«Me gustaría seguir creciendo en la industria a través de la producción y composición»
Aparentemente era una decisión insignificante. Hace más de una década cuando María José Márquez Suárez (Pilas, 1991), que trabajaba en un despacho de abogados, decidió abrirse una cuenta en Instagram, pero no quería usar su nombre, necesitaba un pseudónimo. «La abogacía es una profesión que se percibe como muy seria, tienes que proyectar esa imagen de responsabilidad y yo quería diferenciar mi vida personal de mi profesión. No estaba en ese ambiente, dentro de esa “endogamia” profesional. Quería mantener una cosa ajena de la otra». Es por ello que, en ese momento, decide que su nombre de usuario iba a ser Dalila Infame. «Luego lo acorté y me quedé solo con Dalila».
En la casa de sus padres siempre se han escuchado sevillanas, desde que era pequeña. Es la música no solo de su infancia, sino de toda su vida. «Si me preguntan qué género conozco mejor es ese, no he parado de escucharlo desde entonces», admite María José. Todo empezó con un VHS del documental ‘Sevillanas’ del director Carlos Saura. «Quemé ese vídeo, lo veía muchísimo». El objetivo de la pieza, una joya del género, no era tan solo divulgar una vertiente musical —tan infravalorada a veces—, sino también para vincularla a su raíz flamenca, folclórica, histórica y cultural. En él, Saura se rodea de artistas a la altura de Rocío Jurado, Lola Flores, Camarón o Paco de Lucía, entre otros.
«El documental explicaba las variantes y subcategorías dentro del género: flamencas, corraleras, rocieras, boleras, clásicas, instrumentales, a guitarra… Aún a día de hoy me sigue fascinando». Dentro de todas las categorías que expone Saura en su trabajo, a María José le llamó la atención una por encima del resto: las sevillanas bíblicas. «Realmente no son sevillanas, son seguidillas alosneras. Ángeles Toledano a veces las canta y me flipa cómo lo hace. Son de Huelva, suenan más a fandango».
Esas sevillanas bíblicas, interpretadas por Paco Toronjo, se clavaron hondo en María José. «Cogen paisajes del Antiguo Testamento y los convierten en la lírica de la sevillana: hablan del Rey David, de Sansón y Dalila…». Y ahí fue cuando todo hizo clic: escoger Dalila como nombre de usuario no solo tenía sentido para María José, sino que lo vinculaba a algo muy íntimo. La infancia, la raíz, el pueblo, la música, la familia. «Un año que hicimos el camino del Rocío, mi familia y yo, mi tía las cantó y me encantó la sonoridad. Es especial. Por eso escogí DALILA».
Fue más tarde, en 2018, cuando María José empezó a usar ese nickname como nombre artístico para sus primeras composiciones. «Empecé tímidamente», subraya. «Comencé haciendo algunas cosillas, pero no fue hasta 2021 cuando comencé a profesionalizarme. La pandemia me dio el tiempo y el espacio para poder crear de otra forma. Ahí hice mi primer track».
Entre 2018 y 2019, DALILA empezó a pinchar a la vez que creaba. «Para ser DJ la curva de aprendizaje, en mi caso, fue más acelerada. Para producir y componer necesité un ratito más [ríe]». Los comienzos de DALILA como DJ no fueron directamente en la electrónica, sus sesiones estaban más enfocadas a la música de raíz: salas, jazz afrocubano, etc. «Todo empezó con el coleccionismo de vinilos. Poco a poco empecé a pinchar y a exponer esa faceta públicamente».
Podría parecer que solo estaba tonteando con la música, pero aquello era más serio. Por entonces, María José trabajaba para un bufete sevillano. «Para mí eran dos universos muy dispares, dos mundos difíciles de conciliar. No por la música en sí, sino porque el club está asociado a la noche, al ocio y a unos ritmos de vida muy diferentes de la oficina y la seriedad que envuelve a la profesión».
Ella lo asocia a la inexperiencia, pero poco a poco se fue quitando de encima esa losa hasta que una faceta terminó palpitando con más fuerza que la otra: «Poco a poco fui abriéndome a la escena local de Sevilla, hasta que pinché en un club en febrero de 2020, con Los Dominguito. A partir de esa sesión me picó el gusanillo de pinchar en club, pero claro, en marzo llegó la pandemia y tuve que frenar en seco».
Durante el confinamiento DALILA fue subiendo sus primeros mixes, «tan solo por amor a la música». También hizo su primera canción, «sin tener idea de nada», admite. «Todavía veo el proyecto y digo: no sé cómo conseguí que esto sonara. Lo hice todo en casa». Esa primera canción fue ‘Tempestad’, «una versión de un grupo de mi pueblo que yo escuchaba desde pequeña, mi madre tenía el vinilo y es uno de mis discos de la infancia».
La raíz, de nuevo, siempre presente en cualquier paso que daba. Sin pretenderlo, ‘Tempestad’ comenzó a traspasar fronteras. Salió de Sevilla y llegó a muchos lugares de Andalucía. «Fue un regalo, la idea no era esa, simplemente me gustaba mucho la canción. El vídeo ayudó, aunque eso también formaba parte del juego. Me llamaba la atención lo visual, y la idea era estar con mis amigas, jugar y pasarlo bien».
En el camino de la profesionalización, DALILA empezó a entender lo que significaba trabajar con agencias, además de la temporalidad —cíclica— de la profesión. «Tienes que acostumbrarte a vivir con la incertidumbre laboral. A principio de año no sabes muy bien qué va a pasar y la continuidad y el flujo que vas a tener. Esa experiencia previa no la tenía y es algo que vengo hablando mucho últimamente con otras amigas de la profesión».
Durante ese periodo, DALILA afirma que se sintió muy arropada y acompañada, tanto por su familia como por sus compañeros de trabajo, quienes hicieron todo lo posible por facilitar, primero, esa suerte de doble vida y, después, el salto al vacío que suponía dejar la abogacía para abrazar definitivamente la música. «Me siento privilegiada de poder dedicarme a esto, aunque de vez en cuando hago algunos asuntillos de abogada por mi cuenta, por mantenerme al día, pero a día de hoy no me arrepiento».
Sin duda, Los Dominguito —aunque quedaran atrás en el tiempo— supusieron un punto de inflexión para DALILA. «Cuando surge la oportunidad, no sabía pinchar con CDJs, lo hice con el iPad y una controladora, era divertidísimo», relata. DALILA venía de estar en 2019 en Bristol, de hacer un viaje de turismo musical, ver clubes, y de empaparse del ambiente.
Así que primero empezó a trabajar a media jornada en el bufete y después, progresivamente, fue entendiendo que los horarios de clubes y también las jornadas de producción requerían de su completa atención. «El tiempo es el que es. Al principio lo compaginaba. Salía del despacho y me metía al local porque tenía que aprender a pinchar. Me metía unas palizas guapas, pero estaba motivada, era lo que me apetecía hacer. Luego, cuando decidí comunicar que dejaba el bufete, no hubo ningún inconveniente, todos me apoyaron, guardo buena relación con ellos».
Otro punto de inflexión en la carrera de DALILA fue la Boiler Room de Granada de 2022. Si Los Dominguito la situó como una artista emergente, esta sesión la catapultó en la escena de club y electrónica no ya de Andalucía o España, sino de toda Europa. La esencia de estas sesiones es que son grabadas y, en ellas, los artistas están rodeados del público, en vez de estar en una cabina, escenario o tarima.
Entrar en una Boiler Room fue clave para que su carrera despegara. Tan solo hay que ver los primeros comentarios del vídeo para entender que DALILA comenzaba a ser una voz necesaria en la escena. Ofrecía algo fresco, elegante y de buen gusto en un mundo donde a veces se peca de acudir a los mismos lugares y referencias. «Gracias a eso fui a Barcelona o Madrid, que para mí era algo impensable, no entraba en mis expectativas profesionales. La escena estaba muy efervescente, había propuestas muy interesantes, y la gente de Granada se enganchó con mi música, me acogieron con los brazos abiertos, me adoptaron, vamos».
Su conexión con Granada se remonta a 2021, en un festival en la Alpujarra. «Hicimos una pequeña comunidad en la que todo el mundo empujaba y subía al de al lado. Había una sensación de crecimiento compartido». Ese año, DALILA venía de tocar en el Cala Mijas, su primer festival de renombre, pero la Boiler Room fue el escaparate adecuado, en el momento apropiado, para llegar al público más fiel de la escena.
Para su Boiler Room, DALILA quería evocar ciertos ritmos de Andalucía, concretamente a toda esa generación que bebió de los inicios del breakbeat: «Buscaba un sonido tirando al hardcore o al oldschool rave». Su sonido, el de DALILA, parte de la raíz, pero también de la intuición. «Creo que escuchar diferentes tipos de música enriquece el proceso creativo. Me interesan cosas muy distintas y creo que eso se refleja en mi manera de componer. Eso me ha dado cierto bagaje para que un tema de club tenga sonidos que no son netamente electrónicos».
Un ejemplo de ello: ‘Cieguita’, otro de sus temas. «Es una balada en realidad, pero tiene beat. Siempre oscilo entre la música más orgánica, pausada y de raíz, y la electrónica. Fundir esas dos cosas da una dimensión más sensible a mi música». Entrar en la producción de sus propios temas fue otro paso más en el camino. Explorar esa vertiente sonora otorgó a DALILA la oportunidad de seguir creciendo dentro de la escena nacional. «Me gustaría seguir creciendo en la industria a través de la producción y la composición. Es la forma que siento más viable para establecerme en la industria. Estar pinchando de noche está guay, pero me gustaría ir compaginando con otros formatos, directo o ampliar el proyecto a otras disciplinas».
En esta etapa más pegada a la producción hay que mencionar otro nombre importante: Ángeles Toledano. La artista jienense, que viene de vivir un año intenso y lleno de reconocimiento por su primer trabajo ‘SANGRE SUCIA’, ha querido trabajar con DALILA para el remix de uno de sus temas, ‘La Seguiriya’. «Antes de que llegara ese tema, yo estaba produciendo el que va a ser mi primer álbum», anuncia la artista sevillana. «Me abrumó un poco su propuesta, por la repercusión, pero lo sacamos. Fue un pedazo de oportunidad increíble la que me brindó. Menos mal que no me dejé dominar por el miedo ni por el síndrome de la impostora. Trabajar con ella ha sido un gusto, a raíz de ese tema hemos establecido un vínculo más cercano: nutrirnos musicalmente, cuidarnos, ser amigas».
El tema se estrenó en la última edición del Monkey Week en Sevilla, en 2024. «Me dijo: te subes al escenario con la MPC. Nunca había tocado una en mi vida», admite DALILA. «Practiqué dibujando los pads de botones en un cuaderno. Practicaba así en mi casa… Esa fue la primera vez de muchas. Quedé muy contenta con el sonido de este tema, me dio confianza para afianzar lo que debía y seguir dándole caña a la producción. Hasta hoy, que estoy haciendo mi primer disco». Luego llegó un remix de Baiuca de Moonteviso interpretado por Carlangas. Entre medias, DALILA ha ido haciendo pequeños trabajos para publicidad, redes sociales, etc., mientras seguía componiendo su disco en paralelo.
—¿Quieres y puedes contar algo sobre ello?
—A ver [piensa]. Estoy en el proceso, finiquitándolo. Estamos al 80%. Faltan algunas cosas antes de cerrarlo del todo. Está siendo un proceso increíble.
Este disco, que saldrá probablemente en 2027, viene a condensar esa sonoridad con la que actualmente se alinean los intereses e inquietudes de la artista sevillana. «Estoy creciendo con el disco. Conforme hago canciones, estoy cada vez más contenta con ellas. No quiero que acabe nunca. Bueno, sí, que acabe, pero seguir con ese impulso creativo de asumir más retos». En él podremos encontrar a la DALILA de ayer, la que se enamoró de las sevillanas a través de un documental de Carlos Saura. También a la que comenzó pinchando con un iPad en Los Dominguito, a la que enamoró a toda Europa con su Boiler Room. Pero además, y sobre todo, a la que tiene hambre por aprender, por expandir su inquietud creativa. La que aún no hemos visto. La que está por venir.