‘Papela Funk’, el palo cortado que emerge de las bodegas mutantes de Space Surimi

Tras casi quince años en activo, la dupla jerezana Space Surimi (MC Eddie Coopermen y DJ Carlboro) publica su octavo largo, ‘Papela Funk’. Un disco autogestionado que certifica no sólo la consagración de un género propio, sino también una forma alternativa y underground de hacer [y vivir de la] música huyendo de las modas y las dinámicas de la industria

Es como un búnker. Para acceder hay que pasar una reja, una identificación de seguridad, dos o tres puertas y recorrer un pasillo alto bajo el haz de unas luces fluorescentes. Una vez allí, encontramos un espacio pequeño repleto de cables, distintos aparatos, focos y leds. Por fuera parece un refugio nuclear, por dentro una mezcla entre nave espacial y la sala de guionistas de ‘El regreso de los muertos vivientes’. No es ni una ni otra, por supuesto, aunque de lo primero quedan más dudas que de lo segundo.

Está tan aislado del exterior que en las últimas riadas del mes de enero, desde dentro, era imposible saber lo que estaba pasando fuera. Estuvimos aquí todo el día con nuestras cosas, y cuando miramos el móvil teníamos un montón de mensajes y llamadas perdidas de familiares y amigos que nos decían que no saliéramos. Cuando paró de llover, nos asomamos y había agua por todas partes, era imposible salir. Eduardo José Ponce (1987, Jerez de la Frontera) lo cuenta con el alivio que ofrecen el tiempo y el sol del verano. Por suerte, no nos enteramos de nada, pero fue terrorífico.

A Eduardo lo acompañaba su ya casi hermano Carlos Manuel López (1986, Jerez de la Frontera). El espacio, por supuesto, no es ni una nave ni un búnker, pero estando soterrado y en Jerez, bien podría ser una bodega. Una donde no se elabora vino, sino un palo cortado musical que surge de la mutación del rap y la ciencia ficción al cortarse con el lenguaje y el imaginario de las calles de Jerez. En este espacio tan singular, Eduardo y Carlos —más conocidos como Eddie Coopermen y Carlboro— administran su propio estudio de música. Uno casero pero profesional que sirve como cuartel general de su sello, Dolphin Bacon, y de su grupo, Space Surimi. Este 22 de octubre la dupla publica su octavo álbum: ‘Papela Funk’.


A pesar de toda la cacharrería (sintes, teclados, tarjetas de sonido, cableado, microfonía, mesas de mezcla, etc.) y de la decoración (pósters sobre delfines, sacados de alguna enciclopedia; carteles de películas ochenteras de serie B como ‘La divertida noche de los zombis’ o algunas más noventeras como ‘Robocop’ e incluso ‘Las tortugas ninja’), llama la atención la nueva adquisición de Eddie: un póster enorme de ‘
Guerreros de la ciudad’ que no termina de quedar totalmente sujeto a la pared. Eddie va, aprieta una esquina, se gira, y una distinta se despega. ¡Míralo, qué cara más flamenca!, dice, apuntando a Bruno Bilotta, el protagonista del film. A veces me gusta comprar este tipo de pósters, aunque no haya visto la película. Igual la veo después, pero es que está guapísimo, ¿no? Yo creo que aquí va genial.

Carlboro ha pasado toda su vida en el barrio de La Granja, al norte de Jerez; Eddie nació y creció en San Telmo, entre el centro y el sur de la ciudad. Desde que se conocieron, hace ya más de tres lustros, han publicado varias mixtapes temáticas (veraniegas, de halloween, etc.), así como ocho discos de estudio. Pero su mérito no es solo vivir del rap en el sur —que también lo tiene—, sino crear un estilo propio que mezcla el acento y el vocabulario andaluz y tabanquero y el imaginario del sci-fi americano con el relato de una generación. Una que, en la adolescencia de la periferia, vivió el surgimiento del hip-hop (por la cercanía de bases militares estadounidenses, como la de Rota) y la expansión de la escena más underground y alternativa en España que encontró en el sur un epicentro desde el que menearle el suelo a la industria musical. 

Porque Jerez es la cuna del flamenco, pero en ella también se han acunado artistas de otros géneros como la electrónica, el rap, el punk, el heavy o el thrash, entre otros. Nuestra escena la formaban al final nuestros colegas, explica Carlboro. El DJ y productor de Space Surimi cuenta que lo que le hizo salir de su barrio fue el graffiti. Conocí a unos chavales, una comunidad, que pintaban grafitis. A raíz de eso descubrí el rap y así fue como conocí a Edu. 

Cuando empezaron, recuerda Eddie, la escena de Jerez de la Frontera era diversa: había mucho grafitero, mucho rapero, pero también mucho punkarra. La electrónica se abría camino gracias a los canis y en las calles de la ciudad gaditana surgían nuevas tribus urbanas: skaters, góticos y raveros encontraban su hábitat en los polígonos y en los garitos de rockeros y metaleros empezaba a escucharse otro tipo de música. Al final te juntabas en la calle con uno que tenía 40 años y era autobusero, con otro de 20 que estaba estudiando… era lo que había, rememora Carlboro.

De esa escena surge una mutación. Una que lo mezcla todo: a Silvio y a la Paquera con Tupac y Fatboy Slim. Pureza alienígena, amontillado zombi. No es consciente: así es su jerga, la que conocen, la que beben a diario. Su paranoia. Su lore o, mejor dicho, su tarro, como le gusta decir a Eddie. Es como el lore, pero con más cachondeo, matiza. Ellos han encontrado un nicho freak que se expresa con la naturalidad de la calle. No confundan el ahe con el meme: una cosa es tener gracia y otra hacerse el gracioso. Nunca lo hemos hecho para hacer gracia, admite Eddie. De hecho, odio ese tipo de música. Cuando me han dicho «te pareces a este o aquel» yo pienso: quillo, tus muertos [ríe]. A veces decimos cosas que son duras, mucho más duras que otros raperos a quienes se toman más en serio.

‘Papela Funk’ es, precisamente,  un disco que certifica no sólo la consagración de un género propio, sino también una forma alternativa y underground de hacer [y vivir de la] música huyendo de las modas y las dinámicas de la industria. El grupo se dio a conocer en 2012, pero no fue hasta 2014 que publicaron su primer disco, ‘International Waters’. Poco a poco la dupla se fue haciendo valer y conocer, sobre todo en Andalucía, pero también en ciudades como Madrid, Valencia o Barcelona. Fue con ‘Double Flipper’, primero, y ‘Starfish Troopers’, después, cuando los jerezanos abordaron con firmeza el espacio exterior. Nosotros preferimos estar ganando lo que un reponedor e ir sobreviviendo a veces con más a veces con menos, pero haciendo lo que nos gusta, confiesa Eddie.

Cuando empezaron, las cosas iban de otra manera: la gente hacía música o arte por hacerlo, ahora todos dicen «no, yo es que quiero hacer música para ganar dinero, para hacer conciertos», comenta Eddie. Cuando alguien se dedica a esto de forma autodidacta y autogestionada, siempre va a hacer lo que le apetezca, responde su compañero. Y con esa filosofía han surcado el espacio-tiempo durante 15 años, en los que han seguido publicando música con discos como ‘Surimi Total X’ y ‘The Last Summer of the Dolphin’, entre otros singles, mixtapes y colaboraciones.

Durante todo este tiempo el grupo ha ido evolucionando a su ritmo, sin prisas, sin ninguna directriz. Cuando el producto no sale de ti, sino de una discográfica, la música no es tuya: tienes que respetar lo que te dicta alguien de arriba, confiesa Carlboro, quien admite haber tenido alguna que otra reunión con gente de la industria que, por supuesto, nunca llegó a buen puerto. Nos han dicho que hagamos reguetón, que si las letras mías, que si las bases suyas, que si somos muy raros… ¡pero es que eso es lo guapo!, asegura Eddie con orgullo.

En el último año, además, el grupo ha entrado en el roster de Selu Baños y Harakiri Management (Amante Laffon, Carmen Xía, etc.). Hasta el momento, Space Surimi ha vivido sobre todo gracias a la autogestión, pero en Baños ha encontrado una sinergia más que necesaria. No para escalar la exposición de su música—si llegamos a más gente mejor, pero si nos quedamos como estamos, del carajo, afirma Eddie—, sino para encontrar apoyo en gestiones que están más relacionadas con el business y más alejadas de lo puramente artístico, que es lo que realmente les apasiona. Con Selu hemos avanzado un montón, se nota que estamos teniendo más conciertos, que no paramos. Hace falta esa ayuda, porque somos solo dos y necesitamos alguien que lleve todas estas cosas. Nosotros hacemos la música, los vídeos, la producción… pero tener a Selu es perfecto para nosotros, argumenta Carlboro.

No es lo único que ha cambiado desde su último álbum: además del local de estudio —la bodega espacial— y del management, Space Surimi se ha dado un tiempo prudente para componer algo distinto. Entre los 20 temas de ‘Papela Funk’ encontramos no solo grandes colaboraciones —Abocajarro, Quentin Gas, Califato ¾—, sino también un sonido más oscuro, más acelerado. Una simbiosis donde brilla la electrónica enfática y cibernética de Carlboro, pero también la rima navajera y genuina de Eddie. Creo que hemos mantenido nuestro estilo, pero lo hemos ido evolucionando, mejorando. 

El barbecho no es un estado óptimo para los Space Surimi: el suyo es el nervio creativo. Y en ese estado de agitación mental constante los jerezanos han encontrado el espacio y el tiempo para viajar a su universo interior, sin prisa, para poder investigar y crear sin la presión de las dinámicas de la industria. Lo hemos hecho de otra forma, admite Eddie. En otros discos, juntábamos un montón de temas y palante. O con las mixtapes del verano, que nos centrábamos solo en eso. Este se ha ido montando progresivamente durante dos años.

En lo que atañe a lo estrictamente musical, señala su compañero, para este disco querían responder primero todas las preguntas: Qué queremos hacer, qué estilos buscamos, cuántos temas de cada estilo, cuántos de otros, enumera Carlboro. Este disco es más cyberpunk, más electro, pero con temas más raperos. Empieza oscurete, después tiene una parte más rapera, y acaba pachanguero, como si fuera un disco del verano, detalla Coopermen. Muchos nos dicen que su favorito es ‘Double Flipper’ y, sin embargo, ese disco es chungo de oscuro, son 22 temas de pura maldad.

Lo bueno es que el tarro de Space Surimi no tiene fondo: contiene elementos recurrentes, una base sólida, pero está siempre abierto a la inspiración. Es que a veces le escucho una frase a un colega mío y saco un estribillo…¡si me la deja, claro!, ríe Coopermen. En este día de verano, aún lejos del 22 de octubre, muchos temas aún están por mezclar. El grupo avisa: es una preescucha que sirve como toma de tierra, para hacerse a una idea. Suena el quejío de Quintín Vargas en ‘Corazón de Demonio’, la puñalaíta a Rauw Alejandro de Abocajarro en ‘Ponlo Gordo’ (con Peka Prod), o el popurrí surrealista de Califato ¾ en ‘Ya está to pagao’ [la coda final]. 

Y así, canción a canción, el disco se convierte en un ser viviente con entidad propia. Una suerte de simbionte alienígena que se te pega a las entrañas y te transforma en un reptiliano poligonero. Hay veces que hacemos un tema y no esperamos que flipe tanto a la peña, la verdad, reconoce Carlboro. Así es como vamos elaborando el setlist, entre los temas que sabemos que funcionan y las pruebas que vamos haciendo con las nuevas canciones.

El éxito, para los jerezanos, no es ser como Shakira, sino poder vivir de la música como hasta ahora y seguir disfrutando de su comunidad de jartibles. Hay gente que lleva viniendo diez años, afirma Carlboro. En los conciertos se juntan los nuevos con los que llevan cuatro meses, y es una comunidad con la que nos llevamos genial. Algunos de ellos ya son amigos, y eso está guay porque quedamos con ellos antes de los conciertos para comer, para salir de fiesta después…  Y su compañero añade: Alguien tuiteó el otro día algo así como que los artistas deberían tener ese misticismo…¡eso es un rollo, hombre! Hay que estar como en el punk, ahí, en frente de la gente. A mí a veces cuando voy por la calle me saludan como si fuera su colega de toda la vida y eso está guapo porque digo: mira, esta es la idea que tienen de nosotros.

Entre pósters de robots y zombis hay un cuadro con un retrato de los dos y, en el marco, un sobre de unas toallitas de El Romerijo, un restaurante de El Puerto de Santa María (localidad situada a quince minutos de Jerez de la Frontera). Es un cuadro pequeño en comparación con el resto de imágenes, pero que viene a reflejar el corazón de todo esto: la hermandad que hay entre ambos y la pasión por seguir creando música desde aquí, en su Jerez, en su Cádiz y su Andalucía. Algo que no solo no se ha apagado con el tiempo, sino que se ha avivado con fuerza. Eso es lo que ha hecho que llevemos tanto tiempo, hacer lo que nos gusta, aparte de que después de tanto tiempo ya somos prácticamente hermanos, asegura Coopermen. Tenemos la suerte de que nos buscamos la vida con lo que nos gusta, pero es que para hacer algo que hace todo el mundo, prefiero no hacerlo. 

Quizás sea un sitio pequeño y soterrado, pero ya no tienen que hacer música encerrándose en un armario en casa de la abuela de Eddie [para aislarse]: ahora Space Surimi tiene una bodega donde experimentar su propio caldo musical entre simbiontes, zombis y delfines mutantes. Si nos quedamos como estamos, del carajo. ¿Que viene un poco más? Pues guay, pero, si no, también, sentencia Eddie. El MC jerezano cree que, aunque ‘Papela Funk’ no es un disco comercial como para que suene en los 40 Principales, tiene temas que podrían encajar perfectamente en cualquier programación musical: como ‘Dulce Salao’, que podría ser perfectamente ‘La Macarena’ 2, bromea. 

Como en las películas de ciencia ficción: uno sabe cuándo entra, pero no cuándo sale del búnker. En cierto modo es como si ahí dentro se parara el tiempo solo para los huéspedes, como en el templo de Dragon Ball, mientras afuera la vida sigue su curso. El pasillo de luces fluorescentes nos lleva a las escaleras, al pasaje de seguridad y, por último, a la verja. En la calle el sol persiste, aunque el día se ha levantado algo nublado, como si el cielo también se estuviera acordando hoy mismo de la última riada. [Tiene sentido metafórico y literal decir que ha llovido mucho desde su último disco]. Puede que Space Surimi esté haciendo algunas cosas distintas, que haya cambiado su forma de componer para estas canciones nuevas, pero el rumbo sigue siendo intocable: Con que a nuestra gente le gusten las canciones… con eso ya estamos contentos.

Space Surimi estará el 30 de octubre presentando su nuevo disco en La 2 (Sevilla). Entradas aquí.

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