El grupo sevillano presenta su segundo disco, ‘Esta noche es nuestra’, en una sala X abarrotada que, aunque no colgara el cartel de ‘todo vendido’, evidenció la conexión de la banda con su tierra
Uno no sabe que está viviendo una noche importante o especial hasta el día después. En el momento lo puedes intuir, pero es al día siguiente cuando se constata: rememorando los hechos relevantes, las anécdotas, las bromas. Hay un compendio de factores que harán que esa noche termine clasificada en el cajón de las memorables: exactamente lo que pasó con Amante Laffón el pasado 11 de abril en la sala X, en su presentación de ‘Esta noche es nuestra’.
El nombre del disco da mucho juego, claro está: que si la noche es nuestra, vuestra, de todos. Principalmente, la noche fue de Sevilla. Aunque la Sala X no colgara el cartel de ‘todo vendido’ el grupo consiguió reunir una gran cantidad de amantelaffoners, curiosos y gente de la escena a su alrededor. Y lo más importante: demostraron que hay una fuerte conexión de sus canciones con el público.
Algo que se evidenció con la solidez de su directo, un aspecto que la banda ha trabajado concienzudamente en su forma de hilar y defender este setlist. Ya lo avisaron en las distintas entrevistas de promoción: «El directo respalda y supera lo que se escucha en el disco».
Pasan las diez y cuarto de la noche y el cuarteto toma el escenario: de izquierda a derecha, Daniel Tamajón (guitarra), Carlos Calderón (voz y guitarra), Kiko Calderón (bajo y coros), con Dani Calderón (batería y coros) al fondo. Los sevillanos empiezan con ‘No veo una salida’ y no precisan más que un par de versos para levantar al respetable: «He comido tanto techo este mes / y sabe tan absurdo, tan absurdo», canta Carlos, respaldado por el coro de las primeras filas.
La banda empieza a afilar la noche con ‘Duty free’, ‘¿Puedes quedarte?’ y ‘No es el momento’, marcando el primer tercio del show con ‘Tenerife’. A pesar del derroche de carácter y personalidad en su presencia escénica, a Amante Laffon le resulta inevitable que se le note en las costuras las influencias a The Smiths o a los primeros discos de Arctic Monkeys, algo latente en las guitarras de ‘Duty Free’, las líneas de bajo de ‘¿Puedes quedarte?’ o la propia melodía vocal de ‘Tenerife’. Una mezcla que resulta explosiva: las hechuras de Sevilla y el pulso de Mánchester.
Una de las máximas para que una noche sea memorable es quitarse de encima los nervios a las primeras de cambio. Disfrutar el momento, por muy wonderfuliano que suene: pero es la única vía posible para que los demás también disfruten. De ahí la versión a DJO que se marca el grupo, un tema que enlazan directamente con ‘Nuevos fracasos’, ‘Un final’ y ‘Madriz’, sobrepasando así el ecuador de la noche. «Buenas noches, Sevilla, muchas gracias por venir, está siendo una noche inolvidable. ¡Esta noche es vuestra!», grita Carlos antes de lanzarse a por los primeros acordes de la luminosa ‘Otros países’.
De nuevo, Sevilla se vuelve anglosajona con ‘Bajos fondos’ y el grupo prepara a la sala con un interludio musical para algo que la propia sala ya venía barruntando durante los últimos temas: el pogo. Un par de tipos, al fondo, se miran cómplices, como diciendo: «Al turrón». Uno de ellos, incluso, le deja sus gafas a otra persona antes de saltar sobre la marea de personas, con la actitud de quien se zambulle en una piscina pública abarrotada.
La Sala X encuentra en el pogo su comunión con la banda. Ya no hay nervios ni dudas: qué más de quién sea la noche, mientras el día siguiente sea nuestro para recordar un concierto como este. Tras ‘Tiempo’ y ‘Sigue, calla, traga, gana’, la X llega al impás de los bises. Un breve periodo de tiempo que la banda hace aún más breve porque no puede (ni quiere) disimular las ganas de seguir tocando.
Llega el momento de ‘Esta noche es nuestra’, una montaña enorme, empinada, que el cuarteto ha conquistado con paciencia, trabajo y talento y que, con gusto, se reserva para el final. Desde el centro, Carlos hace su parte como un frontman efectivo, clava cada verso y fluye por los ritmos de Kiko y Dani, sin dejarse llevar por los excesos. En este tema, además, despunta la guitarra de Tajamón: el músico demuestra que entiende su posición, la defiende con los dientes. Como esos futbolistas que lo tienen todo para ser los mejores según los estándares de la prensa: ganarlo todo, marcarlo todo. Y, sin embargo, ellos dicen: no, prefiero el equipo, mi equipo, aquí es donde realmente soy el mejor.
La noche termina con ‘Lorazepam’, otro de los emblemas de esta nueva etapa de la banda. El cuarteto firma una actuación sólida y llena de sorpresas. Una noche que empieza siendo suya y termina siendo de todos. Una noche que, de nuevo, se torna histórica para el grupo y memorable para el respetable solo porque los Laffon se han asegurado de que cayera en saco roto al día siguiente. De hecho, en muchos casos sucederá justo al revés: algunos la van a recordar para siempre.