay muchos artistas que lo estén incorporando y me apetece hacerlo. He visto que es un lugar en el que estoy cómoda y en el que puedo contar historias de una manera todavía más explícita. Por aquí voy a seguir investigando. De momento [ríe].

Para ‘La Grieta’, la puesta en escena ya había evolucionado incorporando nuevos elementos e instrumentos, ¿cómo ha sido ese trabajo?

Ha sido complicado porque hicimos el disco sin saber muy bien quién iba a venir o qué íbamos a hacer en el directo. Ha sido todo un proceso. Sigo trabajando con El Mula (Jesús Carrillo), que es mi batería desde hace 15 años. Ahora que he vuelto para acá he tenido la suerte de que esté disponible y hemos podido seguir trabajando juntos, porque es complicado a la hora de reproducir los sonidos que están en el disco en el directo. Julia Dueñas ha sido nuestro último fichaje, entró hace unos meses, y la verdad es que hace un trabajo muy guay a los teclados. Antes estábamos con un guitarra, pero el disco requería teclas y ahí es donde ha entrado Julia, y creo que nos ha salido muy, muy bien.

Al final, el escenario es para mí un rito de sacar fuera toda la oscuridad, moverla y bailarla, para luego irte a tu casa nuevo de paquete [ríe]. En los conciertos vamos además con un botafumeiro, con incienso de Semana Santa, lo sacamos al escenario, llevamos agua bendita… Todo está diseñado como un rito, de lo corporal a los olores, las energías. Llevamos elementos en el escenario que dan a entender al público que algo está pasando, que no es solo la música, o el arpa, sino que convertimos el escenario en un espacio sagrado y mágico.

Son muchos detalles que, al final, forman parte de la misma narrativa y buscan contar una historia.

Para mí es natural, es muy fácil, porque si la música te está contando lo mismo que el vestuario, que los olores, y te cuenta lo mismo que el maquillaje, pues es fácil. Soy una persona muy excesiva. Para lo bueno y para lo malo. Entonces, si a mí me da por algo y me gusta algo, voy hasta el fondo de eso y tú no te vas a dar cuenta, pero eso está trabajadísimo. Luego lo pongo todo en un escenario para contarte algo sin que ni siquiera tú lo tengas que entender. Racionalmente no, porque al final los símbolos que tenemos a nivel inconsciente ni siquiera los tienes que entender. Y ya te está contando algo y ya te está llevando a un lugar. Hay un proceso de diseño y de dirección de arte en lo visual.

¿Sientes que todo esto, toda tu propuesta, con el tiempo se ha llegado a entender más?

Desde los artículos y entrevistas que han empezado a salir este año a raíz de ‘La Grieta’ tengo la sensación de que Musgö ya tiene su propia entidad. La gente entiende muy bien todo lo que estoy haciendo sin tener que explicarlo mucho. Ven el rito cuando van a los conciertos. Ves a la gente en estado de trance, sin tener que explicar nada, y eso me gusta mucho. Que se entienda, con todo lo que he sufrido por haber sido mal entendida, por tener que explicarme. Está siendo tan gratificante… Es lo que más estoy disfrutando.

Esto de las etiquetas siempre es algo que me ha costado muchísimo, a mi manager también le cuesta muchísimo, a mi sello también, o sea que no es algo que tengamos atado, pero sí que están surgiendo algunas etiquetas en entrevistas y tal que me están gustando. Estoy dejando que se asiente, porque al final el arte lo haces tú pero luego es de la gente… ¿Quién soy yo para definir esto a ojos de los demás? Quiero liberarme de eso para seguir siendo coherente conmigo misma y no meterme en un encasillamiento que a lo mejor no me viene bien a futuro.

Se te ve feliz y liberada.

¡Sí! Al fin.

 

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